<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-679823323331276060</id><updated>2012-01-31T00:49:35.005-08:00</updated><category term='Textos Pontificios'/><title type='text'>Biblioteca de Jorge de Burgos</title><subtitle type='html'>Esta biblioteca es para fines puramente académicos. Como pueden deducir sólo un libro no encontrarán aquí.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>David Alvarez Martin</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09472354451105844285</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_Q_ij3dJ_P8Q/RezGDOqNG4I/AAAAAAAAAAM/cZtT6bSJZns/s320/David+Asturias+2005+(46).jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>43</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-679823323331276060.post-5664467590269011774</id><published>2007-03-30T18:47:00.000-07:00</published><updated>2007-03-30T18:48:58.945-07:00</updated><title type='text'>Roberto Bolaño</title><content type='html'>Los cuentos inéditos de Roberto Bolaño&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anagrama publica los relatos póstumos del escritor chileno&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la muerte de Roberto Bolaño, su amigo y albacea Ignacio Echevarría encontró en su ordenador “un puñado de cuentos y de esbozos narrativos entre los numerosos archivos de texto”. Entre ellos destacaban los de un archivo, BAIRES, en el que Bolaño “debió de trabajar durante los meses anteriores a su muerte” y que son parte de los que están a punto de ver la luz en El secreto del mal (Anagrama). El volumen toma su título de uno de los relatos, que se abre con una declaración de principios: “Este cuento es muy simple aunque hubiera podido ser muy complicado. También: es un cuento inconcluso, porque este tipo de historias no tienen un final”. “La obra entera de Bolaño”, insiste Echevarría, “permanece suspendida sobre los abismos a los que no teme asomarse. Es toda su narrativa, y no sólo El secreto del mal, la que parece regida por una poética de la inconclusión”. El Cultural publica hoy tres de los mejores cuentos, llenos de emoción, misterio y tristeza. Puro Bolaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La colonia LindavistaCuando llegamos a México, en 1968, pasamos los primeros días en casa de un amigo de mi madre y luego alquilamos un departamento en la colonia Lindavista. He olvidado el nombre de la calle, aunque a veces creo que se llamaba Aurora, pero puede que me confunda. En Blanes viví durante unos años en un piso de la calle Aurora, por lo que me parece poco probable que también en México hubiera vivido en otra calle Aurora, si bien es cierto que este nombre es bastante usual y que muchas calles de muchas ciudades lo llevan. La calle Aurora de Blanes, en cualquier caso, no tenía más de veinte metros y se podría decir que más que calle era un callejón. La Aurora de la colonia Lindavista, si realmente se llamó así, era una calle estrecha pero grande, al menos de cuatro cuadras, y allí vivimos durante el primer año de nuestra larga estancia en México.La mujer que nos alquiló la casa se llamaba Eulalia Martínez. Era viuda y tenía tres hijas y un hijo, ha bitaba en la planta baja del edificio, un edificio que entonces me parecía normal, pero que ahora, en el recuerdo, se me aparece como un conjunto de anomalías y de torpezas, pues la segunda planta, a la que se llegaba subiendo una escalera al aire libre, y la tercera, a la que se accedía mediante una escalerilla de metal, habían sido levantadas mucho después y posiblemente sin permiso de obras. Las diferencias eran notorias: la casa de la primera planta tenía el techo alto, un cierto empaque, era fea pero había sido construida siguiendo los planos de un arquitecto; la segunda y la tercera planta eran improvisaciones del gusto estético de doña Eulalia y de la maña de un albañil de confianza. Detrás de esa adiposidad arquitectónica se hallaba una razón no meramente mercantil. La dueña de nuestro departamento tenía cuatro hijos y los cuatro departamentos de las dos plantas adicionales fueron construidos para ellos, para que siguieran cerca de su madre cuando se casaran.Cuando nosotros llegamos allí, sin embargo, sólo estaba ocupado el departamento que quedaba justo arriba del nuestro. Las tres hijas mayores de doña Eulalia estaban solteras y vivían con su madre en la casa de abajo. El hijo menor, Pepe, era el único que se había casado y vivía encima de nosotros junto a su mujer, Lupita. Ellos fueron nuestros vecinos más cercanos durante aquel tiempo. De doña Eulalia poco más es lo que puedo decir. Era una mujer voluntariosa y había tenido suerte en la vida y posiblemente era más mala que buena. A sus hijas apenas las conocí. Eran lo que en aquellos lejanos años se conocía como solteronas y arrastraban ese destino tan bien como podían, es decir mal, o en el mejor de los casos de una forma resignada y oscura que iba dejando huellas imperceptibles en las cosas o en los recuerdos de las cosas que uno tiene después, cuando todo se ha desvanecido. Se las veía poco o yo las veía poco, consumían telenovelas y hablaban mal de las otras mujeres del barrio, con quienes se cruzaban en el almacén o en el oscuro zaguán donde una india esquelética vendía tortillas de nixtamal. Pepe y su mujer, Lupita, eran diferentes.Mi madre y mi padre, que por entonces eran tres o cuatro años menores de lo que yo soy ahora, se hicieron amigos de ellos casi de inmediato. A mí me interesó Pepe. En el barrio todos los muchachos de mi edad lo llamaban el Piloto porque era piloto de la Fuerza Aérea Mexicana. Su mujer se dedicaba a las la-bores de la casa. Antes de casarse con Pepe había trabajado de secretaria o de administrativa en una oficina pública. Los dos eran o trataban de ser simpáticos y hospitalarios. A veces mis padres subían a su casa y se estaban un rato allí, escuchando discos y bebiendo. Mis padres eran mayores que Pepe y Lupita, pero eran chilenos y los chilenos en aquella época se veían a sí mismos como el súmmum de la modernidad, al menos en Latinoamérica, y la diferencia de edad quedaba borrada por el talante francamente juvenil que exhibían mis dos progenitores.En alguna ocasión yo también subí a casa de ellos. Pepe tenía una sala o un living, como le llamábamos nosotros, bastante moderno, y un tocadiscos que parecía recién comprado, y en las paredes y sobre los aparadores del comedor había fotos de él y de Lupita y fotos de los aviones que él pilotaba, aunque de eso, que era lo que a mí más me interesaba, prefería no hablar, como si estuviera permanentemente constreñido por algún secreto militar. Información clasificada, lo llamaban los norteamericanos en sus teleseries. Secretos militares de la Fuerza Aérea Mexicana que en el fondo no le quitaban el sueño a nadie, salvo a Pepe, que tenía un sentido del deber y de la responsabilidad bastante extraño.Poco a poco, por conversaciones oídas a la hora de la cena o mientras yo estudiaba, me fui haciendo una idea de la situación real de nuestros vecinos. Llevaban cinco años casados y aún no habían tenido hijos. Las visitas al ginecólogo no escaseaban. Según los médicos Lupita era perfectamente capaz de tener hijos. Los exámenes hechos a Pepe revelaban lo mismo. El problema era mental, habían dicho los médicos. La madre de Pepe, a medida que pasaban los años y no la hacían abuela, le fue cogiendo ojeriza a Lupita. Ésta una vez le confesó a mi madre que el problema residía en la casa y en la cercanía de su suegra. Si se fueran a otra parte, le dijo, probablemente no tardaría en quedar embarazada.Creo que Lupita tenía razón.Un apunte más: Pepe y Lupita eran bajos de estatura. Yo, que en aquella época tenía dieciséis años, era más alto que Pepe. Así que supongo que Pepe no medía más de un metro sesentaicinco y Lupita con suerte andaría por el metro cincuentayocho. Pepe era moreno, con el pelo muy negro y una expresión reflexiva en el rostro, como si constantemente anduviera preocupado por algo. Todas las mañanas salía a trabajar vestido con el uniforme de oficial de la Fuerza Aérea. Su afeitado era perfecto, salvo los fines de semana, en que se ponía una sudadera y unos pantalones vaqueros y no se afeitaba. Lupita tenía la piel blanca, el pelo teñido de rubio, casi siempre con permanente, que se hacía en la peluquería o ella sola, con una maletita en donde había todo lo necesario para el pelo de una mujer y que Pepe le trajo desde Estados Unidos, y solía sonreír cuando saludaba. A veces, desde mi cuarto, los escuchaba hacer el amor. En aquella época empecé a escribir con cierta asiduidad y me quedaba despierto hasta muy tarde. Mi vida no me parecía nada excepcional. De hecho, estaba insatisfecho con todo. Y escribía hasta las dos o las tres de la mañana y era a esa hora cuando de improviso empezaban los gemidos en el departamento de arriba.Al principio todo me parecía normal. Si Pepe y Lupita querían tener un hijo tenían que coger. Pero luego empecé a hacerme algunas preguntas: ¿por qué empezaban tan tarde?, ¿por qué no oía voces antes de que empezaran los gemidos? De más está decir que todo lo que sabía de sexo en aquella época lo había aprendido en el cine o leyendo revistas pornográficas. Es decir, sabía muy poco. Pero lo suficiente como para presentir que en el departamento de arriba ocurría algo raro. La relación sexual de Pepe y Lupita se me aparecía de improviso ornada de gestos ininteligibles, como si en el departamento de arriba se llevaran a cabo escenas de sadomasoquismo, un sadomasoquis-mo que no conseguía visualizar del todo y que estaba regido, más que por acciones que provocaran dolor y placer, por movimientos teatralizados que Pepe y Lupita interpretaban contra sí mismos y que paulatinamente los estaban trastornando.Exteriormente esto apenas era perceptible. De hecho no tardé en llegar a la fatua conclusión de que sólo yo lo sabía. Mi madre, que de alguna manera era amiga de Lupita y receptora de sus confidencias, creía que con mudarse de casa se solucionarían todos los problemas de la pareja. Mi padre no tenía opinión. En realidad, recién llegados a México bastante teníamos con lo que a diario nos deslumbraba como para preocuparnos de los misterios de nuestros vecinos. Cuando recuerdo esa época veo a mis padres y a mi hermana y luego me veo a mí, y el conjunto que aparece ante mis ojos es de una desolación abrumadora.A seis cuadras de nuestra casa se levantaba un supermercado Gigante adonde mi familia iba los sábados a hacer la compra de toda la semana. Eso lo recuerdo con profusión de detalles. Y también que por aquella época empecé a estudiar en una preparatoria del Opus Dei, aunque en descargo de mis padres debo decir que éstos en su vida habían oído hablar de esta institución. Yo mismo tardé más de un año en enterarme de en qué lugar endemoniado estaba estudiando. Mi maestro de Ética era un nazi confeso, pero lo curioso es que se trataba de un chiapaneco pequeñajo y aindiado que había estudiado becado en Italia, en el fondo un tipo simpático y estúpido al que los nazis de verdad no hubieran dudado en exterminar, y mi maestro de Lógica creía en la voluntad heroica de José Antonio (muchos años después, en España, alcancé a vivir en una avenida José Antonio), pero lo cierto es que yo, como mis padres, no me enteraba de nada.Los únicos interesantes eran Pepe y Lupita. Y un amigo de Pepe, de hecho el único amigo de Pepe, un tipo rubio, el mejor piloto de su promoción, un tipo alto y delgado que había sufrido un accidente mientras pilotaba su caza y ya no podía volar nunca más. Casi todos los fines de semana aparecía por la casa y después de saludar a la madre y a las hermanas de Pepe, que lo adoraban, subía a la casa de su amigo y se dedicaban a beber y a ver la tele, mientras Lupita preparaba la comida. Otras veces aparecía entre semana y entonces llegaba vestido con el uniforme, un uniforme que me cuesta visualizar, yo diría que era azul, pero es probable que me equivoque, si cierro los ojos y trato de evocar a Pepe y a su amigo rubio, los veo con uniformes verdes, un verde claro, un uniforme bonito para dos pilotos, junto a Lupita que va vestida con una falda azul (ella sí de azul) y una blusa blanca.A veces el rubio se quedaba a comer. Mis padres se acostaban y arriba seguía la música. En mi casa yo era el único que permanecía despierto porque a esa hora comenzaba a escribir. Y de alguna manera el ruido que venía del piso de arriba me hacía compañía. A eso de las dos de la mañana las voces y la música ce-saban y se hacía un silencio extraño en todo el edificio, no sólo en el departamento de Pepe sino también en el nuestro y en la casa de la madre de Pepe que sostenía las ampliaciones y que a esa hora parecía chirriar, como si los pisos que habían crecido encima le pesaran demasiado. Y entonces yo sólo oía el viento, el viento nocturno del DF y las pisadas del rubio que se aproximaban a la puerta, seguido de las pisadas de Pepe que lo acompañaba, y después alguien bajaba las escaleras, las mismas pisadas, pero en nuestro rellano, y luego bajaban las escaleras hasta la primera planta, y alguien abría el portón de hierro y luego las pisadas se perdían en la calle Aurora. Entonces yo dejaba de escribir (no recuerdo qué escribía, algo malo, sin duda, pero algo largo y que me mantenía en vilo) y aguardaba a los ruidos que no se producían en el piso de Pepe, como si tras marcharse el rubio todo allí, incluido Pepe y Lupita, se hubiera de improviso congelado.El secreto del malEste cuento es muy simple aunque hubiera podido ser muy complicado. También: es un cuento inconcluso, porque este tipo de historias no tienen un final. Es de noche en París y un periodista norteamericano está durmiendo. De pronto suena el teléfono y alguien, en un inglés sin acento de ninguna parte, le pregunta por Joe A. Kelso. El periodista responde que es él y luego mira el reloj. Son las cuatro de la mañana y no ha dormido más de tres horas y está cansado. La voz al otro lado del teléfono le dice que tiene que verlo para transmitirle una información. El periodista pregunta de qué se trata. Como suele suceder con este tipo de llamadas, la voz no suelta prenda. El periodista le pide, al menos, una pista. La voz, en un inglés correctísimo, mucho mejor que el de Kelso, le dice que prefiere verlo personalmente. De inmediato, añade, no hay tiempo que perder. ¿En dónde?, inquiere Kelso. La voz menciona un puente de París. Y añade: En veinte minutos puede llegar caminando. El periodista,que ha tenido cientos de citas semejantes, contesta que en media hora estará allí. Mientras se viste piensa que es una manera bastante torpe de arruinarse la noche, pero al mismo tiempo se da cuenta, con un ligero asombro, de que ya no tiene sueño, que la llamada, pese a su previsibilidad, lo ha desvelado. Cuando llega al puente, cinco minutos más tarde de lo convenido, sólo ve coches. Durante un rato permanece quieto en un extremo, esperando. Luego cruza el puente, que sigue solitario, y tras aguardar unos minutos en el otro extremo finalmente vuelve a cruzarlo y decide dar por concluida la noche y volver a casa y dormir. Mientras camina de regreso a casa piensa en la voz: no era un norteamericano, de eso está seguro, tampoco era un inglés, aunque eso ya no podría asegurarlo. Tal vez un surafricano o un australiano, piensa, o puede que un holandés, o alguien del norte de Europa que aprendió inglés en la escuela y que luego lo ha ido perfeccionando en distintos países angloparlantes. Cuando cruza una calle oye que alguien lo llama. Señor Kelso. De inmediato se da cuenta de que quien lo ha llamado es la persona que lo ha citado en el puente. La voz sale de un zaguán oscuro. Kelso hace el ademán de detenerse, pero la voz lo conmina a seguir caminando. Cuando llega a la siguiente esquina el periodista se da vuelta y ve que nadie lo sigue. Está tentado a volver sobre sus pasos, pero tras vacilar un instante decide que lo mejor es continuar su camino. De pronto un tipo surge de una bocacalle y lo saluda. Kelso devuelve el saludo. El tipo le tiende una mano. Sacha Pinsky, dice. Kelso estrecha su mano y dice, a su vez, su nombre. El tal Pinsky le palmea la espalda. Le pregunta si le apetece tomar un whisky. En realidad dice: un whiskycito. Le pregunta si tiene hambre. Asegura conocer un bar abierto a esa hora que vende croissants calientes, acabados de hacer. Kelso lo mira a la cara. Pinsky lleva sombrero pero aun así se puede apreciar una jeta blanca, pálida, como si hubiera estado muchos años recluido. ¿Pero en dónde?, piensa Kelso. En una cárcel o en una institución para enfermos mentales. De todas maneras, ya es tarde para echarse atrás y los croissants calientes seducen a Kelso. El local se llama Chez Pain y pese a estar en su barrio, si bien en una calle pequeña y poco frecuentada, es la primera vez que entra y posiblemente la primera vez que lo ve. Los establecimientos a los que suele acudir el periodista están, en su mayoría, en Montparnasse y son lugares aureolados con una cierta ambigua leyenda: el bar donde comió alguna vez Scott Fitzgerald, el bar donde Joyce y Beckett bebieron whisky irlandés, el bar de Hemingway y el bar de John Dos Passos y el bar de Truman Capote y Tennessee Williams.En Chez Pain los croissants son, efectivamente, buenos y están recién hechos y el café no está nada mal. Lo que lleva a Kelso a pensar que el tal Pinsky probablemente sea, posibilidad horrenda, un vecino del barrio. Mientras sopesa esta posibilidad, Kelso se estremece. Un pesado, un paranoico, un loco que observa sin ser, a su vez, observado, alguien a quien le costará sacarse de encima. Bien, dice finalmente, usted dirá. El tipo pálido, que no come y bebe a sorbitos una taza de café, lo mira y sonríe. Su sonrisa es, de alguna manera, una sonrisa en extremo triste, y también cansada, como si sólo con ella se permitiera exteriorizar el cansancio, el agotamiento y la falta de sueño. Cuando deja de sonreír, sin embargo, sus facciones recobran instantáneamente la gelidez.El viejo de la montañaSiempre hay casualidades. Un día Belano conoce a Lima y se hacen amigos. Ambos viven en México DF y su amistad se cimenta, como suele ocurrir entre los jóvenes poetas, en el rechazo a ciertas normas, en la afinidad con ciertas lecturas. He dicho que son jóvenes. En realidad, son muy jóvenes, y también son, a su manera, vigorosos y creen en el poder lenitivo de la literatura. Recitan a Homero y Frank O’Hara, a Arquíloco y John Giorno, y sus vidas discurren, aunque ellos no lo saben, en el borde del abismo. Un día, esto ocurre en 1975, Belano dice que William Burroughs ha muerto y Lima, al escucharlo, pa-lidece intensamente y dice que no puede ser, que Burroughs está vivo. Belano no insiste; dice que él cree que Burroughs está muerto pero que probablemente se equivoque. ¿Cuándo murió?, dice Lima. Hace poco, creo, dice Belano cada vez menos convencido, lo leí en alguna parte. En este punto de la historia se produce algo que podemos llamar silencio. O vacío.Un vacío, en cualquier caso, muy breve, pero que en la percepción de Belano se prolonga misteriosamente hasta las postrimerías del siglo.Al cabo de dos días Lima aparece con la noticia, esta vez irrefutable, de que Burroughs está vivo.Pasan los años. A veces, muy de tanto en tanto y sin saber por qué, Belano recuerda el día en que anunció arbitrariamente la muerte de Burroughs. Era un día claro, Lima y él caminaban por Sullivan, salían de la casa de un amigo, tenían el resto del día a su disposición. Posiblemente hablaban de los beatniks. Entonces él dijo que Burroughs había muerto y Lima palideció y dijo no puede ser. En ocasiones, Belano cree recordar que Lima gritó. No puede ser. Es imposible. Injusto. Algo así. Y también recuerda la pesadumbre de Lima, como si le estuvieran anunciando la muerte de un familiar muy querido, pesadumbre (aunque la palabra, Belano lo sabe, no es pesadumbre) que sólo se evaporó dos días después, cuando Lima sabía, fehacientemente, que la información era errónea. Algo de aquel día, sin embargo, algo impreciso, deja en Belano un rastro de inquietud. De inquietud y de alegría. La inquietud, en realidad, es un disfraz del miedo. ¿Y la alegría? Generalmente, para su propia comodidad, Belano suele pensar que tras la alegría se esconde la nostalgia por su propia juventud, pero en realidad tras la alegría se esconde la ferocidad: un espacio reducido y oscuro en donde se mueven, pegadas e incluso sobreimpuestas, unas figuras borrosas y en permanente acción. Unas figuras que se alimentan de violencia, unas figuras que apenas gobiernan (o que gobiernan con una economía curiosísima) la violencia. La inquietud que el recuerdo de aquel día le provoca es, contra lo que dicta el sentido común, aérea. Y la alegría es subterránea, como un buque de perfecta geometría rectangular navegando por un surco.A veces, Belano contempla el surcoSe arquea, se agacha, su columna vertebral se cimbra como el tronco de un árbol en medio de una tormenta y contempla el surco: una huella profunda, limpia, que hiende una piel extraña cuya pura con-templación le produce náuseas. Pasan los años. Retroceden los años. En 1975 Belano y Lima son amigos y caminan cada día, inconscientes, por el borde del abismo. Hasta que un día abandonan México. Lima parte hacia Francia y Belano hacia España. A partir de allí sus vidas, hasta entonces unidas, discurren por derroteros diferentes. Lima recorre Europa y el Medio Oriente. Belano recorre Europa y África. Ambos se enamoran, ambos intentan, vanamente, encontrar la felicidad o hacerse matar. Belano, al cabo de los años, se establece en un pueblo a orillas del Mediterráneo. Lima regresa a México. Regresa al DF.Pero antes han ocurrido otras cosas. En 1975 el DF es una ciudad resplandeciente. Belano y Lima publican sus poemas en revistas, casi siempre juntos, y dan recitales de poesía en la Casa del Lago. En 1976 ambos son conocidos y sobre todo temidos por un establish-ment literario que no los soporta. Dos hormigas salvajes y suicidas. Belano y Lima capitanean un grupo de poetas adolescentes que no respeta a nadie. Absolutamente a nadie. El poder establecido de la literatura no lo perdona y Belano y Lima quedan vetados para siempre. Esto ocurre en 1976. A finales de año Lima, que es mexicano, abandona el país. Poco después, en enero de 1977, Belano, que es chileno, lo sigue.Esto es lo que hay. 1975. 1976. Dos jóvenes condenados a cadena perpetua. Europa. Un nuevo ciclo que comienza y que al comenzar los aleja del borde del abismo. Y la separación, pues si bien es cierto que Belano y Lima se encuentran en París y luego en Barcelona y luego en una estación ferroviaria del Rosellón, finalmente sus destinos divergen y sus cuerpos se alejan, como dos flechas que de improviso y fatalmente adquirieran trayectorias divergentes.Y esto es lo que hay. 1977. 1978. 1979. Y después 1980, y la década que le sigue, nefasta para Latinoamérica. En cualquier caso Belano y Lima de vez en cuando tienen noticias el uno del otro. Sobre todo Belano tiene noticias de Lima. Así, en una ocasión, sabe que un autobús ha atropellado a su amigo, quien salva la vida de milagro. Lima sale del accidente con una cojera que arrastrará el resto de su vida. Sale, también, convertido en leyenda. O al menos eso es lo que piensa Belano, lejos del DF. De vez en cuando un amigo de Belano que vive en Barcelona recibe visitantes de México que traen noticias de Lima y que el amigo de Belano le hace llegar a éste.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/679823323331276060-5664467590269011774?l=bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/feeds/5664467590269011774/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=679823323331276060&amp;postID=5664467590269011774' title='40 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default/5664467590269011774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default/5664467590269011774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/2007/03/roberto-bolao.html' title='Roberto Bolaño'/><author><name>David Alvarez Martin</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09472354451105844285</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_Q_ij3dJ_P8Q/RezGDOqNG4I/AAAAAAAAAAM/cZtT6bSJZns/s320/David+Asturias+2005+(46).jpg'/></author><thr:total>40</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-679823323331276060.post-6161617760912551328</id><published>2007-03-14T15:45:00.000-07:00</published><updated>2007-03-17T00:10:09.867-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Textos Pontificios'/><title type='text'>Sacramentum Caritatis</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;span style="FONT-SIZE: 0.9em"&gt;&lt;span style="COLOR: #663300"&gt;EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL&lt;br/&gt;&lt;span style="FONT-SIZE: 1em"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;SACRAMENTUM CARITATIS&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br/&gt;DEL SANTO PADRE&lt;br/&gt;&lt;span style="FONT-SIZE: 1em"&gt;&lt;strong&gt;BENEDICTO XVI&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br/&gt;AL EPISCOPADO, AL CLERO,&lt;br/&gt;A LAS PERSONAS CONSAGRADAS&lt;br/&gt;Y A LOS FIELES LAICOS&lt;br/&gt;SOBRE LA EUCARISTÍA&lt;br/&gt;FUENTE Y CULMEN DE LA VIDA&lt;br/&gt;Y DE LA MISIÓN DE LA IGLESIA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;ÍNDICE&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Introducción&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;PRIMERA PARTE&lt;br/&gt;EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE CREER&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;La fe eucarística de la Iglesia&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Santísima Trinidad y Eucaristía&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Eucaristía: Jesús, el verdadero Cordero inmolado&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;El Espíritu Santo y la Eucaristía&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Eucaristía e Iglesia&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Eucaristía y Sacramentos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;I. Eucaristía e iniciación cristiana&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;II. Eucaristía y sacramento de la Reconciliación&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;III. Eucaristía y Unción de los enfermos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;IV. Eucaristía y sacramento del Orden&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;V. Eucaristía y Matrimonio&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Eucaristía y escatología&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Eucaristía y la Virgen María&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;SEGUNDA PARTE&lt;br/&gt;EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE CELEBRAR&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;La Celebración eucarística, obra del «Christus totus»&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Ars celebrandi&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Estructura de la celebración eucarística&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Actuosa participatio&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;La celebración participada interiormente&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Adoración y piedad eucarística&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;TERCERA PARTE&lt;br/&gt;EUCARISTÍA, MISTERIO QUE SE HA DE VIVIR&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Forma eucarística de la vida cristiana&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Eucaristía, misterio que se ha de anunciar&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Eucaristía, misterio que se ha de ofrecer al mundo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Conclusión&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;hr/&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="INTRODUCCIÓN" name="INTRODUCCIÓN"&gt;INTRODUCCIÓN&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;1.Sacramento de la caridad,&lt;a id="_ftnref1" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn1" name="_ftnref1" title=""&gt;[1]&lt;/a&gt; la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor « más grande », aquél que impulsa a « dar la vida por los propios amigos » (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 15,13). En efecto, Jesús « los amó hasta el extremo » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 13,1). Con esta expresión, el evangelista presenta el gesto de infinita humildad de Jesús: antes de morir por nosotros en la cruz, ciñéndose una toalla, lava los pies a sus discípulos. Del mismo modo, en el Sacramento eucarístico Jesús sigue amándonos « hasta el extremo », hasta el don de su cuerpo y de su sangre. ¡Qué emoción debió embargar el corazón de los Apóstoles ante los gestos y palabras del Señor durante aquella Cena! ¡Qué admiración ha de suscitar también en nuestro corazón el Misterio eucarístico!&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Alimento de la verdad&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;2. En el Sacramento del altar, el Señor va al encuentro del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. &lt;em&gt;Gn&lt;/em&gt; 1,27), acompañándole en su camino. En efecto, en este Sacramento el Señor se hace comida para el hombre hambriento de verdad y libertad. Puesto que sólo la verdad nos hace auténticamente libres (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 8,36), Cristo se convierte para nosotros en alimento de la Verdad. San Agustín, con un penetrante conocimiento de la realidad humana, ha puesto de relieve cómo el hombre se mueve espontáneamente, y no por coacción, cuando se encuentra ante algo que lo atrae y le despierta el deseo. Así pues, al preguntarse sobre lo que puede mover al hombre por encima de todo y en lo más íntimo, el santo obispo exclama: « ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad? ».&lt;a id="_ftnref2" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn2" name="_ftnref2" title=""&gt;[2]&lt;/a&gt; En efecto, todo hombre lleva en sí mismo el deseo inevitable de la verdad última y definitiva. Por eso, el Señor Jesús, « el camino, la verdad y la vida » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 14,6), se dirige al corazón anhelante del hombre, que se siente peregrino y sediento, al corazón que suspira por la fuente de la vida, al corazón que mendiga la Verdad. En efecto, Jesucristo es la Verdad en Persona, que atrae el mundo hacia sí. « Jesús es la estrella polar de la libertad humana: sin él pierde su orientación, puesto que sin el conocimiento de la verdad, la libertad se desnaturaliza, se aísla y se reduce a arbitrio estéril. Con él, la libertad se reencuentra ».&lt;a id="_ftnref3" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn3" name="_ftnref3" title=""&gt;[3]&lt;/a&gt; En particular, Jesús nos enseña en el sacramento de la Eucaristía la &lt;em&gt;verdad del amor&lt;/em&gt;, que es la esencia misma de Dios. Ésta es la verdad evangélica que interesa a cada hombre y a todo el hombre. Por eso la Iglesia, cuyo centro vital es la Eucaristía, se compromete constantemente a anunciar a todos, « a tiempo y a destiempo » (&lt;em&gt;2 Tm&lt;/em&gt; 4,2) que Dios es amor.&lt;a id="_ftnref4" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn4" name="_ftnref4" title=""&gt;[4]&lt;/a&gt; Precisamente porque Cristo se ha hecho por nosotros alimento de la Verdad, la Iglesia se dirige al hombre, invitándolo a acoger libremente el don de Dios.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Desarrollo del rito eucarístico&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;3. Al observar la historia bimilenaria de la Iglesia de Dios, guiada por la sabia acción del Espíritu Santo, admiramos llenos de gratitud cómo se han desarrollado ordenadamente en el tiempo las formas rituales con que conmemoramos el acontecimiento de nuestra salvación. Desde las diversas modalidades de los primeros siglos, que resplandecen aún en los ritos de las antiguas Iglesias de Oriente, hasta la difusión del ritual romano; desde las indicaciones claras del Concilio de Trento y del Misal de san Pío V hasta la renovación litúrgica establecida por el Concilio Vaticano II: en cada etapa de la historia de la Iglesia, la celebración eucarística, como fuente y culmen de su vida y misión, resplandece en el rito litúrgico con toda su riqueza multiforme. La XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 2 al 23 de octubre de 2005 en el Vaticano, ha manifestado un profundo agradecimiento a Dios por esta historia, reconociendo en ella la guía del Espíritu Santo. En particular, los Padres sinodales han constatado y reafirmado el influjo benéfico que ha tenido para la vida de la Iglesia la reforma litúrgica puesta en marcha a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II.&lt;a id="_ftnref5" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn5" name="_ftnref5" title=""&gt;[5]&lt;/a&gt; El Sínodo de los Obispos ha tenido la posibilidad de valorar cómo ha sido su recepción después de la cumbre conciliar. Los juicios positivos han sido muy numerosos. Se han constatado también las dificultades y algunos abusos cometidos, pero que no oscurecen el valor y la validez de la renovación litúrgica, la cual tiene aún riquezas no descubiertas del todo. En concreto, se trata de leer los cambios indicados por el Concilio dentro de la unidad que caracteriza el desarrollo histórico del rito mismo, sin introducir rupturas artificiosas.&lt;a id="_ftnref6" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn6" name="_ftnref6" title=""&gt;[6]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sínodo de los Obispos y Año de la Eucaristía&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;4. Además, se ha de poner de relieve la relación del reciente Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía con lo ocurrido en los últimos años en la vida de la Iglesia. Ante todo, hemos de pensar en el Gran Jubileo de 2000, con el cual mi querido Predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II, ha introducido la Iglesia en el tercer milenio cristiano. El Año Jubilar se ha caracterizado indudablemente por un fuerte sentido eucarístico. No se puede olvidar que el Sínodo de los Obispos ha estado precedido, y en cierto sentido también preparado, por el Año de la Eucaristía, establecido con gran amplitud de miras por Juan Pablo II para toda la Iglesia. Dicho Año, iniciado con el Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara (México), en octubre de 2004, se ha concluido el 23 de octubre de 2005, al final de la XI Asamblea Sinodal, con la canonización de cinco Beatos que se han distinguido especialmente por la piedad eucarística: el Obispo Józef Bilczewski, los presbíteros Cayetano Catanoso, Segismundo Gorazdowski, Alberto Hurtado Cruchaga y el religioso capuchino Félix de Nicosia. Gracias a las enseñanzas expuestas por Juan Pablo II en la Carta apostólica &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_20041008_mane-nobiscum-domine_sp.html"&gt;Mane nobiscum Domine&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;,&lt;a id="_ftnref7" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn7" name="_ftnref7" title=""&gt;[7]&lt;/a&gt; y a las valiosas sugerencias de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,&lt;a id="_ftnref8" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn8" name="_ftnref8" title=""&gt;[8]&lt;/a&gt; las diócesis y las diversas entidades eclesiales han emprendido numerosas iniciativas para despertar y acrecentar en los creyentes la fe eucarística, para mejorar la dignidad de las celebraciones y promover la adoración eucarística, así como para animar una solidaridad efectiva que, partiendo de la Eucaristía, llegara a los pobres. Por fin, es necesario mencionar la importancia de la última Encíclica de mi venerado Predecesor, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/_INDEX.HTM"&gt;Ecclesia de Eucharistia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;,&lt;a id="_ftnref9" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn9" name="_ftnref9" title=""&gt;[9]&lt;/a&gt; con la que nos ha dejado una segura referencia magisterial sobre la doctrina eucarística y un último testimonio del lugar central que este divino Sacramento tenía en su vida.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Objeto de la presente Exhortación&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;5. Esta Exhortación apostólica postsinodal se propone retomar la riqueza multiforme de reflexiones y propuestas surgidas en la reciente Asamblea General del Sínodo de los Obispos -desde los &lt;em&gt;Lineamenta&lt;/em&gt; hasta las &lt;em&gt;Propositiones&lt;/em&gt;, incluyendo el &lt;em&gt;Instrumentum laboris&lt;/em&gt;, las &lt;em&gt;Relationes ante et post disceptationem,&lt;/em&gt; las intervenciones de los Padres sinodales, de los &lt;em&gt;auditores&lt;/em&gt; y de los hermanos delegados-, con la intención de explicitar algunas líneas fundamentales de acción orientadas a suscitar en la Iglesia nuevo impulso y fervor por la Eucaristía. Consciente del vasto patrimonio doctrinal y disciplinar acumulado a través de los siglos sobre este Sacramento,&lt;a id="_ftnref10" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn10" name="_ftnref10" title=""&gt;[10]&lt;/a&gt; en el presente documento deseo sobre todo recomendar, teniendo en cuenta el voto de los Padres sinodales,&lt;a id="_ftnref11" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn11" name="_ftnref11" title=""&gt;[11]&lt;/a&gt; que el pueblo cristiano profundice en la relación entre el &lt;em&gt;Misterio eucarístico&lt;/em&gt;, el &lt;em&gt;acto litúrgico&lt;/em&gt; y el &lt;em&gt;nuevo culto espiritual&lt;/em&gt; que se deriva de la Eucaristía como &lt;em&gt;sacramento de la caridad&lt;/em&gt;. En esta perspectiva, deseo relacionar la presente Exhortación con mi primera Carta encíclica &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html"&gt;Deus caritas est&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, en la que he hablado varias veces del sacramento de la Eucaristía para subrayar su relación con el amor cristiano, tanto respecto a Dios como al prójimo: « el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí. Se entiende, pues, que el &lt;em&gt;agapé&lt;/em&gt; se haya convertido también en un nombre de la Eucaristía: en ella el &lt;em&gt;agapé&lt;/em&gt; de Dios nos llega corporalmente para seguir actuando en nosotros y por nosotros ».&lt;a id="_ftnref12" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn12" name="_ftnref12" title=""&gt;[12]&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;PRIMERA PARTE&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;EUCARISTÍA,&lt;br/&gt;MISTERIO QUE SE HA DE CREER&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;«Éste es el trabajo que Dios quiere:&lt;br/&gt;que creáis en el que él ha enviado» (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,29)&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;a id="La_fe_eucarística_de_la_Iglesia" name="La_fe_eucarística_de_la_Iglesia"&gt;La fe eucarística de la Iglesia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;6. « &lt;em&gt;Este es el Misterio de la fe&lt;/em&gt; ». Con esta expresión, pronunciada inmediatamente después de las palabras de la consagración, el sacerdote proclama el misterio celebrado y manifiesta su admiración ante la conversión sustancial del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor Jesús, una realidad que supera toda comprensión humana. En efecto, la Eucaristía es « misterio de la fe » por excelencia: « es el compendio y la suma de nuestra fe ».&lt;a id="_ftnref13" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn13" name="_ftnref13" title=""&gt;[13]&lt;/a&gt; La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucaristía. La fe y los sacramentos son dos aspectos complementarios de la vida eclesial. La fe que suscita el anuncio de la Palabra de Dios se alimenta y crece en el encuentro de gracia con el Señor resucitado que se produce en los sacramentos: « La fe se expresa en el rito y el rito refuerza y fortalece la fe ».&lt;a id="_ftnref14" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn14" name="_ftnref14" title=""&gt;[14]&lt;/a&gt; Por eso, el Sacramento del altar está siempre en el centro de la vida eclesial; « gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo ».&lt;a id="_ftnref15" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn15" name="_ftnref15" title=""&gt;[15]&lt;/a&gt; Cuanto más viva es la fe eucarística en el Pueblo de Dios, más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos. La historia misma de la Iglesia es testigo de ello. Toda gran reforma está vinculada de algún modo al redescubrimiento de la fe en la presencia eucarística del Señor en medio de su pueblo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Santísima_Trinidad_y_Eucaristía" name="Santísima_Trinidad_y_Eucaristía"&gt;Santísima Trinidad y Eucaristía&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El pan que baja del cielo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;7. La primera realidad de la fe eucarística es el misterio mismo de Dios, el amor trinitario. En el diálogo de Jesús con Nicodemo encontramos una expresión iluminadora a este respecto: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 3,16-17). Estas palabras muestran la raíz última del don de Dios. En la Eucaristía, Jesús no da « algo », sino a sí mismo; ofrece su cuerpo y derrama su sangre. Entrega así toda su vida, manifestando la fuente originaria de este amor divino. Él es el Hijo eterno que el Padre ha entregado por nosotros. En el Evangelio escuchamos también a Jesús que, después de haber dado de comer a la multitud con la multiplicación de los panes y los peces, dice a sus interlocutores que lo habían seguido hasta la sinagoga de Cafarnaúm: « Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,32-33); y llega a identificarse él mismo, la propia carne y la propia sangre, con ese pan: « Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,51). Jesús se manifiesta así como el Pan de vida, que el Padre eterno da a los hombres.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Don gratuito de la Santísima Trinidad&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;8. En la Eucaristía se revela el designio de amor que guía toda la historia de la salvación (cf. &lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 1,10; 3,8-11). En ella, el &lt;em&gt;Deus Trinitas&lt;/em&gt;, que en sí mismo es amor (cf. &lt;em&gt;1 Jn&lt;/em&gt; 4,7-8), se une plenamente a nuestra condición humana. En el pan y en el vino, bajo cuya apariencia Cristo se nos entrega en la cena pascual (cf. &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 22,14-20; &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 11,23-26), nos llega toda la vida divina y se comparte con nosotros en la forma del Sacramento. Dios es comunión perfecta de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ya en la creación, el hombre fue llamado a compartir en cierta medida el aliento vital de Dios (cf. &lt;em&gt;Gn&lt;/em&gt; 2,7). Pero es en Cristo muerto y resucitado, y en la efusión del Espíritu Santo que se nos da sin medida (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 3,34), donde nos convertimos en verdaderos partícipes de la intimidad divina.&lt;a id="_ftnref16" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn16" name="_ftnref16" title=""&gt;[16]&lt;/a&gt; Jesucristo, pues, « que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha » (&lt;em&gt;Hb&lt;/em&gt; 9,14), nos comunica la misma vida divina en el don eucarístico. Se trata de un don absolutamente gratuito, que se debe sólo a las promesas de Dios, cumplidas por encima de toda medida. La Iglesia, con obediencia fiel, acoge, celebra y adora este don. El « misterio de la fe » es misterio del amor trinitario, en el cual, por gracia, estamos llamados a participar. Por tanto, también nosotros hemos de exclamar con san Agustín: « Ves la Trinidad si ves el amor ».&lt;a id="_ftnref17" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn17" name="_ftnref17" title=""&gt;[17]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Eucaristía:_Jesús" name="Eucaristía:_Jesús"&gt;Eucaristía: Jesús&lt;/a&gt;,&lt;br/&gt;el verdadero Cordero inmolado&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;La nueva y eterna alianza en la sangre del Cordero&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;9. La misión para la que Jesús ha venido entre nosotros llega a su cumplimiento en el Misterio pascual. Desde lo alto de la cruz, donde atrae todo hacia sí (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 12,32), antes de « entregar el espíritu » dice: « Está cumplido » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 19,30). En el misterio de su obediencia hasta la muerte, y una muerte de cruz (cf. &lt;em&gt;Flp&lt;/em&gt; 2,8), se ha cumplido la nueva y eterna alianza. La libertad de Dios y la libertad del hombre se han encontrado definitivamente en su carne crucificada, en un pacto indisoluble y válido para siempre. También el pecado del hombre ha sido expiado una vez por todas por el Hijo de Dios (cf. &lt;em&gt;Hb&lt;/em&gt; 7,27; &lt;em&gt;1 Jn&lt;/em&gt; 2,2; 4,10). Como he tenido ya oportunidad de decir: « En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es el amor en su forma más radical ».&lt;a id="_ftnref18" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn18" name="_ftnref18" title=""&gt;[18]&lt;/a&gt; En el Misterio pascual se ha realizado verdaderamente nuestra liberación del mal y de la muerte. En la institución de la Eucaristía, Jesús mismo habló de la « nueva y eterna alianza », estipulada en su sangre derramada (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 26,28; &lt;em&gt;Mc&lt;/em&gt; 14,24; &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 22,20). Esta meta última de su misión era ya bastante evidente al comienzo de su vida pública. En efecto, cuando a orillas del Jordán Juan Bautista ve venir a Jesús, exclama: « Éste es el &lt;em&gt;Cordero de Dios&lt;/em&gt;, que quita el pecado del mundo » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 1,19). Es significativo que la misma expresión se repita cada vez que celebramos la santa Misa, con la invitación del sacerdote para acercarse a comulgar: « Éste es el &lt;em&gt;Cordero de Dios&lt;/em&gt;, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor ». Jesús es el &lt;em&gt;verdadero&lt;/em&gt; cordero pascual que se ha ofrecido espontáneamente a sí mismo en sacrificio por nosotros, realizando así la nueva y eterna alianza. La Eucaristía contiene en sí esta novedad radical, que se nos propone de nuevo en cada celebración.&lt;a id="_ftnref19" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn19" name="_ftnref19" title=""&gt;[19]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Institución de la Eucaristía&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;10. De este modo llegamos a reflexionar sobre la institución de la Eucaristía en la última Cena. Sucedió en el contexto de una cena ritual con la que se conmemoraba el acontecimiento fundamental del pueblo de Israel: la liberación de la esclavitud de Egipto. Esta cena ritual, relacionada con la inmolación de los corderos (&lt;em&gt;Ex&lt;/em&gt; 12,1- 28.43-51), era conmemoración del pasado, pero, al mismo tiempo, también memoria profética, es decir, anuncio de una liberación futura. En efecto, el pueblo había experimentado que aquella liberación no había sido definitiva, puesto que su historia estaba todavía demasiado marcada por la esclavitud y el pecado. El memorial de la antigua liberación se abría así a la súplica y a la esperanza de una salvación más profunda, radical, universal y definitiva. Éste es el contexto en el cual Jesús introduce la novedad de su don. En la oración de alabanza, la &lt;em&gt;Berakah&lt;/em&gt;, da gracias al Padre no sólo por los grandes acontecimientos de la historia pasada, sino también por la propia « exaltación ». Al instituir el sacramento de la Eucaristía, Jesús anticipa e implica el Sacrificio de la cruz y la victoria de la resurrección. Al mismo tiempo, se revela como el &lt;em&gt;verdadero&lt;/em&gt; cordero inmolado, previsto en el designio del Padre desde la fundación del mundo, como se lee en la &lt;em&gt;primera Carta de San Pedro&lt;/em&gt; (cf. 1,18-20). Situando en este contexto su don, Jesús manifiesta el sentido salvador de su muerte y resurrección, misterio que se convierte en el factor renovador de la historia y de todo el cosmos. En efecto, la institución de la Eucaristía muestra cómo aquella muerte, de por sí violenta y absurda, se ha transformado en Jesús en un supremo acto de amor y de liberación definitiva del mal para la humanidad.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Figura transit in veritatem&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;11. De este modo Jesús inserta su &lt;em&gt;novum&lt;/em&gt; radical dentro de la antigua cena sacrificial judía. Para nosotros los cristianos, ya no es necesario repetir aquella cena. Como dicen con precisión los Padres, &lt;em&gt;figura transit in veritatem&lt;/em&gt;: lo que anunciaba realidades futuras, ahora ha dado paso a la verdad misma. El antiguo rito ya se ha cumplido y ha sido superado definitivamente por el don de amor del Hijo de Dios encarnado. El alimento de la verdad, Cristo inmolado por nosotros, &lt;em&gt;dat... figuris terminum&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref20" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn20" name="_ftnref20" title=""&gt;[20]&lt;/a&gt; Con el mandato « &lt;em&gt;Haced esto en conmemoración mía&lt;/em&gt; » (cf. &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 22,19; &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 11,25), nos pide corresponder a su don y representarlo sacramentalmente. Por tanto, el Señor expresa con estas palabras, por decirlo así, la esperanza de que su Iglesia, nacida de su sacrificio, acoja este don, desarrollando bajo la guía del Espíritu Santo la forma litúrgica del Sacramento. En efecto, el memorial de su total entrega no consiste en la simple repetición de la última Cena, sino propiamente en la Eucaristía, es decir, en la novedad radical del culto cristiano. Jesús nos ha encomendado así la tarea de participar en su « hora ». « La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos solamente de modo pasivo el &lt;em&gt;Logos&lt;/em&gt;, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega ».&lt;a id="_ftnref21" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn21" name="_ftnref21" title=""&gt;[21]&lt;/a&gt;) Él « nos atrae hacia sí ».&lt;a id="_ftnref22" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn22" name="_ftnref22" title=""&gt;[22]&lt;/a&gt; La conversión sustancial del pan y del vino en su cuerpo y en su sangre introduce en la creación el principio de un cambio radical, como una forma de « fisión nuclear », por usar una imagen bien conocida hoy por nosotros, que se produce en lo más íntimo del ser; un cambio destinado a suscitar un proceso de transformación de la realidad, cuyo término último será la transfiguración del mundo entero, el momento en que Dios será todo para todos (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 15,28).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="El_Espíritu_Santo_y_la_Eucaristía_" name="El_Espíritu_Santo_y_la_Eucaristía_"&gt;El Espíritu Santo y la Eucaristía&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Jesús y el Espíritu Santo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;12. Con su palabra, y con el pan y el vino, el Señor mismo nos ha ofrecido los elementos esenciales del culto nuevo. La Iglesia, su Esposa, está llamada a celebrar día tras día el banquete eucarístico en conmemoración suya. Introduce así el sacrificio redentor de su Esposo en la historia de los hombres y lo hace presente sacramentalmente en todas las culturas. Este gran misterio se celebra en las formas litúrgicas que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, desarrolla en el tiempo y en los diversos lugares.&lt;a id="_ftnref23" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn23" name="_ftnref23" title=""&gt;[23]&lt;/a&gt; A este propósito es necesario despertar en nosotros la conciencia del papel decisivo que desempeña el Espíritu Santo en el desarrollo de la forma litúrgica y en la profundización de los divinos misterios. El Paráclito, primer don para los creyentes,&lt;a id="_ftnref24" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn24" name="_ftnref24" title=""&gt;[24]&lt;/a&gt; que actúa ya en la creación (cf. &lt;em&gt;Gn&lt;/em&gt; 1,2), está plenamente presente en toda la vida del Verbo encarnado; en efecto, Jesucristo fue concebido por la Virgen María por obra del Espíritu Santo (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 1,18; &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 1,35); al comienzo de su misión pública, a orillas del Jordán, lo ve bajar sobre sí en forma de paloma (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 3,16 y par.); en este mismo Espíritu actúa, habla y se llena de gozo (cf. &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 10,21), y por Él se ofrece a sí mismo (cf. &lt;em&gt;Hb&lt;/em&gt; 9,14). En los llamados « discursos de despedida » recopilados por Juan, Jesús establece una clara relación entre el don de su vida en el misterio pascual y el don del Espíritu a los suyos (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 16,7). Una vez resucitado, llevando en su carne las señales de la pasión, Él infunde el Espíritu (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 20,22), haciendo a los suyos partícipes de su propia misión (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 20,21). Será el Espíritu quien enseñe después a los discípulos todas las cosas y les recuerde todo lo que Cristo ha dicho (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 14,26), porque corresponde a Él, como Espíritu de la verdad (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 15,26), guiarlos hasta la verdad completa (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 16,13). En el relato de los &lt;em&gt;Hechos&lt;/em&gt;, el Espíritu desciende sobre los Apóstoles reunidos en oración con María el día de Pentecostés (cf. 2,1-4), y los anima a la misión de anunciar a todos los pueblos la buena noticia. Por tanto, Cristo mismo, en virtud de la acción del Espíritu, está presente y operante en su Iglesia, desde su centro vital que es la Eucaristía.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Espíritu Santo y Celebración eucarística&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;13. En este horizonte se comprende el papel decisivo del Espíritu Santo en la Celebración eucarística y, en particular, en lo que se refiere a la transustanciación. Todo ello está bien documentado en los Padres de la Iglesia. San Cirilo de Jerusalén, en sus &lt;em&gt;Catequesis&lt;/em&gt;, recuerda que nosotros « invocamos a Dios misericordioso para que mande su Santo Espíritu sobre las ofrendas que están ante nosotros, para que Él transforme el pan en cuerpo de Cristo y el vino en sangre de Cristo. Lo que toca el Espíritu Santo es santificado y transformado totalmente ».&lt;a id="_ftnref25" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn25" name="_ftnref25" title=""&gt;[25]&lt;/a&gt; También san Juan Crisóstomo hace notar que el sacerdote invoca el Espíritu Santo cuando celebra el Sacrificio&lt;a id="_ftnref26" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn26" name="_ftnref26" title=""&gt;[26]&lt;/a&gt;: como Elías -dice-, el ministro invoca el Espíritu Santo para que, « descendiendo la gracia sobre la víctima, se enciendan por ella las almas de todos ».&lt;a id="_ftnref27" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn27" name="_ftnref27" title=""&gt;[27]&lt;/a&gt; Es muy necesario para la vida espiritual de los fieles que tomen conciencia más claramente de la riqueza de la anáfora: junto con las palabras pronunciadas por Cristo en la última Cena, contiene la epíclesis, como invocación al Padre para que haga descender el don del Espíritu a fin de que el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, y para que « toda la comunidad sea cada vez más cuerpo de Cristo ».&lt;a id="_ftnref28" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn28" name="_ftnref28" title=""&gt;[28]&lt;/a&gt; El Espíritu, que invoca el celebrante sobre los dones del pan y el vino puestos sobre el altar, es el mismo que reúne a los fieles « en un sólo cuerpo », haciendo de ellos una oferta espiritual agradable al Padre.&lt;a id="_ftnref29" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn29" name="_ftnref29" title=""&gt;[29]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Eucaristía_e_Iglesia" name="Eucaristía_e_Iglesia"&gt;Eucaristía e Iglesia&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía, principio causal de la Iglesia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;14. Por el Sacramento eucarístico Jesús incorpora a los fieles a su propia « hora »; de este modo nos muestra la unión que ha querido establecer entre Él y nosotros, entre su persona y la Iglesia. En efecto, Cristo mismo, en el sacrificio de la cruz, ha engendrado a la Iglesia como su esposa y su cuerpo. Los Padres de la Iglesia han meditado mucho sobre la relación entre el origen de Eva del costado de Adán mientras dormía (cf. &lt;em&gt;Gn&lt;/em&gt; 2,21-23) y de la nueva Eva, la Iglesia, del costado abierto de Cristo, sumido en el sueño de la muerte: del costado traspasado, dice Juan, salió sangre y agua (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 19,34), símbolo de los sacramentos.&lt;a id="_ftnref30" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn30" name="_ftnref30" title=""&gt;[30]&lt;/a&gt; El contemplar « al que atravesaron » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 19,37) nos lleva a considerar la unión causal entre el sacrificio de Cristo, la Eucaristía y la Iglesia. En efecto, la Iglesia « vive de la Eucaristía ».&lt;a id="_ftnref31" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn31" name="_ftnref31" title=""&gt;[31]&lt;/a&gt; Ya que en ella se hace presente el sacrificio redentor de Cristo, se tiene que reconocer ante todo que « hay un influjo causal de la Eucaristía en los orígenes mismos de la Iglesia ».&lt;a id="_ftnref32" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn32" name="_ftnref32" title=""&gt;[32]&lt;/a&gt; La Eucaristía es Cristo que se nos entrega, edificándonos continuamente como su cuerpo. Por tanto, en la sugestiva correlación entre la Eucaristía que edifica la Iglesia y la Iglesia que hace a su vez la Eucaristía,&lt;a id="_ftnref33" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn33" name="_ftnref33" title=""&gt;[33]&lt;/a&gt; la primera afirmación expresa la causa primaria: la Iglesia puede celebrar y adorar el misterio de Cristo presente en la Eucaristía precisamente porque el mismo Cristo se ha entregado antes a ella en el sacrificio de la Cruz. La posibilidad que tiene la Iglesia de « hacer » la Eucaristía tiene su raíz en la donación que Cristo le ha hecho de sí mismo. Descubrimos también aquí un aspecto elocuente de la fórmula de san Juan: « Él nos ha amado primero » (&lt;em&gt;1Jn&lt;/em&gt; 4,19). Así, también nosotros confesamos en cada celebración la primacía del don de Cristo. En definitiva, el influjo causal de la Eucaristía en el origen de la Iglesia revela la precedencia no sólo cronológica sino también ontológica del habernos « amado primero ». Él es eternamente quien nos ama primero.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y comunión eclesial&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;15. La Eucaristía es, pues, constitutiva del ser y del actuar de la Iglesia. Por eso la antigüedad cristiana designó con las mismas palabras &lt;em&gt;Corpus Christi&lt;/em&gt; el Cuerpo nacido de la Virgen María, el Cuerpo eucarístico y el Cuerpo eclesial de Cristo.&lt;a id="_ftnref34" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn34" name="_ftnref34" title=""&gt;[34]&lt;/a&gt; Este dato, muy presente en la tradición, ayuda a aumentar en nosotros la conciencia de que no se puede separar a Cristo de la Iglesia. El Señor Jesús, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio por nosotros, ha preanunciado eficazmente en su donación el misterio de la Iglesia. Es significativo que en la segunda plegaria eucarística, al invocar al Paráclito, se formule de este modo la oración por la unidad de la Iglesia: « &lt;em&gt;que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo&lt;/em&gt; ». Este pasaje permite comprender bien que la &lt;em&gt;res&lt;/em&gt; del Sacramento eucarístico incluye la unidad de los fieles en la comunión eclesial. La Eucaristía se muestra así en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión.&lt;a id="_ftnref35" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn35" name="_ftnref35" title=""&gt;[35]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Ya en su Encíclica &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/__P6.HTM"&gt;Ecclesia de Eucharistia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, el siervo de Dios Juan Pablo II llamó la atención sobre la relación entre Eucaristía y &lt;em&gt;communio&lt;/em&gt;. Se refirió al memorial de Cristo como la « suprema manifestación sacramental de la comunión en la Iglesia ».&lt;a id="_ftnref36" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn36" name="_ftnref36" title=""&gt;[36]&lt;/a&gt; La unidad de la comunión eclesial se revela concretamente en las comunidades cristianas y se renueva en el acto eucarístico que las une y las diferencia en Iglesias particulares, « &lt;em&gt;in quibus et ex quibus una et unica Ecclesia catholica exsistit&lt;/em&gt; ».&lt;a id="_ftnref37" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn37" name="_ftnref37" title=""&gt;[37]&lt;/a&gt; Precisamente la realidad de la única Eucaristía que se celebra en cada diócesis en torno al propio Obispo nos permite comprender cómo las mismas Iglesias particulares subsisten &lt;em&gt;in&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;ex Ecclesia&lt;/em&gt;. En efecto, « la unicidad e indivisibilidad del Cuerpo eucarístico del Señor implica la unicidad de su Cuerpo místico, que es la Iglesia una e indivisible. Desde el centro eucarístico surge la necesaria apertura de cada comunidad celebrante, de cada Iglesia particular: del dejarse atraer por los brazos abiertos del Señor se sigue la inserción en su Cuerpo, único e indiviso ».&lt;a id="_ftnref38" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn38" name="_ftnref38" title=""&gt;[38]&lt;/a&gt; Por este motivo, en la celebración de la Eucaristía cada fiel se encuentra en &lt;em&gt;su&lt;/em&gt; Iglesia, es decir, en la Iglesia de Cristo. En esta perspectiva eucarística, comprendida adecuadamente, la comunión eclesial se revela una realidad por su propia naturaleza católica.&lt;a id="_ftnref39" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn39" name="_ftnref39" title=""&gt;[39]&lt;/a&gt; Subrayar esta raíz eucarística de la comunión eclesial puede contribuir también eficazmente al diálogo ecuménico con las Iglesias y con las Comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Sede de Pedro. En efecto, la Eucaristía establece objetivamente un fuerte vínculo de unidad entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas que han conservado la auténtica e íntegra naturaleza del misterio de la Eucaristía. Al mismo tiempo, el relieve dado al carácter eclesial de la Eucaristía puede convertirse también en elemento privilegiado en el diálogo con las Comunidades nacidas de la Reforma.&lt;a id="_ftnref40" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn40" name="_ftnref40" title=""&gt;[40]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Eucaristía_y_sacramentos" name="Eucaristía_y_sacramentos"&gt;Eucaristía y sacramentos&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sacramentalidad de la Iglesia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;16. El Concilio Vaticano II ha recordado que « los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo. Así, los hombres son invitados y llevados a ofrecerse a sí mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas junto con Cristo ».&lt;a id="_ftnref41" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn41" name="_ftnref41" title=""&gt;[41]&lt;/a&gt; Esta relación íntima de la Eucaristía con los otros sacramentos y con la existencia cristiana se comprende en su raíz cuando se contempla el misterio de la Iglesia como sacramento.&lt;a id="_ftnref42" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn42" name="_ftnref42" title=""&gt;[42]&lt;/a&gt; A este propósito, el Concilio Vaticano II afirma que « La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano ».&lt;a id="_ftnref43" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn43" name="_ftnref43" title=""&gt;[43]&lt;/a&gt; Ella, como dice san Cipriano, en cuanto « pueblo convocado por el unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo »,&lt;a id="_ftnref44" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn44" name="_ftnref44" title=""&gt;[44]&lt;/a&gt; es sacramento de la comunión trinitaria.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;El hecho de que la Iglesia sea « sacramento universal de salvación »&lt;a id="_ftnref45" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn45" name="_ftnref45" title=""&gt;[45]&lt;/a&gt; muestra cómo la « economía » sacramental determina en último término el modo cómo Cristo, único Salvador, mediante el Espíritu llega a nuestra existencia en sus circunstancias específicas. La Iglesia &lt;em&gt;se recibe&lt;/em&gt; y al mismo tiempo &lt;em&gt;se expresa&lt;/em&gt; en los siete sacramentos, mediante los cuales la gracia de Dios influye concretamente en los fieles para que toda su vida, redimida por Cristo, se convierta en culto agradable a Dios. En esta perspectiva, deseo subrayar aquí algunos elementos, señalados por los Padres sinodales, que pueden ayudar a comprender la relación de todos los sacramentos con el misterio eucarístico.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;I. &lt;a id="Eucaristía_e_iniciación_cristiana" name="Eucaristía_e_iniciación_cristiana"&gt;Eucaristía e iniciación cristiana&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía, plenitud de la iniciación cristiana&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;17. Puesto que la Eucaristía es verdaderamente fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, el camino de iniciación cristiana tiene como punto de referencia la posibilidad de acceder a este sacramento. A este respecto, como han dicho los Padres sinodales, hemos de preguntarnos si en nuestras comunidades cristianas se percibe de manera suficiente el estrecho vínculo que hay entre el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.&lt;a id="_ftnref46" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn46" name="_ftnref46" title=""&gt;[46]&lt;/a&gt; En efecto, nunca debemos olvidar que somos bautizados y confirmados en orden a la Eucaristía. Esto requiere el esfuerzo de favorecer en la acción pastoral una comprensión más unitaria del proceso de iniciación cristiana. El sacramento del Bautismo, mediante el cual nos conformamos con Cristo,&lt;a id="_ftnref47" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn47" name="_ftnref47" title=""&gt;[47]&lt;/a&gt; nos incorporamos a la Iglesia y nos convertimos en hijos de Dios, es la puerta para todos los sacramentos. Con él se nos integra en el único Cuerpo de Cristo (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 12,13), pueblo sacerdotal. Sin embargo, la participación en el Sacrificio eucarístico perfecciona en nosotros lo que nos ha sido dado en el Bautismo. Los dones del Espíritu se dan también para la edificación del Cuerpo de Cristo (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 12) y para un mayor testimonio evangélico en el mundo.&lt;a id="_ftnref48" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn48" name="_ftnref48" title=""&gt;[48]&lt;/a&gt; Así pues, la santísima Eucaristía lleva la iniciación cristiana a su plenitud y es como el centro y el fin de toda la vida sacramental.&lt;a id="_ftnref49" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn49" name="_ftnref49" title=""&gt;[49]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Orden de los sacramentos de la iniciación&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;18. A este respeto es necesario prestar atención al tema del orden de los Sacramentos de la iniciación. En la Iglesia hay tradiciones diferentes. Esta diversidad se manifiesta claramente en las costumbres eclesiales de Oriente,&lt;a id="_ftnref50" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn50" name="_ftnref50" title=""&gt;[50]&lt;/a&gt; y en la misma praxis occidental por lo que se refiere a la iniciación de los adultos,&lt;a id="_ftnref51" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn51" name="_ftnref51" title=""&gt;[51]&lt;/a&gt; a diferencia de la de los niños.&lt;a id="_ftnref52" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn52" name="_ftnref52" title=""&gt;[52]&lt;/a&gt; Sin embargo, no se trata propiamente de diferencias de orden dogmático, sino de carácter pastoral. Concretamente, es necesario verificar qué praxis puede efectivamente ayudar mejor a los fieles a poner de relieve el sacramento de la Eucaristía como aquello a lo que tiende toda la iniciación. En estrecha colaboración con los competentes Dicasterios de la Curia Romana, las Conferencias Episcopales han de verificar la eficacia de los actuales procesos de iniciación, para ayudar cada vez más al cristiano a madurar con la acción educadora de nuestras comunidades, y llegue a asumir en su vida una impronta auténticamente eucarística, que le haga capaz de dar razón de la propia esperanza de modo adecuado en nuestra época (cf. &lt;em&gt;1 P&lt;/em&gt; 3,15).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Iniciación, comunidad eclesial y familia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;19. Se ha de tener siempre presente que toda la iniciación cristiana es un camino de conversión, que se debe recorrer con la ayuda de Dios y en constante referencia a la comunidad eclesial, ya sea cuando es el adulto mismo quien solicita entrar en la Iglesia, como ocurre en los lugares de primera evangelización y en muchas zonas secularizadas, o bien cuando son los padres los que piden los Sacramentos para sus hijos. A este respecto, deseo llamar la atención de modo especial sobre la relación que hay entre iniciación cristiana y familia. En la acción pastoral se tiene que asociar siempre la familia cristiana al itinerario de iniciación. Recibir el Bautismo, la Confirmación y acercarse por primera vez a la Eucaristía, son momentos decisivos no sólo para la persona que los recibe sino también para toda la familia, la cual ha de ser ayudada en su tarea educativa por la comunidad eclesial, con la participación de sus diversos miembros.&lt;a id="_ftnref53" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn53" name="_ftnref53" title=""&gt;[53]&lt;/a&gt; Quisiera subrayar aquí la importancia de la primera Comunión. Para tantos fieles este día queda grabado en la memoria con razón como el primer momento en que, aunque de modo todavía inicial, se percibe la importancia del encuentro personal con Jesús. La pastoral parroquial debe valorar adecuadamente esta ocasión tan significativa.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;II. &lt;a id="Eucaristía_y_sacramento_de_la_Reconciliación" name="Eucaristía_y_sacramento_de_la_Reconciliación"&gt;Eucaristía y sacramento de la Reconciliación&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Su relación intrínseca&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;20. Los Padres sinodales han afirmado que el amor a la Eucaristía lleva también a apreciar cada vez más el sacramento de la Reconciliación.&lt;a id="_ftnref54" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn54" name="_ftnref54" title=""&gt;[54]&lt;/a&gt; Debido a la relación entre estos sacramentos, una auténtica catequesis sobre el sentido de la Eucaristía no puede separarse de la propuesta de un camino penitencial (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 11,27-29). Efectivamente, como se constata en la actualidad, los fieles se encuentran inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado,&lt;a id="_ftnref55" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn55" name="_ftnref55" title=""&gt;[55]&lt;/a&gt; favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la comunión sacramental.&lt;a id="_ftnref56" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn56" name="_ftnref56" title=""&gt;[56]&lt;/a&gt; En realidad, perder la conciencia de pecado comporta siempre también una cierta superficialidad en la forma de comprender el amor mismo de Dios. Ayuda mucho a los fieles recordar aquellos elementos que, dentro del rito de la santa Misa, expresan la conciencia del propio pecado y al mismo tiempo la misericordia de Dios.&lt;a id="_ftnref57" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn57" name="_ftnref57" title=""&gt;[57]&lt;/a&gt; Además, la relación entre la Eucaristía y la Reconciliación nos recuerda que el pecado nunca es algo exclusivamente individual; siempre comporta también una herida para la comunión eclesial, en la que estamos insertados por el Bautismo. Por esto la Reconciliación, como dijeron los Padres de la Iglesia, es &lt;em&gt;laboriosus quidam baptismus&lt;/em&gt;,&lt;a id="_ftnref58" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn58" name="_ftnref58" title=""&gt;[58]&lt;/a&gt; subrayando de esta manera que el resultado del camino de conversión supone el restablecimiento de la plena comunión eclesial, expresada al acercarse de nuevo a la Eucaristía.&lt;a id="_ftnref59" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn59" name="_ftnref59" title=""&gt;[59]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Algunas observaciones pastorales&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;21. El Sínodo ha recordado que es cometido pastoral del Obispo promover en su propia diócesis una firme recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la Eucaristía, y fomentar entre los fieles la confesión frecuente. Todos los sacerdotes deben dedicarse con generosidad, empeño y competencia a la administración del sacramento de la Reconciliación.&lt;a id="_ftnref60" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn60" name="_ftnref60" title=""&gt;[60]&lt;/a&gt; A este propósito se debe procurar que los confesionarios de nuestras iglesias estén bien visibles y sean expresión del significado de este Sacramento. Pido a los Pastores que vigilen atentamente sobre la celebración del sacramento de la Reconciliación, limitando la praxis de la absolución general exclusivamente a los casos previstos,&lt;a id="_ftnref61" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn61" name="_ftnref61" title=""&gt;[61]&lt;/a&gt; siendo la celebración personal la única forma ordinaria.&lt;a id="_ftnref62" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn62" name="_ftnref62" title=""&gt;[62]&lt;/a&gt; Frente a la necesidad de redescubrir el perdón sacramental, debe haber siempre un &lt;em&gt;Penitenciario&lt;/em&gt; &lt;a id="_ftnref63" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn63" name="_ftnref63" title=""&gt;[63]&lt;/a&gt; en todas las diócesis. En fin, una praxis equilibrada y profunda de la &lt;em&gt;indulgencia&lt;/em&gt;, obtenida para sí o para los difuntos, puede ser una ayuda válida para una nueva toma de conciencia de la relación entre Eucaristía y Reconciliación. Con la indulgencia se gana « la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en lo referente a la culpa ».&lt;a id="_ftnref64" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn64" name="_ftnref64" title=""&gt;[64]&lt;/a&gt; El recurso a las indulgencias nos ayuda a comprender que sólo con nuestras fuerzas no podremos reparar el mal realizado y que los pecados de cada uno dañan a toda la comunidad; por otra parte, la práctica de la indulgencia, implicando, además de la doctrina de los méritos infinitos de Cristo, la de la comunión de los santos, enseña « la íntima unión con que estamos vinculados a Cristo, y la gran importancia que tiene para los demás la vida sobrenatural de cada uno ».&lt;a id="_ftnref65" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn65" name="_ftnref65" title=""&gt;[65]&lt;/a&gt; Esta práctica de la indulgencia puede ayudar eficazmente a los fieles en el camino de conversión y a descubrir el carácter central de la Eucaristía en la vida cristiana, ya que las condiciones que prevé su misma forma incluye el acercarse a la confesión y a la comunión sacramental.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;III. &lt;a id="Eucaristía_y_Unción_de_los_enfermos" name="Eucaristía_y_Unción_de_los_enfermos"&gt;Eucaristía y Unción de los enfermos&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;22. Jesús no ha enviado solamente a sus discípulos a curar a los enfermos (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 10,8; &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 9,2; 10,9), sino que ha instituido también para ellos un sacramento específico: la Unción de los enfermos.&lt;a id="_ftnref66" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn66" name="_ftnref66" title=""&gt;[66]&lt;/a&gt; La &lt;em&gt;Carta de Santiago&lt;/em&gt; atestigua ya la existencia de este gesto sacramental en la primera comunidad cristiana (cf. 5,14-16). Si la Eucaristía muestra cómo los sufrimientos y la muerte de Cristo se han transformado en amor, la Unción de los enfermos, por su parte, asocia al que sufre al ofrecimiento que Cristo ha hecho de sí para la salvación de todos, de tal manera que él también pueda, en el misterio de la comunión de los santos, participar en la redención del mundo. La relación entre estos sacramentos se manifiesta, además, en el momento en que se agrava la enfermedad: « A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático ».&lt;a id="_ftnref67" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn67" name="_ftnref67" title=""&gt;[67]&lt;/a&gt; En el momento de pasar al Padre, la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo se manifiesta como semilla de vida eterna y potencia de resurrección: « El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,54). Puesto que el santo Viático abre al enfermo la plenitud del misterio pascual, es necesario asegurarle su recepción.&lt;a id="_ftnref68" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn68" name="_ftnref68" title=""&gt;[68]&lt;/a&gt;) La atención y el cuidado pastoral de los enfermos redunda sin duda en beneficio espiritual de toda la comunidad, sabiendo que lo que hayamos hecho al más pequeño se lo hemos hecho a Jesús mismo (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 25,40).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;IV. &lt;a id="Eucaristía_y_sacramento_del_Orden" name="Eucaristía_y_sacramento_del_Orden"&gt;Eucaristía y sacramento del Orden&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;In persona Christi capitis&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;23. La relación intrínseca entre Eucaristía y sacramento del Orden se desprende de las mismas palabras de Jesús en el Cenáculo: « haced esto en conmemoración mía » (&lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 22,19). En efecto, la víspera de su muerte, Jesús instituyó la Eucaristía y fundó al mismo tiempo &lt;em&gt;el sacerdocio de la nueva Alianza&lt;/em&gt;. Él es sacerdote, víctima y altar: mediador entre Dios Padre y el pueblo (cf. &lt;em&gt;Hb&lt;/em&gt; 5,5-10), víctima de expiación (cf. &lt;em&gt;1 Jn&lt;/em&gt; 2,2; 4,10) que se ofrece a sí mismo en el altar de la cruz. Nadie puede decir « esto es mi cuerpo » y « éste es el cáliz de mi sangre » si no es en el nombre y en la persona de Cristo, único sumo sacerdote de la nueva y eterna Alianza (cf. &lt;em&gt;Hb&lt;/em&gt; 8-9). El Sínodo de los Obispos en otras asambleas trató ya el tema del sacerdocio ordenado, tanto por lo que se refiere a la identidad del ministerio&lt;a id="_ftnref69" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn69" name="_ftnref69" title=""&gt;[69]&lt;/a&gt; como a la formación de los candidatos.&lt;a id="_ftnref70" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn70" name="_ftnref70" title=""&gt;[70]&lt;/a&gt; Ahora, a la luz del diálogo tenido en la última Asamblea sinodal, creo oportuno recordar algunos valores sobre la relación entre la Eucaristía y el Orden. Ante todo, se ha de reafirmar que el vínculo entre el Orden sagrado y la Eucaristía se hace visible precisamente en la Misa presidida por el Obispo o el presbítero &lt;em&gt;en la persona de Cristo como cabeza&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;La doctrina de la Iglesia considera la ordenación sacerdotal condición imprescindible para la celebración válida de la Eucaristía.&lt;a id="_ftnref71" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn71" name="_ftnref71" title=""&gt;[71]&lt;/a&gt; En efecto, « en el servicio eclesial del ministerio ordenado es Cristo mismo quien está presente en su Iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, sumo sacerdote del sacrificio redentor ».&lt;a id="_ftnref72" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn72" name="_ftnref72" title=""&gt;[72]&lt;/a&gt; Ciertamente, el ministro ordenado « actúa también en nombre de toda la Iglesia cuando presenta a Dios la oración de la Iglesia y sobre todo cuando ofrece el sacrificio eucarístico ».&lt;a id="_ftnref73" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn73" name="_ftnref73" title=""&gt;[73]&lt;/a&gt; Es necesario, por tanto, que los sacerdotes sean conscientes de que nunca deben ponerse ellos mismos o sus opiniones en el primer plano de su ministerio, sino a Jesucristo. Todo intento de ponerse a sí mismos como protagonistas de la acción litúrgica contradice la identidad sacerdotal. Antes que nada, el sacerdote es servidor y tiene que esforzarse continuamente en ser signo que, como dócil instrumento en sus manos, se refiere a Cristo. Esto se expresa particularmente en la humildad con la que el sacerdote dirige la acción litúrgica, obedeciendo y correspondiendo con el corazón y la mente al rito, evitando todo lo que pueda dar precisamente la sensación de un protagonismo inoportuno. Recomiendo, por tanto, al clero profundizar siempre en la conciencia del propio ministerio eucarístico como un humilde servicio a Cristo y a su Iglesia. El sacerdocio, como decía san Agustín, es &lt;em&gt;amoris officium&lt;/em&gt;,&lt;a id="_ftnref74" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn74" name="_ftnref74" title=""&gt;[74]&lt;/a&gt; es el oficio del buen pastor, que da la vida por las ovejas (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 10,14-15).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y celibato sacerdotal&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;24. Los Padres sinodales han querido subrayar que el sacerdocio ministerial requiere, mediante la Ordenación, la plena configuración con Cristo. Respetando la praxis y las tradiciones orientales diferentes, es necesario reafirmar el sentido profundo del celibato sacerdotal, considerado justamente como una riqueza inestimable y confirmado por la praxis oriental de elegir como obispos sólo entre los que viven el celibato, y que tiene en gran estima la opción por el celibato que hacen numerosos presbíteros. En efecto, esta opción del sacerdote es una expresión peculiar de la entrega que lo conforma con Cristo y de la entrega exclusiva de sí mismo por el Reino de Dios.&lt;a id="_ftnref75" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn75" name="_ftnref75" title=""&gt;[75]&lt;/a&gt; El hecho de que Cristo mismo, sacerdote para siempre, viviera su misión hasta el sacrificio de la cruz en estado de virginidad es el punto de referencia seguro para entender el sentido de la tradición de la Iglesia latina a este respecto. Así pues, no basta con comprender el celibato sacerdotal en términos meramente funcionales. En realidad, representa una especial conformación con el estilo de vida del propio Cristo. Dicha opción es ante todo esponsal; es una identificación con el corazón de Cristo Esposo que da la vida por su Esposa. Junto con la gran tradición eclesial, con el Concilio Vaticano II&lt;a id="_ftnref76" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn76" name="_ftnref76" title=""&gt;[76]&lt;/a&gt; y con los Sumos Pontífices predecesores míos,&lt;a id="_ftnref77" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn77" name="_ftnref77" title=""&gt;[77]&lt;/a&gt; reafirmo la belleza y la importancia de una vida sacerdotal vivida en el celibato, como signo que expresa la dedicación total y exclusiva a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios, y confirmo por tanto su carácter obligatorio para la tradición latina. El celibato sacerdotal, vivido con madurez, alegría y dedición, es una grandísima bendición para la Iglesia y para la sociedad misma.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Escasez de clero y pastoral vocacional&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;25. A propósito del vínculo entre el sacramento del Orden y la Eucaristía, el Sínodo se ha detenido sobre la preocupación que ocasiona en muchas diócesis la escasez de sacerdotes. Esto ocurre no sólo en algunas zonas de primera evangelización, sino también en muchos países de larga tradición cristiana. Ciertamente, una distribución del clero más ecuánime favorecería la solución del problema. Es preciso, además, hacer un trabajo de sensibilización capilar. Los Obispos han de implicar a los Institutos de Vida consagrada y a las nuevas realidades eclesiales en las necesidades pastorales, respetando su propio carisma, y pidan a todos los miembros del clero una mayor disponibilidad para servir a la Iglesia allí dónde sea necesario, aunque comporte sacrificio.&lt;a id="_ftnref78" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn78" name="_ftnref78" title=""&gt;[78]&lt;/a&gt; En el Sínodo se ha discutido también sobre las iniciativas pastorales que se han de emprender para favorecer, sobre todo en los jóvenes, la apertura interior a la vocación sacerdotal. Esta situación no se puede solucionar con simples medidas pragmáticas. Se ha de evitar que los Obispos, movidos por comprensibles preocupaciones por la falta de clero, omitan un adecuado discernimiento vocacional y admitan a la formación específica, y a la ordenación, candidatos sin los requisitos necesarios para el servicio sacerdotal.&lt;a id="_ftnref79" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn79" name="_ftnref79" title=""&gt;[79]&lt;/a&gt; Un clero no suficientemente formado, admitido a la ordenación sin el debido discernimiento, difícilmente podrá ofrecer un testimonio adecuado para suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo. La pastoral vocacional, en realidad, tiene que implicar a toda la comunidad cristiana en todos sus ámbitos.&lt;a id="_ftnref80" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn80" name="_ftnref80" title=""&gt;[80]&lt;/a&gt; Obviamente, en este trabajo pastoral capilar se incluye también la acción de sensibilización de las familias, a menudo indiferentes si no contrarias incluso a la hipótesis de la vocación sacerdotal. Que se abran con generosidad al don de la vida y eduquen a los hijos a ser disponibles ante la voluntad de Dios. En síntesis, hace falta sobre todo tener la valentía de proponer a los jóvenes la radicalidad del seguimiento de Cristo, mostrando su atractivo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Gratitud y esperanza&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;26. Es necesario tener mayor fe y esperanza en la iniciativa divina. Aunque en algunas regiones haya escasez de clero, nunca debe faltar la confianza de que Cristo sigue suscitando hombres que, dejando cualquier otra ocupación, se dediquen totalmente a la celebración de los sagrados misterios, a la predicación del Evangelio y al ministerio pastoral. Deseo aprovechar esta ocasión para dar las gracias, en nombre de la Iglesia entera, a todos los Obispos y presbíteros que desempeñan fielmente su propia misión con dedicación y entrega. Naturalmente, el agradecimiento de la Iglesia es también para los diáconos, a los cuales se les impone las manos « no para el sacerdocio sino para el servicio ».&lt;a id="_ftnref81" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn81" name="_ftnref81" title=""&gt;[81]&lt;/a&gt; Como ha recomendado la Asamblea del Sínodo, expreso un agradecimiento especial a los presbíteros &lt;em&gt;fidei donum&lt;/em&gt;, que con competencia y generosa dedicación, sin escatimar energías en el servicio a la misión de la Iglesia, edifican la comunidad anunciando la Palabra de Dios y partiendo el Pan de Vida.&lt;a id="_ftnref82" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn82" name="_ftnref82" title=""&gt;[82]&lt;/a&gt; En fin, hay que dar gracias a Dios por tantos sacerdotes que han sufrido hasta el sacrificio de la propia vida por servir a Cristo. En ellos se ve de manera elocuente lo que significa ser sacerdote hasta el fondo. Se trata de testimonios conmovedores que pueden inspirar a tantos jóvenes a seguir a Cristo y a dar su vida por los demás, encontrando así la vida verdadera.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;V. &lt;a id="Eucaristía_y_Matrimonio" name="Eucaristía_y_Matrimonio"&gt;Eucaristía y Matrimonio&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía, sacramento esponsal&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;27. La Eucaristía, sacramento de la caridad, muestra una particular relación con el amor entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio. Profundizar en esta relación es una necesidad propia de nuestro tiempo.&lt;a id="_ftnref83" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn83" name="_ftnref83" title=""&gt;[83]&lt;/a&gt; El Papa Juan Pablo II ha tenido muchas veces ocasión de afirmar el carácter esponsal de la Eucaristía y su peculiar relación con el sacramento del Matrimonio: « La Eucaristía es el sacramento de nuestra redención. Es el sacramento del Esposo, de la Esposa ».&lt;a id="_ftnref84" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn84" name="_ftnref84" title=""&gt;[84]&lt;/a&gt; Por otra parte, « toda la vida cristiana está marcada por el amor esponsal de Cristo y de la Iglesia. Ya el Bautismo, entrada en el Pueblo de Dios, es un misterio nupcial. Es, por así decirlo, como el baño de bodas que precede al banquete de bodas, la Eucaristía ».&lt;a id="_ftnref85" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn85" name="_ftnref85" title=""&gt;[85]&lt;/a&gt; La Eucaristía corrobora de manera inagotable la unidad y el amor indisolubles de cada Matrimonio cristiano. En él, por medio del sacramento, el vínculo conyugal se encuentra intrínsecamente ligado a la unidad eucarística entre Cristo esposo y la Iglesia esposa (cf. &lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 5,31-32). El consentimiento recíproco que marido y mujer se dan en Cristo, y que los constituye en comunidad de vida y amor, tiene también una dimensión eucarística. En efecto, en la teología paulina, el amor esponsal es signo sacramental del amor de Cristo a su Iglesia, un amor que alcanza su punto culminante en la Cruz, expresión de sus « nupcias » con la humanidad y, al mismo tiempo, origen y centro de la Eucaristía. Por eso, la Iglesia manifiesta una cercanía espiritual particular a todos los que han fundado sus familias en el sacramento del Matrimonio.&lt;a id="_ftnref86" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn86" name="_ftnref86" title=""&gt;[86]&lt;/a&gt; La familia -iglesia doméstica&lt;a id="_ftnref87" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn87" name="_ftnref87" title=""&gt;[87]&lt;/a&gt;- es un ámbito primario de la vida de la Iglesia, especialmente por el papel decisivo respecto a la educación cristiana de los hijos.&lt;a id="_ftnref88" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn88" name="_ftnref88" title=""&gt;[88]&lt;/a&gt; En este contexto, el Sínodo ha recomendado también destacar la misión singular de la mujer en la familia y en la sociedad, una misión que debe ser defendida, salvaguardada y promovida.&lt;a id="_ftnref89" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn89" name="_ftnref89" title=""&gt;[89]&lt;/a&gt; Ser esposa y madre es una realidad imprescindible que nunca debe ser menospreciada.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y unidad del matrimonio&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;28. Precisamente a la luz de esta relación intrínseca entre matrimonio, familia y Eucaristía se pueden considerar algunos problemas pastorales. El vínculo fiel, indisoluble y exclusivo que une a Cristo con la Iglesia, y que tiene su expresión sacramental en la Eucaristía, se corresponde con el dato antropológico originario según el cual el hombre debe estar unido de modo definitivo a una sola mujer y viceversa (cf. &lt;em&gt;Gn&lt;/em&gt; 2,24; &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 19,5). En este orden de ideas, el Sínodo de los Obispos ha afrontado el tema de la praxis pastoral respecto a quien, proviniendo de culturas en que se practica la poligamia, se encuentra con el anuncio del Evangelio. Quienes se hallan en dicha situación, y se abren a la fe cristiana, deben ser ayudados a integrar su proyecto humano en la novedad radical de Cristo. En el proceso del catecumenado, Cristo los asiste en su condición específica y los llama a la plena verdad del amor a través de las renuncias necesarias, en vista de la comunión eclesial perfecta. La Iglesia los acompaña con una pastoral llena de comprensión y también de firmeza,&lt;a id="_ftnref90" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn90" name="_ftnref90" title=""&gt;[90]&lt;/a&gt; sobre todo enseñándoles la luz de los misterios cristianos que se refleja en la naturaleza y los afectos humanos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía e indisolubilidad del matrimonio&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;29. Puesto que la Eucaristía expresa el amor irreversible de Dios en Cristo por su Iglesia, se entiende por qué ella requiere, en relación con el sacramento del Matrimonio, esa indisolubilidad a la que aspira todo verdadero amor.&lt;a id="_ftnref91" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn91" name="_ftnref91" title=""&gt;[91]&lt;/a&gt; Por tanto, es más que justificada la atención pastoral que el Sínodo ha dedicado a las situaciones dolorosas en que se encuentran bastantes fieles que, después de haber celebrado el sacramento del Matrimonio, se han divorciado y contraído nuevas nupcias. Se trata de un problema pastoral difícil y complejo, una verdadera plaga en el contexto social actual, que afecta de manera creciente incluso a los ambientes católicos. Los Pastores, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las diversas situaciones, para ayudar espiritualmente de modo adecuado a los fieles implicados.&lt;a id="_ftnref92" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn92" name="_ftnref92" title=""&gt;[92]&lt;/a&gt; El Sínodo de los Obispos ha confirmado la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura (cf. &lt;em&gt;Mc&lt;/em&gt; 10,2-12), de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo, porque su estado y su condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía. Sin embargo, los divorciados vueltos a casar, a pesar de su situación, siguen perteneciendo a la Iglesia, que los sigue con especial atención, con el deseo de que, dentro de lo posible, cultiven un estilo de vida cristiano mediante la participación en la santa Misa, aunque sin comulgar, la escucha de la Palabra de Dios, la Adoración eucarística, la oración, la participación en la vida comunitaria, el diálogo con un sacerdote de confianza o un director espiritual, la entrega a obras de caridad, de penitencia, y la tarea educativa de los hijos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Donde existan dudas legítimas sobre la validez del Matrimonio sacramental contraído, se debe hacer lo que sea necesario para averiguar su fundamento. Es preciso también asegurar, con pleno respeto del derecho canónico,&lt;a id="_ftnref93" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn93" name="_ftnref93" title=""&gt;[93]&lt;/a&gt; que haya tribunales eclesiásticos en el territorio, su carácter pastoral, así como su correcta y pronta actuación.&lt;a id="_ftnref94" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn94" name="_ftnref94" title=""&gt;[94]&lt;/a&gt; En cada diócesis ha de haber un número suficiente de personas preparadas para el adecuado funcionamiento de los tribunales eclesiásticos. Recuerdo que « es una obligación grave hacer que la actividad institucional de la Iglesia en los tribunales sea cada vez más cercana a los fieles ».&lt;a id="_ftnref95" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn95" name="_ftnref95" title=""&gt;[95]&lt;/a&gt; Sin embargo, se ha de evitar que la preocupación pastoral sea interpretada como una contraposición con el derecho. Más bien se debe partir del presupuesto de que &lt;em&gt;el amor por la verdad&lt;/em&gt; es el punto de encuentro fundamental entre el derecho y la pastoral: en efecto, la verdad nunca es abstracta, sino que « se integra en el itinerario humano y cristiano de cada fiel ».&lt;a id="_ftnref96" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn96" name="_ftnref96" title=""&gt;[96]&lt;/a&gt; Por esto, cuando no se reconoce la nulidad del vínculo matrimonial y se dan las condiciones objetivas que hacen la convivencia irreversible de hecho, la Iglesia anima a estos fieles a esforzarse en vivir su relación según las exigencias de la ley de Dios, como amigos, como hermano y hermana; así podrán acercarse a la mesa eucarística, según las disposiciones previstas por la praxis eclesial. Para que semejante camino sea posible y produzca frutos, debe contar con la ayuda de los pastores y con iniciativas eclesiales apropiadas, evitando en todo caso la bendición de estas relaciones, para que no surjan confusiones entre los fieles sobre del valor del matrimonio.&lt;a id="_ftnref97" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn97" name="_ftnref97" title=""&gt;[97]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Debido a la complejidad del contexto cultural en que vive la Iglesia en muchos países, el Sínodo recomienda tener el máximo cuidado pastoral en la formación de los novios y en la verificación previa de sus convicciones sobre los compromisos irrenunciables para la validez del sacramento del Matrimonio. Un discernimiento serio sobre este punto podrá evitar que los dos jóvenes, movidos por impulsos emotivos o razones superficiales, asuman responsabilidades que luego no sabrían respetar.&lt;a id="_ftnref98" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn98" name="_ftnref98" title=""&gt;[98]&lt;/a&gt; El bien que la Iglesia y toda la sociedad esperan del Matrimonio, y de la familia fundada sobre él, es demasiado grande como para no ocuparse a fondo de este ámbito pastoral específico. Matrimonio y familia son instituciones que deben ser promovidas y protegidas de cualquier equívoco posible sobre su auténtica verdad, porque el daño que se les hace provoca de hecho una herida a la convivencia humana como tal.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Eucaristía_y_escatología" name="Eucaristía_y_escatología"&gt;Eucaristía y escatología&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía: don al hombre en camino&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;30. Si es cierto que los sacramentos son una realidad propia de la Iglesia peregrina en el tiempo&lt;a id="_ftnref99" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn99" name="_ftnref99" title=""&gt;[99]&lt;/a&gt; hacia la plena manifestación de la victoria de Cristo resucitado, también es igualmente cierto que, especialmente en la liturgia eucarística, se nos da a pregustar el cumplimiento escatológico hacia el cual se encamina todo hombre y toda la creación (cf. &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 8,19 ss.). El hombre ha sido creado para la felicidad eterna y verdadera, que sólo el amor de Dios puede dar. Pero nuestra libertad herida se perdería si no fuera posible, ya desde ahora, experimentar algo del cumplimiento futuro. Por otra parte, todo hombre, para poder caminar en la justa dirección, necesita ser orientado hacia la meta final. Esta meta última, en realidad, es el mismo Cristo Señor, vencedor del pecado y la muerte, que se nos hace presente de modo especial en la Celebración eucarística. De este modo, aún siendo todavía como « extranjeros y forasteros » (&lt;em&gt;1 P&lt;/em&gt; 2,11) en este mundo, participamos ya por la fe de la plenitud de la vida resucitada. El banquete eucarístico, revelando su dimensión fuertemente escatológica, viene en ayuda de nuestra libertad en camino.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El banquete escatológico&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;31. Reflexionando sobre este misterio, podemos decir que, con su venida, Jesús se ha puesto en relación con la expectativa del pueblo de Israel, de toda la humanidad y, en el fondo, de la creación misma. Con el don de sí mismo, ha inaugurado objetivamente el tiempo escatológico. Cristo ha venido para congregar al Pueblo de Dios disperso (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 11,52), manifestando claramente la intención de reunir la comunidad de la alianza, para llevar a cumplimiento las promesas que Dios hizo a los antiguos padres (cf. &lt;em&gt;Jr 23&lt;/em&gt;,3; 31,10; &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 1,55.70). En la llamada de los Doce, que tiene una clara relación con las doce tribus de Israel, y en el mandato que se les hace en la última Cena, antes de su Pasión redentora, de celebrar su memorial, Jesús ha manifestado que quería trasladar a toda la comunidad fundada por Él la tarea de ser, en la historia, signo e instrumento de esa reunión escatológica, iniciada en Él. Así pues, en cada Celebración eucarística se realiza sacramentalmente la reunión escatológica del Pueblo de Dios. El banquete eucarístico es para nosotros anticipación real del banquete final, anunciado por los profetas (cf. &lt;em&gt;Is&lt;/em&gt; 25,6-9) y descrito en el Nuevo Testamento como « las bodas del cordero » (&lt;em&gt;Ap&lt;/em&gt; 19,7-9), que se ha de celebrar en la alegría de la comunión de los santos.&lt;a id="_ftnref100" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn100" name="_ftnref100" title=""&gt;[100]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Oración por los difuntos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;32. La Celebración eucarística, en la que anunciamos la muerte del Señor, proclamamos su resurrección, en la espera de su venida, es prenda de la gloria futura en la que serán glorificados también nuestros cuerpos. La esperanza de la resurrección de la carne y la posibilidad de encontrar de nuevo, cara a cara, a quienes nos han precedido en el signo de la fe, se fortalece en nosotros mediante la celebración del Memorial de nuestra salvación. En esta perspectiva, junto con los Padres sinodales, quisiera recordar a todos los fieles la importancia de la oración de sufragio por los difuntos, y en particular la celebración de santas Misas por ellos,&lt;a id="_ftnref101" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn101" name="_ftnref101" title=""&gt;[101]&lt;/a&gt; para que, una vez purificados, lleguen a la visión beatífica de Dios. Al descubrir la dimensión escatológica que tiene la Eucaristía, celebrada y adorada, se nos ayuda en nuestro camino y se nos conforta con la esperanza de la gloria (cf. &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 5,2; &lt;em&gt;Tt&lt;/em&gt; 2,13).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Eucaristía_y_la_Virgen_María" name="Eucaristía_y_la_Virgen_María"&gt;Eucaristía y la Virgen María&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;33. La relación entre la Eucaristía y cada sacramento, y el significado escatológico de los santos Misterios, ofrecen en su conjunto el perfil de la vida cristiana, llamada a ser en todo momento culto espiritual, ofrenda de sí misma agradable a Dios. Y si bien es cierto que todos nosotros estamos todavía en camino hacia el pleno cumplimiento de nuestra esperanza, esto no quita que se pueda reconocer ya ahora, con gratitud, que todo lo que Dios nos ha dado encuentra realización perfecta en la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra: su Asunción al cielo en cuerpo y alma es para nosotros un signo de esperanza segura, ya que, como peregrinos en el tiempo, nos indica la meta escatológica que el sacramento de la Eucaristía nos hace pregustar ya desde ahora.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;En María Santísima vemos también perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. María de Nazaret, desde la Anunciación a Pentecostés, aparece como la persona cuya libertad está totalmente disponible a la voluntad de Dios. Su Inmaculada Concepción se manifiesta propiamente en la docilidad incondicional a la Palabra divina. La fe obediente es la forma que asume su vida en cada instante ante la acción de Dios. Virgen a la escucha, vive en plena sintonía con la voluntad divina; conserva en su corazón las palabras que le vienen de Dios y, formando con ellas como un mosaico, aprende a comprenderlas más a fondo (cf. &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 2,19.51). María es la gran creyente que, llena de confianza, se pone en las manos de Dios, abandonándose a su voluntad.&lt;a id="_ftnref102" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn102" name="_ftnref102" title=""&gt;[102]&lt;/a&gt; Este misterio se intensifica hasta a llegar a la total implicación en la misión redentora de Jesús. Como ha afirmado el Concilio Vaticano II, « la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 19,25), sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: Mujer, ahí tienes a tu hijo ».&lt;a id="_ftnref103" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn103" name="_ftnref103" title=""&gt;[103]&lt;/a&gt; Desde la Anunciación hasta la Cruz, María es aquélla que acoge la Palabra que se hizo carne en ella y que enmudece en el silencio de la muerte. Finalmente, ella es quien recibe en sus brazos el cuerpo entregado, ya exánime, de Aquél que de verdad ha amado a los suyos « hasta el extremo » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 13,1).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Por esto, cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia. Los Padres sinodales han afirmado que « María inaugura la participación de la Iglesia en el sacrificio del Redentor ».&lt;a id="_ftnref104" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn104" name="_ftnref104" title=""&gt;[104]&lt;/a&gt; Ella es la Inmaculada que acoge incondicionalmente el don de Dios y, de esa manera, se asocia a la obra de la salvación. María de Nazaret, icono de la Iglesia naciente, es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;a id="SEGUNDA_PARTE" name="SEGUNDA_PARTE"&gt;SEGUNDA PARTE&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;EUCARISTÍA,&lt;br/&gt;MISTERIO QUE SE HA DE CELEBRAR&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;«Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo,&lt;br/&gt;sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo» (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,32)&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Lex orandi&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;lex credendi&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;34. El Sínodo de los Obispos ha reflexionado mucho sobre la relación intrínseca entre fe eucarística y celebración, poniendo de relieve el nexo entre &lt;em&gt;lex orandi&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;lex credendi&lt;/em&gt;, y subrayando la primacía de la &lt;em&gt;acción litúrgica&lt;/em&gt;. Es necesario vivir la Eucaristía como misterio de la fe celebrado auténticamente, teniendo conciencia clara de que « el &lt;em&gt;intellectus fidei&lt;/em&gt; está originariamente siempre en relación con la acción litúrgica de la Iglesia ».&lt;a id="_ftnref105" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn105" name="_ftnref105" title=""&gt;[105]&lt;/a&gt; En este ámbito, la reflexión teológica nunca puede prescindir del orden sacramental instituido por Cristo mismo. Por otra parte, la acción litúrgica nunca puede ser considerada genéricamente, prescindiendo del misterio de la fe. En efecto, la fuente de nuestra fe y de la liturgia eucarística es el mismo acontecimiento: el don que Cristo ha hecho de sí mismo en el Misterio pascual.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Belleza y liturgia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;35. La relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza. En efecto, la liturgia, como también la Revelación cristiana, está vinculada intrínsecamente con la belleza: es &lt;em&gt;veritatis splendor&lt;/em&gt;. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia sí y nos llama a la comunión. En Jesús, como solía decir san Buenaventura, contemplamos la belleza y el fulgor de los orígenes.&lt;a id="_ftnref106" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn106" name="_ftnref106" title=""&gt;[106]&lt;/a&gt; Este atributo al que nos referimos no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo, haciéndonos salir de nosotros mismos y atrayéndonos así hacia nuestra verdadera vocación: el amor.&lt;a id="_ftnref107" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn107" name="_ftnref107" title=""&gt;[107]&lt;/a&gt; Ya en la creación, Dios se deja entrever en la belleza y la armonía del cosmos (cf. &lt;em&gt;Sb&lt;/em&gt; 13,5; &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 1,19-20). Encontramos después en el Antiguo Testamento grandes signos del esplendor de la potencia de Dios, que se manifiesta con su gloria a través de los prodigios hechos en el pueblo elegido (cf. &lt;em&gt;Ex&lt;/em&gt; 14; 16,10; 24,12-18; &lt;em&gt;Nm&lt;/em&gt; 14,20-23). En el Nuevo Testamento se llega definitivamente a esta epifanía de belleza en la revelación de Dios en Jesucristo.&lt;a id="_ftnref108" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn108" name="_ftnref108" title=""&gt;[108]&lt;/a&gt; Él es la plena manifestación de la gloria divina. En la glorificación del Hijo resplandece y se comunica la gloria del Padre (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 1,14; 8,54; 12,28; 17,1). Sin embargo, esta belleza no es una simple armonía de formas; « el más bello de los hombres » (&lt;em&gt;Sal&lt;/em&gt; 45[44],33) es también, misteriosamente, quien no tiene « aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres [...], ante el cual se ocultan los rostros » (&lt;em&gt;Is&lt;/em&gt; 53,2). Jesucristo nos enseña cómo la verdad del amor sabe también transfigurar el misterio oscuro de la muerte en la luz radiante de la resurrección. Aquí el resplandor de la gloria de Dios supera toda belleza mundana. La verdadera belleza es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio pascual.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;La belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra. El memorial del sacrificio redentor lleva en sí mismo los rasgos de aquel resplandor de Jesús del cual nos han dado testimonio Pedro, Santiago y Juan cuando el Maestro, de camino hacia Jerusalén, quiso transfigurarse ante ellos (cf. &lt;em&gt;Mc&lt;/em&gt; 9,2). La belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación. Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a name="La_celebración_eucarística,_obra_del_«Christus_totus»"&gt;La celebración eucarística,&lt;br/&gt;obra del «Christus totus»&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Christus totus in capite et in corpore&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;36. La belleza intrínseca de la liturgia tiene como sujeto propio a Cristo resucitado y glorificado en el Espíritu Santo que, en su actuación, incluye a la Iglesia.&lt;a id="_ftnref109" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn109" name="_ftnref109" title=""&gt;[109]&lt;/a&gt; En esta perspectiva, es muy sugestivo recordar las palabras de san Agustín que describen elocuentemente esta dinámica de fe propia de la Eucaristía. El gran santo de Hipona, refiriéndose precisamente al Misterio eucarístico, pone de relieve cómo Cristo mismo nos asimila a sí: « Este pan que vosotros veis sobre el altar, santificado por la palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo. Este cáliz, mejor dicho, lo que contiene el cáliz, santificado por la palabra de Dios, es sangre de Cristo. Por medio de estas cosas quiso el Señor dejarnos su cuerpo y sangre, que derramó para la remisión de nuestros pecados. Si lo habéis recibido dignamente, vosotros sois eso mismo que habéis recibido ».&lt;a id="_ftnref110" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn110" name="_ftnref110" title=""&gt;[110]&lt;/a&gt; Por lo tanto, « no sólo nos hemos convertido en cristianos, sino en Cristo mismo ».&lt;a id="_ftnref111" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn111" name="_ftnref111" title=""&gt;[111]&lt;/a&gt; Podemos contemplar así la acción misteriosa de Dios que comporta la unidad profunda entre nosotros y el Señor Jesús: « En efecto, no se ha de creer que Cristo esté en la cabeza sin estar también en el cuerpo, sino que está enteramente en la cabeza y en el cuerpo ».&lt;a id="_ftnref112" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn112" name="_ftnref112" title=""&gt;[112]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y Cristo resucitado&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;37. Puesto que la liturgia eucarística es esencialmente &lt;em&gt;actio Dei&lt;/em&gt; que nos une a Jesús a través del Espíritu, su fundamento no está sometido a nuestro arbitrio ni puede ceder a la presión de la moda del momento. En esto también es válida la afirmación indiscutible de san Pablo: « Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo » (&lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 3,11). El Apóstol de los gentiles nos asegura además que, por lo que se refiere a la Eucaristía, no nos transmite su doctrina personal, sino lo que él, a su vez, ha recibido (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 11,23). En efecto, la celebración de la Eucaristía implica la Tradición viva. A partir de la experiencia del Resucitado y de la efusión del Espíritu Santo, la Iglesia celebra el Sacrificio eucarístico obedeciendo el mandato de Cristo. Por este motivo, al inicio, la comunidad cristiana se reúne el día del Señor para la &lt;em&gt;fractio panis&lt;/em&gt;. El día en que Cristo ha resucitado de entre los muertos, el domingo, es también el primer día de la semana, el día que según la tradición veterotestamentaria representaba el principio de la creación. Ahora, el día de la creación se ha convertido en el día de la « nueva creación », el día de nuestra liberación en el que conmemoramos a Cristo muerto y resucitado.&lt;a id="_ftnref113" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn113" name="_ftnref113" title=""&gt;[113]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Ars_celebrandi_" name="Ars_celebrandi_"&gt;Ars celebrandi&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;38. En los trabajos sinodales se ha insistido varias veces en la necesidad de superar cualquier posible separación entre el &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt;, es decir, el arte de celebrar rectamente, y la participación plena, activa y fructuosa de todos los fieles. Efectivamente, el primer modo con el que se favorece la participación del Pueblo de Dios en el Rito sagrado es la adecuada celebración del Rito mismo. El &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt; es la mejor premisa para la &lt;em&gt;actuosa participatio&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref114" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn114" name="_ftnref114" title=""&gt;[114]&lt;/a&gt; El &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt; proviene de la obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud, pues es precisamente este modo de celebrar lo que asegura desde hace dos mil años la vida de fe de todos los creyentes, los cuales están llamados a vivir la celebración como Pueblo de Dios, sacerdocio real, nación santa (cf. &lt;em&gt;1 P&lt;/em&gt; 2,4-5.9).&lt;a id="_ftnref115" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn115" name="_ftnref115" title=""&gt;[115]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El Obispo, liturgo por excelencia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;39. Si bien es cierto que todo el Pueblo de Dios participa en la Liturgia eucarística, en el correcto &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt; tienen un papel imprescindible los que han recibido el sacramento del Orden. Obispos, sacerdotes y diáconos, cada uno según su propio grado, han de considerar la celebración como su deber principal.&lt;a id="_ftnref116" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn116" name="_ftnref116" title=""&gt;[116]&lt;/a&gt; En primer lugar el Obispo diocesano: en efecto, él, como « primer dispensador de los misterios de Dios en la Iglesia particular a él confiada, es el guía, el promotor y custodio de toda la vida litúrgica ».&lt;a id="_ftnref117" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn117" name="_ftnref117" title=""&gt;[117]&lt;/a&gt; Todo esto es decisivo para la vida de la Iglesia particular, no sólo porque la comunión con el Obispo es la condición para que toda celebración en su territorio sea legítima, sino también porque él mismo es por excelencia el liturgo de su propia Iglesia.&lt;a id="_ftnref118" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn118" name="_ftnref118" title=""&gt;[118]&lt;/a&gt; A él corresponde salvaguardar la unidad concorde de las celebraciones en su diócesis. Por tanto, ha de ser un « compromiso del Obispo hacer que los presbíteros, diáconos y los fieles comprendan cada vez mejor el sentido auténtico de los ritos y los textos litúrgicos, y así se les guíe hacia una celebración de la Eucaristía activa y fructuosa ».&lt;a id="_ftnref119" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn119" name="_ftnref119" title=""&gt;[119]&lt;/a&gt; En particular, exhorto a cumplir todo lo necesario para que las celebraciones litúrgicas oficiadas por el Obispo en la iglesia Catedral respeten plenamente el &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt;, de modo que puedan ser consideradas como modelo para todas las iglesias de su territorio.&lt;a id="_ftnref120" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn120" name="_ftnref120" title=""&gt;[120]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Respeto de los libros litúrgicos y de la riqueza de los signos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;40. Por consiguiente, al subrayar la importancia del &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt;, se pone de relieve el valor de las normas litúrgicas.&lt;a id="_ftnref121" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn121" name="_ftnref121" title=""&gt;[121]&lt;/a&gt; El &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt; ha de favorecer el sentido de lo sagrado y el uso de las formas exteriores que educan para ello, como, por ejemplo, la armonía del rito, los ornamentos litúrgicos, la decoración y el lugar sagrado. Favorece la celebración eucarística que los sacerdotes y los responsables de la pastoral litúrgica se esfuercen en dar a conocer los libros litúrgicos vigentes y las respectivas normas, resaltando las grandes riquezas de la &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt; y de la &lt;em&gt;Ordenación de las Lecturas de la Misa.&lt;/em&gt; En las comunidades eclesiales se da quizás por descontado que se conocen y aprecian, pero a menudo no es así. En realidad, son textos que contienen riquezas que custodian y expresan la fe, así como el camino del Pueblo de Dios a lo largo de dos milenios de historia. Para una adecuada &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt; es igualmente importante la atención a todas las formas de lenguaje previstas por la liturgia: palabra y canto, gestos y silencios, movimiento del cuerpo, colores litúrgicos de los ornamentos. En efecto, la liturgia tiene por su naturaleza una variedad de formas de comunicación que abarcan todo el ser humano. La sencillez de los gestos y la sobriedad de los signos, realizados en el orden y en los tiempos previstos, comunican y atraen más que la artificiosidad de añadiduras inoportunas. La atención y la obediencia de la estructura propia del ritual, a la vez que manifiestan el reconocimiento del carácter de la Eucaristía como don, expresan la disposición del ministro para acoger con dócil gratitud dicho don inefable.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El arte al servicio de la celebración&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;41. La relación profunda entre la belleza y la liturgia nos lleva a considerar con atención todas las expresiones artísticas que se ponen al servicio de la celebración.&lt;a id="_ftnref122" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn122" name="_ftnref122" title=""&gt;[122]&lt;/a&gt; Un elemento importante del arte sacro es ciertamente &lt;em&gt;la arquitectura&lt;/em&gt; de las iglesias,&lt;a id="_ftnref123" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn123" name="_ftnref123" title=""&gt;[123]&lt;/a&gt; en las que debe resaltar la unidad entre los elementos propios del presbiterio: altar, crucifijo, tabernáculo, ambón, sede. A este respecto, se ha de tener presente que el objetivo de la arquitectura sacra es ofrecer a la Iglesia, que celebra los misterios de la fe, en particular la Eucaristía, el espacio más apto para el desarrollo adecuado de su acción litúrgica.&lt;a id="_ftnref124" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn124" name="_ftnref124" title=""&gt;[124]&lt;/a&gt; En efecto, la naturaleza del templo cristiano se define por la acción litúrgica misma, que implica la reunión de los fieles (&lt;em&gt;ecclesia&lt;/em&gt;), los cuales son las piedras vivas del templo (cf. &lt;em&gt;1 P&lt;/em&gt; 2,5).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;El mismo principio vale para todo el arte sacro, especialmente la pintura y la escultura, en los que la iconografía religiosa se ha de orientar a la mistagogía sacramental. Un conocimiento profundo de las formas que el arte sacro ha producido a lo largo de los siglos puede ser de gran ayuda para los que tienen la responsabilidad de encomendar a arquitectos y artistas obras relacionadas con la acción litúrgica. Por tanto, es indispensable que en la formación de los seminaristas y de los sacerdotes se incluya la historia del arte como materia importante, con especial referencia a los edificios de culto, según las normas litúrgicas. Es necesario que en todo lo que concierne a la Eucaristía haya gusto por la belleza. Se debe también respetar y cuidar los ornamentos, la decoración, los vasos sagrados, para que, dispuestos de modo orgánico y ordenado entre sí, fomenten el asombro ante el misterio de Dios, manifiesten la unidad de la fe y refuercen la devoción.&lt;a id="_ftnref125" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn125" name="_ftnref125" title=""&gt;[125]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El canto litúrgico&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;42. En el &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt; desempeña un papel importante el canto litúrgico.&lt;a id="_ftnref126" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn126" name="_ftnref126" title=""&gt;[126]&lt;/a&gt; Con razón afirma san Agustín en un famoso sermón: « El hombre nuevo conoce el cántico nuevo. El cantar es función de alegría y, si lo consideramos atentamente, función de amor ».&lt;a id="_ftnref127" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn127" name="_ftnref127" title=""&gt;[127]&lt;/a&gt; El Pueblo de Dios reunido para la celebración canta las alabanzas de Dios. La Iglesia, en su bimilenaria historia, ha compuesto y sigue componiendo música y cantos que son un patrimonio de fe y de amor que no se ha de perder. Ciertamente, no podemos decir que en la liturgia sirva cualquier canto. A este respecto, se ha de evitar la fácil improvisación o la introducción de géneros musicales no respetuosos del sentido de la liturgia. Como elemento litúrgico, el canto debe estar en consonancia con la identidad propia de la celebración.&lt;a id="_ftnref128" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn128" name="_ftnref128" title=""&gt;[128]&lt;/a&gt; Por consiguiente, todo -el texto, la melodía, la ejecución- ha de corresponder al sentido del misterio celebrado, a las partes del rito y a los tiempos litúrgicos.&lt;a id="_ftnref129" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn129" name="_ftnref129" title=""&gt;[129]&lt;/a&gt; Finalmente, si bien se han de tener en cuenta las diversas tendencias y tradiciones tan loables, deseo, como han pedido los Padres sinodales, que se valore adecuadamente el canto gregoriano&lt;a id="_ftnref130" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn130" name="_ftnref130" title=""&gt;[130]&lt;/a&gt; como canto propio de la liturgia romana.&lt;a id="_ftnref131" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn131" name="_ftnref131" title=""&gt;[131]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Estructura_de_la_celebración_eucarística" name="Estructura_de_la_celebración_eucarística"&gt;Estructura de la celebración eucarística&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;43. Después de haber recordado los elementos básicos del &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt; puestos de relieve en los trabajos sinodales, quisiera llamar la atención de modo más concreto sobre algunas partes de la estructura de la celebración eucarística que requieren un especial cuidado en nuestro tiempo, para ser fieles a la intención profunda de la renovación litúrgica deseada por el Concilio Vaticano II, en continuidad con toda la gran tradición eclesial.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Unidad intrínseca de la acción litúrgica&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;44. Ante todo, hay que considerar la unidad intrínseca del rito de la santa Misa. Se ha de evitar que, tanto en la catequesis como en el modo de la celebración, se dé lugar a una visión yuxtapuesta de las dos partes del rito. La liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística -además de los ritos de introducción y conclusión- « están estrechamente unidas entre sí y forman un único acto de culto ».&lt;a id="_ftnref132" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn132" name="_ftnref132" title=""&gt;[132]&lt;/a&gt; En efecto, la Palabra de Dios y la Eucaristía están intrínsecamente unidas. Escuchando la Palabra de Dios nace o se fortalece la fe (cf. &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 10,17); en la Eucaristía, el Verbo hecho carne se nos da como alimento espiritual.&lt;a id="_ftnref133" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn133" name="_ftnref133" title=""&gt;[133]&lt;/a&gt; Así pues, « la Iglesia recibe y ofrece a los fieles el Pan de vida en las dos mesas de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo ».&lt;a id="_ftnref134" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn134" name="_ftnref134" title=""&gt;[134]&lt;/a&gt; Por tanto, se ha de tener constantemente presente que la Palabra de Dios, que la Iglesia lee y proclama en la liturgia, lleva a la Eucaristía como a su fin connatural.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Liturgia de la Palabra&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;45. Junto con el Sínodo, pido que la liturgia de la Palabra se prepare y se viva siempre de manera adecuada. Por tanto, recomiendo vivamente que en la liturgia se ponga gran atención a la proclamación de la Palabra de Dios por parte de lectores bien instruidos. Nunca olvidemos que « cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su Pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio ».&lt;a id="_ftnref135" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn135" name="_ftnref135" title=""&gt;[135]&lt;/a&gt; Si las circunstancias lo aconsejan, se puede pensar en unas breves moniciones que ayuden a los fieles a una mejor disposición. Para comprenderla bien, la Palabra de Dios ha de ser escuchada y acogida con espíritu eclesial y siendo conscientes de su unidad con el Sacramento eucarístico. En efecto, la Palabra que anunciamos y escuchamos es el Verbo hecho carne (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 1,14), y hace referencia intrínseca a la persona de Cristo y a su permanencia de manera sacramental. Cristo no habla en el pasado, sino en nuestro presente, ya que Él mismo está presente en la acción litúrgica. En esta perspectiva sacramental de la revelación cristiana,&lt;a id="_ftnref136" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn136" name="_ftnref136" title=""&gt;[136]&lt;/a&gt; el conocimiento y el estudio de la Palabra de Dios nos permite apreciar, celebrar y vivir mejor la Eucaristía. A este respecto, se aprecia también en toda su verdad la afirmación, según la cual « desconocer la Escritura es desconocer a Cristo ».&lt;a id="_ftnref137" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn137" name="_ftnref137" title=""&gt;[137]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Para lograr todo esto es necesario ayudar a los fieles a apreciar los tesoros de la Sagrada Escritura en el leccionario, mediante iniciativas pastorales, celebraciones de la Palabra y la lectura meditada (&lt;em&gt;lectio divina&lt;/em&gt;). Tampoco se ha de olvidar promover las formas de oración conservadas en la tradición, la Liturgia de las Horas, sobre todo Laudes, Vísperas, Completas y también las celebraciones de vigilias. El rezo de los Salmos, las lecturas bíblicas y las de la gran tradición del Oficio divino pueden llevar a una experiencia profunda del acontecimiento de Cristo y de la economía de la salvación, que a su vez puede enriquecer la comprensión y la participación en la celebración eucarística.&lt;a id="_ftnref138" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn138" name="_ftnref138" title=""&gt;[138]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Homilía&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;46. La necesidad de mejorar la calidad de la homilía está en relación con la importancia de la Palabra de Dios. En efecto, ésta « es parte de la acción litúrgica »; &lt;a id="_ftnref139" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn139" name="_ftnref139" title=""&gt;[139]&lt;/a&gt; tiene el cometido de favorecer una mejor comprensión y eficacia de la Palabra de Dios en la vida de los fieles. Por eso los ministros ordenados han de « preparar la homilía con esmero, basándose en un conocimiento adecuado de la Sagrada Escritura ».&lt;a id="_ftnref140" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn140" name="_ftnref140" title=""&gt;[140]&lt;/a&gt; Han de evitarse homilías genéricas o abstractas. En particular, pido a los ministros un esfuerzo para que la homilía ponga la Palabra de Dios proclamada en estrecha relación con la celebración sacramental&lt;a id="_ftnref141" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn141" name="_ftnref141" title=""&gt;[141]&lt;/a&gt; y con la vida de la comunidad, de modo que la Palabra de Dios sea realmente sustento y vigor de la Iglesia.&lt;a id="_ftnref142" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn142" name="_ftnref142" title=""&gt;[142]&lt;/a&gt; Se ha de tener presente, por tanto, la finalidad catequética y exhortativa de la homilía. Es conveniente que, partiendo del leccionario trienal, se prediquen a los fieles homilías temáticas que, a lo largo del año litúrgico, traten los grandes temas de la fe cristiana, según lo que el Magisterio propone en los cuatro « pilares » del &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/_INDEX.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; y en su reciente &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/compendium_ccc/documents/archive_2005_compendium-ccc_sp.html"&gt;Compendio&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;: la profesión de la fe, la celebración del misterio cristiano, la vida en Cristo y la oración cristiana.&lt;a id="_ftnref143" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn143" name="_ftnref143" title=""&gt;[143]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Presentación de las ofrendas&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;47. Los Padres sinodales han puesto también su atención en la presentación de las ofrendas. Ésta no es sólo como un « intervalo » entre la liturgia de la Palabra y la eucarística. Entre otras razones, porque eso haría perder el sentido de un único rito con dos partes interrelacionadas. En realidad, este gesto humilde y sencillo tiene un sentido muy grande: en el pan y el vino que llevamos al altar toda la creación es asumida por Cristo Redentor para ser transformada y presentada al Padre.&lt;a id="_ftnref144" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn144" name="_ftnref144" title=""&gt;[144]&lt;/a&gt; En este sentido, llevamos también al altar todo el sufrimiento y el dolor del mundo, conscientes de que todo es precioso a los ojos de Dios. Este gesto, para ser vivido en su auténtico significado, no necesita ser enfatizado con añadiduras superfluas. Permite valorar la colaboración originaria que Dios pide al hombre para realizar en él la obra divina y dar así pleno sentido al trabajo humano, que mediante la celebración eucarística se une al sacrificio redentor de Cristo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Plegaria eucarística&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;48. La Plegaria eucarística es « el centro y la cumbre de toda la celebración ».&lt;a id="_ftnref145" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn145" name="_ftnref145" title=""&gt;[145]&lt;/a&gt; Su importancia merece ser subrayada adecuadamente. Las diversas Plegarias eucarísticas que hay en el Misal nos han sido transmitidas por la tradición viva de la Iglesia y se caracterizan por una riqueza teológica y espiritual inagotable. Se ha de procurar que los fieles las aprecien. La &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt; nos ayuda en esto, recordándonos los elementos fundamentales de toda Plegaria eucarística: acción de gracias, aclamación, epíclesis, relato de la institución y consagración, anámnesis, oblación, intercesión y doxología conclusiva.&lt;a id="_ftnref146" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn146" name="_ftnref146" title=""&gt;[146]&lt;/a&gt; En particular, la espiritualidad eucarística y la reflexión teológica se iluminan al contemplar la profunda unidad de la anáfora, entre la invocación del Espíritu Santo y el relato de la institución,&lt;a id="_ftnref147" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn147" name="_ftnref147" title=""&gt;[147]&lt;/a&gt; en la que « se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena ».&lt;a id="_ftnref148" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn148" name="_ftnref148" title=""&gt;[148]&lt;/a&gt; En efecto, « la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora la fuerza del Espíritu Santo para que los dones que han presentado los hombres queden consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo y Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la Comunión sea para la salvación de quienes la reciben ».&lt;a id="_ftnref149" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn149" name="_ftnref149" title=""&gt;[149]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Rito de la paz&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;49. La Eucaristía es por su naturaleza sacramento de paz. Esta dimensión del Misterio eucarístico se expresa en la celebración litúrgica de manera específica con el rito de la paz. Se trata indudablemente de un signo de gran valor (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 14,27). En nuestro tiempo, tan lleno de conflictos, este gesto adquiere, también desde el punto de vista de la sensibilidad común, un relieve especial, ya que la Iglesia siente cada vez más como tarea propia pedir a Dios el don de la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana. La paz es ciertamente un anhelo irreprimible en el corazón de cada uno. La Iglesia se hace portavoz de la petición de paz y reconciliación que surge del alma de toda persona de buena voluntad, dirigiéndola a Aquél que « es nuestra paz » (&lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 2,14), y que puede pacificar a los pueblos e individuos aun cuando fracasan las iniciativas humanas. Por ello se comprende la intensidad con que se vive frecuentemente el rito de la paz en la celebración litúrgica. A este propósito, sin embargo, durante el Sínodo de los Obispos se ha visto la conveniencia de moderar este gesto, que puede adquirir expresiones exageradas, provocando cierta confusión en la asamblea precisamente antes de la Comunión. Sería bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebración, limitando por ejemplo el intercambio de la paz a los más cercanos.&lt;a id="_ftnref150" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn150" name="_ftnref150" title=""&gt;[150]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Distribución y recepción de la Eucaristía&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;50. Otro momento de la celebración, al que es necesario hacer referencia, es la distribución y recepción de la santa Comunión. Pido a todos, en particular a los ministros ordenados y a los que, debidamente preparados, están autorizados para el ministerio de distribuir la Eucaristía en caso de necesidad real, que hagan lo posible para que el gesto, en su sencillez, corresponda a su valor de encuentro personal con el Señor Jesús en el Sacramento. Respecto a las prescripciones para una praxis correcta, me remito a los documentos emanados recientemente.&lt;a id="_ftnref151" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn151" name="_ftnref151" title=""&gt;[151]&lt;/a&gt; Todas las comunidades cristianas han de atenerse fielmente a las normas vigentes, viendo en ellas la expresión de la fe y el amor que todos han de tener respecto a este sublime Sacramento. Tampoco se descuide el tiempo precioso de acción de gracias después de la Comunión: además de un canto oportuno, puede ser también muy útil permanecer recogidos en silencio.&lt;a id="_ftnref152" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn152" name="_ftnref152" title=""&gt;[152]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;A este propósito, quisiera llamar la atención sobre un problema pastoral con el que nos encontramos frecuentemente en nuestro tiempo. Me refiero al hecho de que en algunas circunstancias, como por ejemplo en las santas Misas celebradas con ocasión de bodas, funerales o acontecimientos análogos, además de fieles practicantes, asisten también a la celebración otros que tal vez no se acercan al altar desde hace años, o quizás están en una situación de vida que no les permite recibir los sacramentos. Otras veces sucede que están presentes personas de otras confesiones cristianas o incluso de otras religiones. Situaciones similares se producen también en iglesias que son meta de visitantes, sobre todo en las grandes ciudades de en las que abunda el arte. En estos casos, se ve la necesidad de usar expresiones breves y eficaces para hacer presente a todos el sentido de la comunión sacramental y las condiciones para recibirla. Donde se den situaciones en las que no sea posible garantizar la debida claridad sobre el sentido de la Eucaristía, se ha de considerar la conveniencia de sustituir la Eucaristía con una celebración de la Palabra de Dios.&lt;a id="_ftnref153" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn153" name="_ftnref153" title=""&gt;[153]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Despedida: « Ite, missa est »&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;51. Quisiera detenerme ahora en lo que los Padres sinodales han dicho sobre el saludo de despedida al final de la Celebración eucarística. Después de la bendición, el diácono o el sacerdote despide al pueblo con las palabras: &lt;em&gt;Ite, missa est&lt;/em&gt;. En este saludo podemos apreciar la relación entre la Misa celebrada y la misión cristiana en el mundo. En la antigüedad, &lt;em&gt;« missa »&lt;/em&gt; significaba simplemente « terminada ». Sin embargo, en el uso cristiano ha adquirido un sentido cada vez más profundo. La expresión « missa » se transforma, en realidad, en « misión ». Este saludo expresa sintéticamente la naturaleza misionera de la Iglesia. Por tanto, conviene ayudar al Pueblo de Dios a que, apoyándose en la liturgia, profundice en esta dimensión constitutiva de la vida eclesial. En este sentido, sería útil disponer de textos debidamente aprobados para la oración sobre el pueblo y la bendición final que expresen dicha relación.&lt;a id="_ftnref154" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn154" name="_ftnref154" title=""&gt;[154]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Actuosa_participatio" name="Actuosa_participatio"&gt;Actuosa participatio&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Auténtica participación&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;52. El Concilio Vaticano II puso un énfasis particular en la participación activa, plena y fructuosa de todo el Pueblo de Dios en la celebración eucarística.&lt;a id="_ftnref155" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn155" name="_ftnref155" title=""&gt;[155]&lt;/a&gt; Ciertamente, la renovación llevada a cabo en estos años ha favorecido notables progresos en la dirección deseada por los Padres conciliares. Pero no hemos de ocultar el hecho de que, a veces, ha surgido alguna incomprensión precisamente sobre el sentido de esta participación. Por tanto, conviene dejar claro que con esta palabra no se quiere hacer referencia a una simple actividad externa durante la celebración. En realidad, la participación activa deseada por el Concilio se ha de comprender en términos más sustanciales, partiendo de una mayor toma de conciencia del misterio que se celebra y de su relación con la vida cotidiana. Sigue siendo totalmente válida la recomendación de la Constitución conciliar &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, que exhorta a los fieles a no asistir a la liturgia eucarística « como espectadores mudos o extraños », sino a participar « consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada ».&lt;a id="_ftnref156" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn156" name="_ftnref156" title=""&gt;[156]&lt;/a&gt; El Concilio prosigue la reflexión: los fieles, « instruidos por la Palabra de Dios, reparen sus fuerzas en el banquete del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino también juntamente con él, y se perfeccionen día a día, por Cristo Mediador, en la unidad con Dios y entre sí ».&lt;a id="_ftnref157" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn157" name="_ftnref157" title=""&gt;[157]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Participación y ministerio sacerdotal&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;53. La belleza y armonía de la acción litúrgica se manifiestan de manera significativa en el orden con el cual cada uno está llamado a participar activamente. Eso comporta el reconocimiento de las diversas funciones jerárquicas implicadas en la celebración misma. Es útil recordar que, de por sí, la participación activa no es lo mismo que desempeñar un ministerio particular. Sobre todo, no ayuda a la participación activa de los fieles una confusión ocasionada por la incapacidad de distinguir las diversas funciones que corresponden a cada uno en la comunión eclesial.&lt;a id="_ftnref158" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn158" name="_ftnref158" title=""&gt;[158]&lt;/a&gt; En particular, es preciso que haya claridad sobre las tareas específicas del sacerdote. Éste es, como atestigua la tradición de la Iglesia, quien preside de modo insustituible toda la celebración eucarística, desde el saludo inicial a la bendición final. En virtud del Orden sagrado que ha recibido, él representa a Jesucristo, cabeza de la Iglesia y, en la manera que le es propia, también a la Iglesia misma.&lt;a id="_ftnref159" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn159" name="_ftnref159" title=""&gt;[159]&lt;/a&gt; En efecto, toda celebración de la Eucaristía está dirigida por el Obispo, « ya sea personalmente, ya por los presbíteros, sus colaboradores ».&lt;a id="_ftnref160" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn160" name="_ftnref160" title=""&gt;[160]&lt;/a&gt; Es ayudado por el diácono, que tiene algunas funciones específicas en la celebración: preparar el altar y prestar servicio al sacerdote, proclamar el Evangelio, predicar eventualmente la homilía, enunciar las intenciones en la oración universal, distribuir la Eucaristía a los fieles.&lt;a id="_ftnref161" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn161" name="_ftnref161" title=""&gt;[161]&lt;/a&gt; En relación con estos ministerios vinculados al sacramento del Orden, hay también otros ministerios para el servicio litúrgico, que desempeñan religiosos y laicos preparados, lo que es de alabar.&lt;a id="_ftnref162" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn162" name="_ftnref162" title=""&gt;[162]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Celebración eucarística e inculturación&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;54. A partir de las afirmaciones fundamentales del Concilio Vaticano II, se ha subrayado varias veces la importancia de la participación activa de los fieles en el Sacrificio eucarístico. Para favorecerla se pueden permitir algunas adaptaciones apropiadas a los diversos contextos y culturas.&lt;a id="_ftnref163" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn163" name="_ftnref163" title=""&gt;[163]&lt;/a&gt; El hecho de que haya habido algunos abusos no disminuye la claridad de este principio, que se debe mantener de acuerdo con las necesidades reales de la Iglesia, que vive y celebra el mismo misterio de Cristo en situaciones culturales diferentes. En efecto, el Señor Jesús, precisamente en el misterio de la Encarnación, naciendo de mujer como hombre perfecto (cf. &lt;em&gt;Ga&lt;/em&gt; 4,4), está en relación directa no sólo con las expectativas expresadas en el Antiguo Testamento, sino también con las de todos los pueblos. Con eso, Él ha manifestado que Dios quiere encontrarnos en nuestro contexto vital. Por tanto, para una participación más eficaz de los fieles en los santos Misterios, es útil proseguir el proceso de inculturación en el ámbito de la celebración eucarística, teniendo en cuenta las posibilidades de adaptación que ofrece la &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;,&lt;a id="_ftnref164" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn164" name="_ftnref164" title=""&gt;[164]&lt;/a&gt; interpretadas a la luz de los criterios fijados por la IV Instrucción de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos, &lt;em&gt;Varietates legitimae&lt;/em&gt;, del 25 de enero de 1994,&lt;a id="_ftnref165" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn165" name="_ftnref165" title=""&gt;[165]&lt;/a&gt; y de las directrices dadas por el Papa Juan Pablo II en las Exhortaciones apostólicas postsinodales &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_14091995_ecclesia-in-africa_sp.html"&gt;Ecclesia in Africa&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_22011999_ecclesia-in-america_sp.html"&gt;Ecclesia in America&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_06111999_ecclesia-in-asia_sp.html"&gt;Ecclesia in Asia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Ecclesia in Oceania&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_20030628_ecclesia-in-europa_sp.html"&gt;Ecclesia in Europa&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref166" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn166" name="_ftnref166" title=""&gt;[166]&lt;/a&gt; Para lograr este objetivo, encomiendo a las Conferencias Episcopales que favorezcan el adecuado equilibrio entre los criterios y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones,&lt;a id="_ftnref167" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn167" name="_ftnref167" title=""&gt;[167]&lt;/a&gt; siempre de acuerdo con la Sede Apostólica.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Condiciones personales para una « actuosa participatio »&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;55. Al considerar el tema de la &lt;em&gt;actuosa participatio&lt;/em&gt; de los fieles en el rito sagrado, los Padres sinodales han resaltado también las condiciones personales de cada uno para una fructuosa participación.&lt;a id="_ftnref168" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn168" name="_ftnref168" title=""&gt;[168]&lt;/a&gt; Una de ellas es ciertamente el espíritu de conversión continua que ha de caracterizar la vida de cada fiel. No se puede esperar una participación activa en la liturgia eucarística cuando se asiste superficialmente, sin antes examinar la propia vida. Favorece dicha disposición interior, por ejemplo, el recogimiento y el silencio, al menos unos instantes antes de comenzar la liturgia, el ayuno y, cuando sea necesario, la confesión sacramental. Un corazón reconciliado con Dios permite la verdadera participación. En particular, es preciso persuadir a los fieles de que no puede haber una &lt;em&gt;actuosa participatio&lt;/em&gt; en los santos Misterios si no se toma al mismo tiempo parte activa en la vida eclesial en su totalidad, la cual comprende también el compromiso misionero de llevar el amor de Cristo a la sociedad.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Sin duda, la plena participación en la Eucaristía se da cuando nos acercamos también personalmente al altar para recibir la Comunión.&lt;a id="_ftnref169" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn169" name="_ftnref169" title=""&gt;[169]&lt;/a&gt; No obstante, se ha de poner atención para que esta afirmación correcta no induzca a un cierto automatismo entre los fieles, como si por el sólo hecho de encontrarse en la iglesia durante la liturgia se tenga ya el derecho o quizás incluso el deber de acercarse a la Mesa eucarística. Aun cuando no es posible acercarse a la comunión sacramental, la participación en la santa Misa sigue siendo necesaria, válida, significativa y fructuosa. En estas circunstancias, es bueno cultivar el deseo de la plena unión con Cristo, practicando, por ejemplo, la comunión espiritual, recordada por Juan Pablo II&lt;a id="_ftnref170" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn170" name="_ftnref170" title=""&gt;[170]&lt;/a&gt; y recomendada por los Santos maestros de la vida espiritual.&lt;a id="_ftnref171" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn171" name="_ftnref171" title=""&gt;[171]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Participación de los cristianos no católicos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;56. Al tratar el tema de la participación nos encontramos inevitablemente con el de los cristianos pertenecientes a Iglesias o Comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia Católica. A este respecto, se ha de decir que la unión intrínseca que se da entre Eucaristía y unidad de la Iglesia nos lleva a desear ardientemente, por un lado, el día en que podamos celebrar junto con todos los creyentes en Cristo la divina Eucaristía y expresar así visiblemente la plenitud de la unidad que Cristo ha querido para sus discípulos (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 17,21). Por otro lado, el respeto que debemos al sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo nos impide hacer de él un simple « medio » que se usa indiscriminadamente para alcanzar esta misma unidad.&lt;a id="_ftnref172" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn172" name="_ftnref172" title=""&gt;[172]&lt;/a&gt; En efecto, la Eucaristía no sólo manifiesta nuestra comunión personal con Jesucristo, sino que implica también la plena &lt;em&gt;communio&lt;/em&gt; con la Iglesia. Éste es, pues, el motivo por el cual, con dolor pero no sin esperanza, pedimos a los cristianos no católicos que comprendan y respeten nuestra convicción, basada en la Biblia y en la Tradición. Nosotros sostenemos que la comunión eucarística y la comunión eclesial se corresponden tan íntimamente que hace imposible generalmente por parte de los cristianos no católicos la participación en una sin tener la otra. Menos sentido tendría aún una concelebración propia y verdadera con ministros de Iglesias o Comunidades eclesiales no en plena comunión con la Iglesia Católica. No obstante, es verdad que, de cara a la salvación, existe la posibilidad de admitir individualmente a cristianos no católicos a la Eucaristía, al sacramento de la Penitencia y a la Unción de los enfermos. Pero eso sólo en situaciones determinadas y excepcionales, caracterizadas por condiciones bien precisas.&lt;a id="_ftnref173" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn173" name="_ftnref173" title=""&gt;[173]&lt;/a&gt; Éstas están indicadas claramente en el &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/_INDEX.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; &lt;a id="_ftnref174" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn174" name="_ftnref174" title=""&gt;[174]&lt;/a&gt; y en su &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/compendium_ccc/documents/archive_2005_compendium-ccc_sp.html"&gt;Compendio&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref175" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn175" name="_ftnref175" title=""&gt;[175]&lt;/a&gt; Todos tienen el deber de atenerse fielmente a ellas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Participación a través de los medios de comunicación social&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;57. Debido al gran desarrollo de los medios de comunicación social, la palabra « participación » ha adquirido en las últimas décadas un sentido más amplio que en el pasado. Todos reconocemos con satisfacción que estos instrumentos ofrecen también nuevas posibilidades en lo que se refiere a la Celebración eucarística.&lt;a id="_ftnref176" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn176" name="_ftnref176" title=""&gt;[176]&lt;/a&gt; Eso exige a los agentes pastorales del sector una preparación específica y un acentuado sentido de responsabilidad. En efecto, la santa Misa que se transmite por televisión adquiere inevitablemente una cierta ejemplaridad. Por tanto, se ha de poner una especial atención en que la celebración, además de hacerse en lugares dignos y bien preparados, respete las normas litúrgicas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Por lo que se refiere al valor de la participación en la santa Misa que los medios de comunicación hacen posible, quien ve y oye dichas transmisiones ha de saber que, en condiciones normales, no cumple con el precepto dominical. En efecto, el lenguaje de la imagen representa la realidad, pero no la reproduce en sí misma.&lt;a id="_ftnref177" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn177" name="_ftnref177" title=""&gt;[177]&lt;/a&gt; Si es loable que ancianos y enfermos participen en la santa Misa festiva a través de las transmisiones radiotelevisivas, no puede decirse lo mismo de quien, mediante tales transmisiones, quisiera dispensarse de ir al templo para la celebración eucarística en la asamblea de la Iglesia viva.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;« Actuosa participatio » de los enfermos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;58. Teniendo presente la condición de los que no pueden ir a los lugares de culto por motivos de salud o edad, quisiera llamar la atención de toda la comunidad eclesial sobre la necesidad pastoral de asegurar la asistencia espiritual a los enfermos, tanto a los que están en su casa como a los que están hospitalizados. En el Sínodo de los Obispos se ha hecho referencia a ellos varias veces. Se ha de procurar que estos hermanos y hermanas nuestros puedan recibir con frecuencia la Comunión sacramental. Al reforzar así la relación con Cristo crucificado y resucitado, podrán sentir su propia vida integrada plenamente en la vida y la misión de la Iglesia mediante la ofrenda del propio sufrimiento en unión con el sacrificio de nuestro Señor. Se ha de reservar una atención particular a los discapacitados; si lo permite su condición, la comunidad cristiana ha de favorecer su participación en la celebración en un lugar de culto. A este respecto, se ha de procurar que los edificios sagrados no tengan obstáculos arquitectónicos que impidan el acceso de los minusválidos. Se ha de dar también la comunión eucarística, cuando sea posible, a los discapacitados mentales, bautizados y confirmados: ellos reciben la Eucaristía también en la fe de la familia o de la comunidad que los acompaña.&lt;a id="_ftnref178" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn178" name="_ftnref178" title=""&gt;[178]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Atención a los presos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;59. La tradición espiritual de la Iglesia, siguiendo una indicación específica de Cristo (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 25,36), ha reconocido en la visita a los presos una de las obras de misericordia corporal. Los que se encuentran en esta situación tienen una necesidad especial de ser visitados por el Señor mismo en el sacramento de la Eucaristía. Sentir la cercanía de la comunidad eclesial, participar en la Eucaristía y recibir la santa Comunión en un período de la vida tan particular y doloroso puede ayudar sin duda en el propio camino de fe y favorecer la plena reinserción social de la persona. Interpretando los deseos manifestados en la asamblea sinodal pido a las diócesis que, en lo posible, pongan los medios adecuados para una actividad pastoral que se ocupe de atender espiritualmente a los presos.&lt;a id="_ftnref179" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn179" name="_ftnref179" title=""&gt;[179]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Los emigrantes y su participación en la Eucaristía&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;60. Al plantearse el problema de los que se ven obligados a dejar la propia tierra por diversos motivos, el Sínodo ha expresado particular gratitud a los que se dedican a la atención pastoral de los emigrantes. En este contexto, se ha de prestar una atención especial a los emigrantes que pertenecen a las Iglesias católicas orientales y a los que, lejos de su propia casa, tienen dificultades para participar en la liturgia eucarística según el propio rito de pertenencia. Por eso, donde sea posible, se les conceda poder ser asistidos por sacerdotes de su rito. En todo caso, pido a los Obispos que acojan en la caridad de Cristo a estos hermanos. El encuentro entre los fieles de diversos ritos puede convertirse también en ocasión de enriquecimiento recíproco. Pienso particularmente en el beneficio que puede aportar, sobre todo para el clero, el conocimiento de las diversas tradiciones.&lt;a id="_ftnref180" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn180" name="_ftnref180" title=""&gt;[180]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Las grandes concelebraciones&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;61. La asamblea sinodal ha considerado la calidad de la participación en las grandes celebraciones que tienen lugar en circunstancias particulares, en las que, además de un gran número de fieles, concelebran muchos sacerdotes.&lt;a id="_ftnref181" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn181" name="_ftnref181" title=""&gt;[181]&lt;/a&gt; Por un lado, es fácil reconocer el valor de estos momentos, especialmente cuando el Obispo preside rodeado de su presbiterio y de los diáconos. Por otro, en estas circunstancias se pueden producir problemas por lo que se refiere a la expresión sensible de la unidad del presbiterio, especialmente en la Plegaria eucarística y en la distribución de la santa Comunión. Se ha de evitar que estas grandes concelebraciones produzcan dispersión. Para ello, se han de prever modos adecuados de coordinación y disponer el lugar de culto de manera que permita a los presbíteros y a los fieles una participación plena y real. En todo caso, se ha de tener presente que se trata de concelebraciones de carácter excepcional y limitadas a situaciones extraordinarias.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Lengua latina&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;62. No obstante, lo dicho anteriormente no debe ofuscar el valor de estas grandes liturgias. En particular, pienso en las celebraciones que tienen lugar durante encuentros internacionales, hoy cada vez más frecuentes. Éstas han de ser valoradas debidamente. Para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, quisiera recomendar lo que ha sugerido el Sínodo de los Obispos, en sintonía con las normas del Concilio Vaticano II: &lt;a id="_ftnref182" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn182" name="_ftnref182" title=""&gt;[182]&lt;/a&gt; exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín; también se podrían rezar en latín las oraciones más conocidas&lt;a id="_ftnref183" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn183" name="_ftnref183" title=""&gt;[183]&lt;/a&gt; de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, utilizar cantos gregorianos. Más en general, pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano; se procurará que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia.&lt;a id="_ftnref184" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn184" name="_ftnref184" title=""&gt;[184]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Celebraciones eucarísticas en pequeños grupos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;63. Una situación muy distinta es la que se da en algunas circunstancias pastorales en las que, precisamente para lograr una participación más consciente, activa y fructuosa, se favorecen las celebraciones en pequeños grupos. Aun reconociendo el valor formativo que tienen estas iniciativas, conviene precisar que han de estar en armonía con el conjunto del proyecto pastoral de la diócesis. En efecto, dichas experiencias perderían su carácter pedagógico si se las considerara como antagonistas o paralelas respecto a la vida de la Iglesia particular. A este respecto, el Sínodo ha subrayado algunos criterios a los que atenerse: los grupos pequeños han de servir para unificar la comunidad parroquial, no para fragmentarla; esto debe ser evaluado en la praxis concreta; estos grupos tienen que favorecer la participación fructuosa de toda la asamblea y preservar en lo posible la unidad de cada familia en la vida litúrgica.&lt;a id="_ftnref185" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn185" name="_ftnref185" title=""&gt;[185]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="La_celebración_participada_interiormente" name="La_celebración_participada_interiormente"&gt;La celebración participada interiormente&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Catequesis mistagógica&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;64. La gran tradición litúrgica de la Iglesia nos enseña que, para una participación fructuosa, es necesario esforzarse en corresponder personalmente al misterio que se celebra mediante el ofrecimiento a Dios de la propia vida, en unión con el sacrificio de Cristo por la salvación del mundo entero. Por este motivo, el Sínodo de los Obispos ha recomendado que los fieles tengan una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras. Si faltara ésta, nuestras celebraciones, por muy animadas que fueren, correrían el riesgo de caer en el ritualismo. Así pues, se ha de promover una educación en la fe eucarística que disponga a los fieles a vivir personalmente lo que se celebra. Ante la importancia esencial de esta &lt;em&gt;participatio&lt;/em&gt; personal y consciente, ¿cuáles pueden ser los instrumentos formativos idóneos? A este respecto, los Padres sinodales han propuesto unánimemente una catequesis de carácter mistagógico que lleve a los fieles a adentrarse cada vez más en los misterios celebrados.&lt;a id="_ftnref186" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn186" name="_ftnref186" title=""&gt;[186]&lt;/a&gt; En particular, por lo que se refiere a la relación entre el &lt;em&gt;ars celebrandi&lt;/em&gt; y la &lt;em&gt;actuosa participatio&lt;/em&gt;, se ha de afirmar ante todo que « la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la Eucaristía misma bien celebrada ».&lt;a id="_ftnref187" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn187" name="_ftnref187" title=""&gt;[187]&lt;/a&gt; En efecto, por su propia naturaleza, la liturgia tiene una eficacia propia para introducir a los fieles en el conocimiento del misterio celebrado. Precisamente por ello, el itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de la Iglesia, aun sin descuidar la comprensión sistemática de los contenidos de la fe, tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos. En este sentido, el que introduce en los misterios es ante todo el testigo. Dicho encuentro ahonda en la catequesis y tiene su fuente y su culmen en la celebración de la Eucaristía. De esta estructura fundamental de la experiencia cristiana nace la exigencia de un itinerario mistagógico, en el cual se han de tener siempre presentes tres elementos:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;em&gt;a&lt;/em&gt;) Ante todo, la &lt;em&gt;interpretación de los ritos a la luz de los acontecimientos salvíficos&lt;/em&gt;, según la tradición viva de la Iglesia. Efectivamente, la celebración de la Eucaristía contiene en su infinita riqueza continuas referencias a la historia de la salvación. En Cristo crucificado y resucitado podemos celebrar verdaderamente el centro que recapitula toda la realidad (cf. &lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 1,10). Desde el principio, la comunidad cristiana ha leído los acontecimientos de la vida de Jesús, y en particular el misterio pascual, en relación con todo el itinerario veterotestamentario.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;em&gt;b&lt;/em&gt;) Además, la catequesis mistagógica ha de &lt;em&gt;introducir en el significado de los signos contenidos en los ritos&lt;/em&gt;. Este cometido es particularmente urgente en una época como la actual, tan imbuida por la tecnología, en la cual se corre el riesgo de perder la capacidad perceptiva de los signos y símbolos. Más que informar, la catequesis mistagógica debe despertar y educar la sensibilidad de los fieles ante el lenguaje de los signos y gestos que, unidos a la palabra, constituyen el rito.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;em&gt;c&lt;/em&gt;) Finalmente, la catequesis mistagógica ha de &lt;em&gt;enseñar el significado de los ritos en relación con la vida cristiana&lt;/em&gt; en todas sus facetas, como el trabajo y los compromisos, el pensamiento y el afecto, la actividad y el descanso. Forma parte del itinerario mistagógico subrayar la relación entre los misterios celebrados en el rito y la responsabilidad misionera de los fieles. En este sentido, el resultado final de la mistagogía es tomar conciencia de que la propia vida es transformada progresivamente por los santos misterios que se celebran. El objetivo de toda la educación cristiana, por otra parte, es formar al fiel como « hombre nuevo », con una fe adulta, que lo haga capaz de testimoniar en el propio ambiente la esperanza cristiana que lo anima.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Para desarrollar en nuestras comunidades eclesiales esta tarea educativa, hay que contar con formadores bien preparados. Ciertamente, todo el Pueblo de Dios ha de sentirse comprometido en esta formación. Cada comunidad cristiana está llamada a ser ámbito pedagógico que introduce en los misterios que se celebran en la fe. A este respecto, durante el Sínodo los Padres han subrayado la conveniencia de una mayor participación de las comunidades de vida consagrada, de los movimientos y demás grupos que, por sus propios carismas, pueden aportar un renovado impulso a la formación cristiana.&lt;a id="_ftnref188" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn188" name="_ftnref188" title=""&gt;[188]&lt;/a&gt; También en nuestro tiempo el Espíritu Santo prodiga la efusión de sus dones para sostener la misión apostólica de la Iglesia, a la cual corresponde difundir la fe y educarla hasta su madurez.&lt;a id="_ftnref189" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn189" name="_ftnref189" title=""&gt;[189]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Veneración de la Eucaristía&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;65. Un signo convincente de la eficacia que la catequesis eucarística tiene en los fieles es sin duda el crecimiento en ellos del sentido del misterio de Dios presente entre nosotros. Eso se puede comprobar a través de manifestaciones específicas de veneración de la Eucaristía, hacia la cual el itinerario mistagógico debe introducir a los fieles.&lt;a id="_ftnref190" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn190" name="_ftnref190" title=""&gt;[190]&lt;/a&gt; Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la plegaria eucarística. Para adecuarse a la legítima diversidad de los signos que se usan en el contexto de las diferentes culturas, cada uno ha de vivir y expresar que es consciente de encontrarse en toda celebración ante la majestad infinita de Dios, que llega a nosotros de manera humilde en los signos sacramentales.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Adoración_y_piedad_eucarística" name="Adoración_y_piedad_eucarística"&gt;Adoración y piedad eucarística&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Relación intrínseca entre celebración y adoración&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;66. Uno de los momentos más intensos del Sínodo fue cuando, junto con muchos fieles, nos desplazamos a la Basílica de San Pedro para la adoración eucarística. Con este gesto de oración, la asamblea de los Obispos quiso llamar la atención, no sólo con palabras, sobre la importancia de la relación intrínseca entre celebración eucarística y adoración. En este aspecto significativo de la fe de la Iglesia se encuentra uno de los elementos decisivos del camino eclesial realizado tras la renovación litúrgica querida por el Concilio Vaticano II. Mientras la reforma daba sus primeros pasos, a veces no se percibió de manera suficientemente clara la relación intrínseca entre la santa Misa y la adoración del Santísimo Sacramento. Una objeción difundida entonces se basaba, por ejemplo, en la observación de que el Pan eucarístico no habría sido dado para ser contemplado, sino para ser comido. En realidad, a la luz de la experiencia de oración de la Iglesia, dicha contraposición se mostró carente de todo fundamento. Ya decía san Agustín: « &lt;em&gt;nemo autem illam carnem manducat, nisi prius adoraverit&lt;/em&gt;; [...] &lt;em&gt;peccemus non adorando&lt;/em&gt; &lt;span style="FONT-FAMILY: Times New Roman"&gt;- Nadie come de esta carne sin antes adorarla [...], pecaríamos si no la adoráramos ».&lt;a id="_ftnref191" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn191" name="_ftnref191" title=""&gt;[191]&lt;/a&gt; En efecto, en la Eucaristía el Hijo de Dios viene a nuestro encuentro y desea unirse a nosotros; la adoración eucarística no es si no la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia.&lt;a id="_ftnref192" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn192" name="_ftnref192" title=""&gt;[192]&lt;/a&gt; Recibir la Eucaristía significa adorar al que recibimos. Precisamente así, y sólo así, nos hacemos una sola cosa con Él y, en cierto modo, pregustamos anticipadamente la belleza de la liturgia celestial. La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica. En efecto, « sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Señor madura luego también la misión social contenida en la Eucaristía y que quiere romper las barreras no sólo entre el Señor y nosotros, sino también y sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros ».&lt;a id="_ftnref193" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn193" name="_ftnref193" title=""&gt;[193]&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Práctica de la adoración eucarística&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;67. Por tanto, unido a la asamblea sinodal, recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria.&lt;a id="_ftnref194" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn194" name="_ftnref194" title=""&gt;[194]&lt;/a&gt; A este respecto, será de gran ayuda una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto que permite vivir más profundamente y con mayor fruto la celebración litúrgica. Además, cuando sea posible, sobre todo en los lugares más poblados, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración perpetua. Recomiendo también que en la formación catequética, sobre todo en el ciclo de preparación para la Primera Comunión, se inicie a los niños en el significado y belleza de estar junto a Jesús, fomentando el asombro por su presencia en la Eucaristía.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Además, quisiera expresar admiración y apoyo a los Institutos de vida consagrada cuyos miembros dedican una parte importante de su tiempo a la adoración eucarística. De este modo ofrecen a todos el ejemplo de personas que se dejan plasmar por la presencia real del Señor. Al mismo tiempo, deseo animar a las asociaciones de fieles, así como a las Cofradías, que tienen esta práctica como un compromiso especial, siendo así fermento de contemplación para toda la Iglesia y llamada a la centralidad de Cristo para la vida de los individuos y de las comunidades.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Formas de devoción eucarística&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;68. La relación personal que cada fiel establece con Jesús, presente en la Eucaristía, lo pone siempre en contacto con toda la comunión eclesial, haciendo que tome conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo. Por eso, además de invitar a los fieles a encontrar personalmente tiempo para estar en oración ante el Sacramento del altar, pido a las parroquias y a otros grupos eclesiales que promuevan momentos de adoración comunitaria. Obviamente, conservan todo su valor las formas de devoción eucarística ya existentes. Pienso, por ejemplo, en las procesiones eucarísticas, sobre todo la procesión tradicional en la solemnidad del &lt;em&gt;Corpus Christi&lt;/em&gt;, en la práctica piadosa de las Cuarenta Horas, en los Congresos eucarísticos locales, nacionales e internacionales, y en otras iniciativas análogas. Estas formas de devoción, debidamente actualizadas y adaptadas a las diversas circunstancias, merecen ser cultivadas también hoy.&lt;a id="_ftnref195" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn195" name="_ftnref195" title=""&gt;[195]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Lugar del sagrario en la iglesia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;69. Sobre la importancia de la reserva eucarística y de la adoración y veneración del sacramento del sacrificio de Cristo, el Sínodo de los Obispos ha reflexionado sobre la adecuada colocación del sagrario en nuestras iglesias.&lt;a id="_ftnref196" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn196" name="_ftnref196" title=""&gt;[196]&lt;/a&gt; En efecto, esto ayuda a reconocer la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. Por tanto, es necesario que el lugar en que se conservan las especies eucarísticas sea identificado fácilmente por cualquiera que entre en la iglesia, gracias también a la lamparilla encendida. Para ello, se ha de tener en cuenta la estructura arquitectónica del edificio sacro: en las iglesias donde no hay capilla del Santísimo Sacramento, y el sagrario está en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservación y adoración de la Eucaristía, evitando poner delante la sede del celebrante. En las iglesias nuevas conviene prever que la capilla del Santísimo esté cerca del presbiterio; si esto no fuera posible, es preferible poner el sagrario en el presbiterio, suficientemente alto, en el centro del ábside, o bien en otro punto donde resulte bien visible. Todos estos detalles ayudan a dar dignidad al sagrario, del cual debe cuidarse también el aspecto artístico. Obviamente, se ha tener en cuenta lo que dice a este respecto la &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref197" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn197" name="_ftnref197" title=""&gt;[197]&lt;/a&gt; En todo caso, el juicio último en esta materia corresponde al Obispo diocesano.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;br/&gt;TERCERA PARTE&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;EUCARISTÍA,&lt;br/&gt;MISTERIO QUE SE HA DE VIVIR&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;«El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre;&lt;br/&gt;del mismo modo, el que come, vivirá por mí» (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,57)&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="Forma_eucarística_de_la_vida_cristiana" name="Forma_eucarística_de_la_vida_cristiana"&gt;Forma eucarística de la vida cristiana&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El culto espiritual - logiké latreía&lt;/em&gt; (&lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 12,1&lt;em&gt;)&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;70. El Señor Jesús, que por nosotros se ha hecho alimento de verdad y de amor, hablando del don de su vida nos asegura que « quien coma de este pan vivirá para siempre » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,51). Pero esta « vida eterna » se inicia en nosotros ya en este tiempo por el cambio que el don eucarístico realiza en nosotros: « El que come vivirá por mí » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,57). Estas palabras de Jesús nos permiten comprender cómo el misterio « creído » y « celebrado » contiene en sí un dinamismo que hace de él principio de vida nueva en nosotros y forma de la existencia cristiana. En efecto, comulgando el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo se nos hace partícipes de la vida divina de un modo cada vez más adulto y consciente. Análogamente a lo que san Agustín dice en las &lt;em&gt;Confesiones&lt;/em&gt; sobre el Logos eterno, alimento del alma, poniendo de relieve su carácter paradójico, el santo Doctor imagina que se le dice: « Soy el manjar de los grandes: creces, y me comerás, sin que por eso me transforme en ti, como el alimento de tu carne; sino que tú te transformarás en mí ».&lt;a id="_ftnref198" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn198" name="_ftnref198" title=""&gt;[198]&lt;/a&gt; En efecto, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; « nos atrae hacia sí ».&lt;a id="_ftnref199" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn199" name="_ftnref199" title=""&gt;[199]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;La Celebración eucarística aparece aquí con toda su fuerza como fuente y culmen de la existencia eclesial, ya que expresa, al mismo tiempo, tanto el inicio como el cumplimiento del nuevo y definitivo culto, la &lt;em&gt;logiké latreía&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref200" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn200" name="_ftnref200" title=""&gt;[200]&lt;/a&gt; A este respecto, las palabras de san Pablo a los Romanos son la formulación más sintética de cómo la Eucaristía transforma toda nuestra vida en culto espiritual agradable a Dios: « Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable » (&lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 12,1). En esta exhortación se ve la imagen del nuevo culto como ofrenda total de la propia persona en comunión con toda la Iglesia. La insistencia del Apóstol sobre la ofrenda de nuestros cuerpos subraya la concreción humana de un culto que no es para nada desencarnado. A este propósito, el santo de Hipona nos sigue recordando que « éste es el sacrificio de los cristianos: es decir, el llegar a ser muchos en un solo cuerpo en Cristo. La Iglesia celebra este misterio con el sacramento del altar, que los fieles conocen bien, y en el que se les muestra claramente que en lo que se ofrece ella misma es ofrecida ».&lt;a id="_ftnref201" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn201" name="_ftnref201" title=""&gt;[201]&lt;/a&gt; En efecto, la doctrina católica afirma que la Eucaristía, como sacrificio de Cristo, es también sacrificio de la Iglesia, y por tanto de los fieles.&lt;a id="_ftnref202" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn202" name="_ftnref202" title=""&gt;[202]&lt;/a&gt; La insistencia sobre el sacrificio -« hacer sagrado »- expresa aquí toda la densidad existencial que se encuentra implicada en la transformación de nuestra realidad humana ganada por Cristo (cf. &lt;em&gt;Flp&lt;/em&gt; 3,12).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eficacia integradora del culto eucarístico&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;71. El nuevo culto cristiano abarca todos los aspectos de la vida, transfigurándola: « Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios » (&lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 10,31). El cristiano está llamado a expresar en cada acto de su vida el verdadero culto a Dios. De aquí toma forma la naturaleza intrínsecamente eucarística de la vida cristiana. La Eucaristía, al implicar la realidad humana concreta del creyente, hace posible, día a día, la transfiguración progresiva del hombre, llamado a ser por gracia imagen del Hijo de Dios (cf. &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 8,29 s.). Todo lo que hay de auténticamente humano -pensamientos y afectos, palabras y obras- encuentra en el sacramento de la Eucaristía la forma adecuada para ser vivido en plenitud. Aparece aquí todo el valor antropológico de la novedad radical traída por Cristo con la Eucaristía: el culto a Dios en la vida humana no puede quedar relegado a un momento particular y privado, sino que, por su naturaleza, tiende a impregnar cualquier aspecto de la realidad del individuo. El culto agradable a Dios se convierte así en un nuevo modo de vivir todas las circunstancias de la existencia, en la que cada detalle queda exaltado al ser vivido dentro de la relación con Cristo y como ofrenda a Dios. La gloria de Dios es el hombre viviente (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 10,31). Y la vida del hombre es la visión de Dios.&lt;a id="_ftnref203" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn203" name="_ftnref203" title=""&gt;[203]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;« Iuxta dominicam viventes » - Vivir según el domingo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;72. Esta novedad radical que la Eucaristía introduce en la vida del hombre ha estado presente en la conciencia cristiana desde el principio. Los fieles han percibido en seguida el influjo profundo que la Celebración eucarística ejercía sobre su estilo de vida. San Ignacio de Antioquía expresaba esta verdad calificando a los cristianos como « los que han llegado a la nueva esperanza », y los presentaba como los que viven « según el domingo » (&lt;em&gt;iuxta dominicam viventes&lt;/em&gt;).&lt;a id="_ftnref204" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn204" name="_ftnref204" title=""&gt;[204]&lt;/a&gt; Esta fórmula del gran mártir antioqueno ilumina claramente la relación entre la realidad eucarística y la vida cristiana en su cotidianidad. La costumbre característica de los cristianos de reunirse el primer día después del sábado para celebrar la resurrección de Cristo -según el relato de san Justino mártir&lt;a id="_ftnref205" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn205" name="_ftnref205" title=""&gt;[205]&lt;/a&gt;- es el hecho que define también la forma de la existencia renovada por el encuentro con Cristo. La fórmula de san Ignacio -« vivir según el domingo »- subraya también el valor paradigmático que este día santo posee respecto a cualquier otro día de la semana. En efecto, su diferencia no está simplemente en dejar las actividades habituales, como una especie de paréntesis dentro del ritmo normal de los días. Los cristianos siempre han vivido este día como el primero de la semana, porque en él se hace memoria de la radical novedad traída por Cristo. Así pues, el domingo es el día en que el cristiano encuentra esa forma eucarística de su existencia y a la que está llamado a vivir constantemente. « Vivir según el domingo » quiere decir vivir conscientes de la liberación traída por Cristo y desarrollar la propia vida como ofrenda de sí mismos a Dios, para que su victoria se manifieste plenamente a todos los hombres a través de una conducta renovada íntimamente.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Vivir el precepto dominical&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;73. Los Padres sinodales, conscientes de este nuevo principio de vida que la Eucaristía pone en el cristiano, han reafirmado la importancia del precepto dominical para todos los fieles, como fuente de libertad auténtica, para poder vivir cada día según lo que han celebrado en el « día del Señor ». En efecto, la vida de fe peligra cuando ya no se siente el deseo de participar en la Celebración eucarística, en que se hace memoria de la victoria pascual. Participar en la asamblea litúrgica dominical, junto con todos los hermanos y hermanas con los que se forma un solo cuerpo en Jesucristo, es algo que la conciencia cristiana reclama y que al mismo tiempo la forma. Perder el sentido del domingo, como día del Señor para santificar, es síntoma de una pérdida del sentido auténtico de la libertad cristiana, la libertad de los hijos de Dios.&lt;a id="_ftnref206" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn206" name="_ftnref206" title=""&gt;[206]&lt;/a&gt; A este respecto, son hermosas las observaciones de mi venerado predecesor Juan Pablo II en la Carta apostólica &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_05071998_dies-domini_sp.html"&gt;Dies Domini&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref207" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn207" name="_ftnref207" title=""&gt;[207]&lt;/a&gt; a propósito de las diversas dimensiones del domingo para los cristianos: es &lt;em&gt;dies Domini&lt;/em&gt;, con referencia a la obra de la creación; &lt;em&gt;dies Christi&lt;/em&gt; como día de la nueva creación y del don del Espíritu Santo que hace el Señor Resucitado; &lt;em&gt;dies Ecclesiae&lt;/em&gt; como día en que la comunidad cristiana se congrega para la celebración; &lt;em&gt;dies hominis&lt;/em&gt; como día de alegría, descanso y caridad fraterna.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Por tanto, este día se muestra como fiesta primordial en la que cada fiel, en el ambiente en que vive, puede ser anunciador y custodio del sentido del tiempo. En efecto, de este día brota el sentido cristiano de la existencia y un nuevo modo de vivir el tiempo, las relaciones, el trabajo, la vida y la muerte. Por tanto, es bueno que en el día del Señor los grupos eclesiales organicen en torno a la Celebración eucarística dominical manifestaciones propias de la comunidad cristiana: encuentros de amistad, iniciativas para formar la fe de niños, jóvenes y adultos, peregrinaciones, obras de caridad y diversos momentos de oración. Ante estos valores tan importantes -aún cuando el sábado por la tarde, desde las primeras Vísperas, ya pertenezca al domingo y esté permitido cumplir el precepto dominical- es preciso recordar que el domingo merece ser santificado en sí mismo, para que no termine siendo un día « vacío de Dios ».&lt;a id="_ftnref208" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn208" name="_ftnref208" title=""&gt;[208]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sentido del descanso y del trabajo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;74. Es particularmente urgente en nuestro tiempo recordar que el día del Señor es también el día de descanso del trabajo. Esperamos con gran interés que la sociedad civil lo reconozca también así, a fin de que sea posible liberarse de las actividades laborales sin sufrir por ello perjuicio alguno. En efecto, los cristianos, en cierta relación con el sentido del sábado en la tradición judía, han considerado el día del Señor también como el día del descanso del trabajo cotidiano. Esto tiene un significado propio, al ser una &lt;em&gt;relativización del trabajo&lt;/em&gt;, que debe estar orientado al hombre: el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. Es fácil intuir cómo así se protege al hombre en cuanto se emancipa de una posible forma de esclavitud. Como he tenido ocasión de afirmar, « el trabajo reviste una importancia primaria para la realización del hombre y el desarrollo de la sociedad, y por eso es preciso que se organice y desarrolle siempre en el pleno respeto de la dignidad humana y al servicio del bien común. Al mismo tiempo, es indispensable que el hombre no se deje dominar por el trabajo, que no lo idolatre, pretendiendo encontrar en él el sentido último y definitivo de la vida ».&lt;a id="_ftnref209" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn209" name="_ftnref209" title=""&gt;[209]&lt;/a&gt; En el día consagrado a Dios es donde el hombre comprende el sentido de su vida y también de la actividad laboral.&lt;a id="_ftnref210" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn210" name="_ftnref210" title=""&gt;[210]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Asambleas dominicales en ausencia de sacerdote&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;75. Al profundizar en el sentido de la Celebración dominical para la vida del cristiano, se plantea espontáneamente el problema de las comunidades cristianas en las que falta el sacerdote y donde, por consiguiente, no es posible celebrar la santa Misa en el día del Señor. A este respecto, se ha de reconocer que nos encontramos ante situaciones bastante diferentes entre sí. El Sínodo, ante todo, ha recomendado a los fieles acercarse a una de las iglesias de la diócesis en que esté garantizada la presencia del sacerdote, aún cuando eso requiera un cierto sacrificio.&lt;a id="_ftnref211" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn211" name="_ftnref211" title=""&gt;[211]&lt;/a&gt; En cambio, allí donde las grandes distancias hacen prácticamente imposible la participación en la Eucaristía dominical, es importante que las comunidades cristianas se reúnan igualmente para alabar al Señor y hacer memoria del día dedicado a Él. Sin embargo, esto debe realizarse en el contexto de una adecuada instrucción acerca de la diferencia entre la santa Misa y las asambleas dominicales en ausencia de sacerdote. La atención pastoral de la Iglesia se expresa en este caso vigilando que la liturgia de la Palabra, organizada bajo la dirección de un diácono o de un responsable de la comunidad, al que se le haya confiado debidamente este ministerio por la autoridad competente, se cumpla según un ritual específico elaborado por las Conferencias episcopales y aprobado por ellas para este fin.&lt;a id="_ftnref212" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn212" name="_ftnref212" title=""&gt;[212]&lt;/a&gt; Recuerdo que corresponde a los Ordinarios conceder la facultad de distribuir la comunión en dichas liturgias, valorando cuidadosamente la conveniencia de la opción. Además, se ha de evitar que dichas asambleas provoquen confusión sobre el papel central del sacerdote y la dimensión sacramental en la vida de la Iglesia. La importancia del papel de los laicos, a los que se ha de agradecer su generosidad al servicio de las comunidades cristianas, nunca ha de ocultar el ministerio insustituible de los sacerdotes para la vida de la Iglesia.&lt;a id="_ftnref213" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn213" name="_ftnref213" title=""&gt;[213]&lt;/a&gt; Así pues, se ha de vigilar atentamente que las asambleas sin sacerdote no den lugar a puntos de vista eclesiológicos en contraste con la verdad del Evangelio y la tradición de la Iglesia. Es más, deberían ser ocasiones privilegiadas para pedir a Dios que mande santos sacerdotes según su corazón. A este respecto, es conmovedor lo que escribía el Papa Juan Pablo II en la &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/1979/documents/hf_jp-ii_let_19790409_sacerdoti-giovedi-santo_sp.html"&gt;Carta a los Sacerdotes&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; para el Jueves Santo de 1979, recordando aquellos lugares en los que la gente, privada del sacerdote por parte del régimen dictatorial, se reunía en una iglesia o santuario, ponía sobre el altar la estola que conservaba todavía y recitaba las oraciones de la liturgia eucarística, haciendo silencio « en el momento que corresponde a la transustanciación », dando así testimonio del ardor con que « desean escuchar las palabras, que sólo los labios de un sacerdote pueden pronunciar eficazmente ».&lt;a id="_ftnref214" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn214" name="_ftnref214" title=""&gt;[214]&lt;/a&gt; Precisamente en esta perspectiva, teniendo en cuenta el bien incomparable que se deriva de la celebración del Sacrificio eucarístico, pido a todos los sacerdotes una activa y concreta disponibilidad para visitar lo más a menudo posible las comunidades confiadas a su atención pastoral, para que no permanezcan demasiado tiempo sin el Sacramento de la caridad.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Una forma eucarística de la vida cristiana,&lt;br/&gt;la pertenencia eclesial&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;76. La importancia del domingo como &lt;em&gt;dies Ecclesiae&lt;/em&gt; nos lleva a la relación intrínseca entre la victoria de Jesús sobre el mal y sobre la muerte y nuestra pertenencia a su Cuerpo eclesial. En efecto, en el Día del Señor todo cristiano descubre también la dimensión comunitaria de la propia existencia redimida. Participar en la acción litúrgica, comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo quiere decir, al mismo tiempo, hacer cada vez más íntima y profunda la propia pertenencia a Él, que ha muerto por nosotros (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 6,19 s.; 7,23). Verdaderamente, quién se alimenta de Cristo vive por Él. El sentido profundo de la &lt;em&gt;communio sanctorum&lt;/em&gt; se entiende en relación con el Misterio eucarístico. La comunión tiene siempre y de modo inseparable una connotación vertical y una horizontal: comunión con Dios y comunión con los hermanos y hermanas. Las dos dimensiones se encuentran misteriosamente en el don eucarístico. « Donde se destruye la comunión con Dios, que es comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, se destruye también la raíz y el manantial de la comunión con nosotros. Y donde no se vive la comunión entre nosotros, tampoco es viva y verdadera la comunión con el Dios Trinitario ».&lt;a id="_ftnref215" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn215" name="_ftnref215" title=""&gt;[215]&lt;/a&gt; Así pues, llamados a ser miembros de Cristo y, por tanto, miembros los unos de los otros (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 12,27), formamos una realidad fundada ontológicamente en el Bautismo y alimentada por la Eucaristía, una realidad que requiere una respuesta sensible en la vida de nuestras comunidades.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;La forma eucarística de la vida cristiana es sin duda una forma eclesial y comunitaria. El modo concreto en que cada fiel puede experimentar su pertenencia al Cuerpo de Cristo se realiza a través de la diócesis y las parroquias, como estructuras fundamentales de la Iglesia en un territorio particular. Asociaciones, movimientos eclesiales y nuevas comunidades -con la vitalidad de sus carismas concedidos por el Espíritu Santo para nuestro tiempo-, así como también los Institutos de vida consagrada, tienen el deber de ofrecer su contribución específica para favorecer en los fieles la percepción de pertenecer &lt;em&gt;al&lt;/em&gt; Señor (cf. &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 14,8). El fenómeno de la secularización, que comporta aspectos marcadamente individualistas, ocasiona sus efectos deletéreos sobre todo en las personas que se aíslan, y por el escaso sentido de pertenencia. El cristianismo, desde sus comienzos, supone siempre una compañía, una red de relaciones vivificadas continuamente por la escucha de la Palabra, la Celebración eucarística y animadas por el Espíritu Santo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Espiritualidad y cultura eucarística&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;77. Es significativo que los Padres sinodales hayan afirmado que « los fieles cristianos necesitan una comprensión más profunda de las relaciones entre la Eucaristía y la vida cotidiana. La espiritualidad eucarística no es solamente participación en la Misa y devoción al Santísimo Sacramento. Abarca la vida entera ».&lt;a id="_ftnref216" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn216" name="_ftnref216" title=""&gt;[216]&lt;/a&gt; Esta consideración tiene hoy un particular significado para todos nosotros. Se ha de reconocer que uno de los efectos más graves de la secularización, mencionada antes, consiste en haber relegado la fe cristiana al margen de la existencia, como si fuera algo inútil respecto al desarrollo concreto de la vida de los hombres. El fracaso de este modo de vivir « como si Dios no existiera » está ahora a la vista de todos. Hoy se necesita redescubrir que Jesucristo no es una simple convicción privada o una doctrina abstracta, sino una persona real cuya entrada en la historia es capaz de renovar la vida de todos. Por eso la Eucaristía, como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, se tiene que traducir en espiritualidad, en vida « según el Espíritu » (cf. &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 8,4 s.;. &lt;em&gt;Ga&lt;/em&gt; 5,16.25). Resulta significativo que san Pablo, en el pasaje de la Carta a los Romanos en que invita a vivir el nuevo culto espiritual, menciona al mismo tiempo la necesidad de cambiar el propio modo de vivir y pensar: « Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto » (12,2). De esta manera, el Apóstol de las gentes subraya la relación entre el verdadero culto espiritual y la necesidad de entender de un modo nuevo la vida y vivirla. La renovación de la mentalidad es parte integrante de la forma eucarística de la vida cristiana, « para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina » (&lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 4,14).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y evangelización de las culturas&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;78. De todo lo expuesto se desprende que el Misterio eucarístico nos hace entrar &lt;em&gt;en diálogo&lt;/em&gt; con las diferentes culturas, aunque en cierto sentido también &lt;em&gt;las desafía&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref217" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn217" name="_ftnref217" title=""&gt;[217]&lt;/a&gt; Se ha de reconocer el carácter intercultural de este nuevo culto, de esta &lt;em&gt;logiké latreía&lt;/em&gt;. La presencia de Jesucristo y la efusión del Espíritu Santo son acontecimientos que pueden confrontarse siempre con cada realidad cultural, para fermentarla evangélicamente. Por consiguiente, esto comporta el compromiso de promover con convicción la evangelización de las culturas, con la conciencia de que el mismo Cristo es la verdad de todo hombre y de toda la historia humana. La Eucaristía se convierte en criterio de valorización de todo lo que el cristiano encuentra en las diferentes expresiones culturales. En este importante proceso podemos escuchar las muy significativas palabras de san Pablo que, en su primera Carta a los Tesalonicenses, exhorta: « examinadlo todo, quedándoos con lo bueno » (5,21).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y fieles laicos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;79. En Cristo, Cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo, todos los cristianos forman « una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa » (&lt;em&gt;1 P&lt;/em&gt; 2,9). La Eucaristía, como misterio que se ha de vivir, se ofrece a cada persona en la condición en que se encuentra, haciendo que viva cotidianamente la novedad cristiana en su situación existencial. Puesto que el Sacrificio eucarístico alimenta y acrecienta en nosotros lo que ya se nos ha dado en el Bautismo, por el cual todos estamos llamados a la santidad,&lt;a id="_ftnref218" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn218" name="_ftnref218" title=""&gt;[218]&lt;/a&gt; esto debería aflorar y manifestarse también en las situaciones o estados de vida en que se encuentra cada cristiano. Éste, viviendo la propia vida como vocación, se convierte día tras día en culto agradable a Dios. Ya desde la reunión litúrgica, el Sacramento de la Eucaristía nos compromete en la realidad cotidiana para que todo se haga para gloria de Dios.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Puesto que el mundo es « el campo » (&lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 13,38) en el que Dios pone a sus hijos como buena semilla, los laicos cristianos, en virtud del Bautismo y de la Confirmación, y fortalecidos por la Eucaristía, están llamados a vivir la novedad radical traída por Cristo precisamente en las condiciones comunes de la vida.&lt;a id="_ftnref219" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn219" name="_ftnref219" title=""&gt;[219]&lt;/a&gt; Han de cultivar el deseo de que la Eucaristía influya cada vez más profundamente en su vida cotidiana, convirtiéndolos en testigos visibles en su propio ambiente de trabajo y en toda la sociedad.&lt;a id="_ftnref220" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn220" name="_ftnref220" title=""&gt;[220]&lt;/a&gt; Animo de modo particular a las familias para que este Sacramento sea fuente de fuerza e inspiración. El amor entre el hombre y la mujer, la acogida de la vida y la tarea educativa se revelan como ámbitos privilegiados en los que la Eucaristía puede mostrar su capacidad de transformar la existencia y llenarla de sentido.&lt;a id="_ftnref221" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn221" name="_ftnref221" title=""&gt;[221]&lt;/a&gt; Los Pastores siempre han de apoyar, educar y animar a los fieles laicos a vivir plenamente su propia vocación a la santidad en el mundo, al que Dios ha amado tanto que le ha entregado a su Hijo para que se salve por Él (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 3,16).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y espiritualidad sacerdotal&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;80. La forma eucarística de la existencia cristiana se manifiesta de modo particular en el estado de vida sacerdotal. La espiritualidad sacerdotal es intrínsecamente eucarística. La semilla de esta espiritualidad se puede encontrar ya en las palabras que el Obispo pronuncia en la liturgia de la Ordenación: « Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor ».&lt;a id="_ftnref222" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn222" name="_ftnref222" title=""&gt;[222]&lt;/a&gt; El sacerdote, para dar a su vida una forma eucarística cada vez más plena, ya en el período de formación y luego en los años sucesivos, ha de dedicar tiempo a la vida espiritual.&lt;a id="_ftnref223" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn223" name="_ftnref223" title=""&gt;[223]&lt;/a&gt; Él está llamado a ser siempre un auténtico buscador de Dios, permaneciendo al mismo tiempo cercano a las preocupaciones de los hombres. Una vida espiritual intensa le permitirá entrar más profundamente en comunión con el Señor y le ayudará a dejarse ganar por el amor de Dios, siendo su testigo en todas las circunstancias, aunque sean difíciles y sombrías. Por esto, junto con los Padres del Sínodo, recomiendo a los sacerdotes « la celebración cotidiana de la santa Misa, aun cuando no hubiera participación de fieles ».&lt;a id="_ftnref224" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn224" name="_ftnref224" title=""&gt;[224]&lt;/a&gt; Esta recomendación está en consonancia ante todo con el valor objetivamente infinito de cada Celebración eucarística; y, además, está motivado por su singular eficacia espiritual, porque si la santa Misa se vive con atención y con fe, es formativa en el sentido más profundo de la palabra, pues promueve la conformación con Cristo y consolida al sacerdote en su vocación.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y vida consagrada&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;81. En el contexto de la relación entre la Eucaristía y las diversas vocaciones eclesiales resplandece de modo particular « el testimonio profético de las consagradas y de los consagrados, que encuentran en la Celebración eucarística y en la adoración la fuerza para el seguimiento radical de Cristo obediente, pobre y casto ».&lt;a id="_ftnref225" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn225" name="_ftnref225" title=""&gt;[225]&lt;/a&gt; Los consagrados y las consagradas, incluso desempeñando muchos servicios en el campo de la formación humana y en la atención a los pobres, en la enseñanza o en la asistencia a los enfermos, saben que el objetivo principal de su vida es « la contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios ».&lt;a id="_ftnref226" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn226" name="_ftnref226" title=""&gt;[226]&lt;/a&gt; La contribución esencial que la Iglesia espera de la vida consagrada es más en el orden del ser que en el del hacer. En este contexto, quisiera subrayar la importancia del testimonio virginal precisamente en relación con el misterio de la Eucaristía. En efecto, además de la relación con el celibato sacerdotal, el Misterio eucarístico manifiesta una relación intrínseca con la virginidad consagrada, ya que es expresión de la consagración exclusiva de la Iglesia a Cristo, que ella con fidelidad radical y fecunda acoge como a su Esposo.&lt;a id="_ftnref227" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn227" name="_ftnref227" title=""&gt;[227]&lt;/a&gt; La virginidad consagrada encuentra en la Eucaristía inspiración y alimento para su entrega total a Cristo. Además, en la Eucaristía obtiene consuelo e impulso para ser, también en nuestro tiempo, signo del amor gratuito y fecundo de Dios para con la humanidad. A través de su testimonio específico, la vida consagrada se convierte objetivamente en referencia y anticipación de aquellas « bodas del Cordero » (&lt;em&gt;Ap&lt;/em&gt; 19,7-9), meta de toda la historia de la salvación. En este sentido, es una llamada eficaz al horizonte escatológico que todo hombre necesita para poder orientar sus propias opciones y decisiones de vida.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y transformación moral&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;82. Descubrir la belleza de la forma eucarística de la vida cristiana nos lleva a reflexionar también sobre la fuerza moral que dicha forma produce para defender la auténtica libertad de los hijos de Dios. Con esto deseo recordar una temática surgida en el Sínodo sobre la relación entre &lt;em&gt;forma eucarística de la vida y transformación moral&lt;/em&gt;. El Papa Juan Pablo II afirmaba que la vida moral « posee el valor de un ''culto espiritual'' (&lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 12,1; cf. &lt;em&gt;Flp&lt;/em&gt; 3,3) que nace y se alimenta de aquella inagotable fuente de santidad y glorificación de Dios que son los sacramentos, especialmente la Eucaristía; en efecto, participando en el sacrificio de la Cruz, el cristiano comulga con el amor de donación de Cristo y se capacita y compromete a vivir esta misma caridad en todas sus actitudes y comportamientos de vida ».&lt;a id="_ftnref228" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn228" name="_ftnref228" title=""&gt;[228]&lt;/a&gt; En definitiva, « en el ''culto'' mismo, en la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser amado y el amar a los otros. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma ».&lt;a id="_ftnref229" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn229" name="_ftnref229" title=""&gt;[229]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Esta referencia al valor moral del culto espiritual no se ha de interpretar en clave moralista. Es ante todo el gozoso descubrimiento del dinamismo del amor en el corazón que acoge el don del Señor, se abandona a Él y encuentra la verdadera libertad. La transformación moral que comporta el nuevo culto instituido por Cristo, es una tensión y un deseo cordial de corresponder al amor del Señor con todo el propio ser, no obstante la conciencia de la propia fragilidad. Todo esto está bien reflejado en el relato evangélico de Zaqueo (cf. &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 19,1-10). Después de haber hospedado a Jesús en su casa, el publicano se ve completamente transformado: decide dar la mitad de sus bienes a los pobres y devuelve cuatro veces más a quienes había robado. El impulso moral, que nace de acoger a Jesús en nuestra vida, brota de la gratitud por haber experimentado la inmerecida cercanía del Señor.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Coherencia eucarística&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;83. Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado &lt;em&gt;coherencia eucarística&lt;/em&gt;, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas.&lt;a id="_ftnref230" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn230" name="_ftnref230" title=""&gt;[230]&lt;/a&gt; Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana.&lt;a id="_ftnref231" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn231" name="_ftnref231" title=""&gt;[231]&lt;/a&gt; Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. &lt;em&gt;1 Co&lt;/em&gt; 11,27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado.&lt;a id="_ftnref232" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn232" name="_ftnref232" title=""&gt;[232]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a name="Eucaristía,_misterio_que_se_ha_de_anunciar"&gt;Eucaristía, misterio que se ha de anunciar&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y misión&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;84. En la &lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20050424_inizio-pontificato_sp.html"&gt;homilía&lt;/a&gt; durante la Celebración eucarística con la que he iniciado solemnemente mi ministerio en la Cátedra de Pedro, decía: « Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él ».&lt;a id="_ftnref233" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn233" name="_ftnref233" title=""&gt;[233]&lt;/a&gt; Esta afirmación asume una mayor intensidad si pensamos en el Misterio eucarístico. En efecto, no podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. Éste exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él. Por eso la Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo es también de su misión: « Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera ».&lt;a id="_ftnref234" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn234" name="_ftnref234" title=""&gt;[234]&lt;/a&gt; También nosotros podemos decir a nuestros hermanos con convicción: « Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos para que estéis unidos con nosotros » (&lt;em&gt;1 Jn&lt;/em&gt; 1,3). Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los demás. Además, la institución misma de la Eucaristía anticipa lo que es el corazón de la misión de Jesús: Él es el enviado del Padre para la redención del mundo (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 3,16-17; &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 8,32). En la última Cena Jesús confía a sus discípulos el Sacramento que actualiza el sacrificio que Él ha hecho de sí mismo en obediencia al Padre para la salvación de todos nosotros. No podemos acercarnos a la Mesa eucarística sin dejarnos llevar por ese movimiento de la misión que, partiendo del corazón mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres. Así pues, el impulso misionero es parte constitutiva de la forma eucarística de la vida cristiana.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía y testimonio&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;85. La misión primera y fundamental que recibimos de los santos Misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida. El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo imprime en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor. Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece Otro y se comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio con el que la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invitándolo a acoger libremente esta novedad radical. En el testimonio Dios, por así decir, se expone al riesgo de la libertad del hombre. Jesús mismo es el testigo fiel y veraz (cf. &lt;em&gt;Ap&lt;/em&gt; 1,5; 3,14); ha venido para dar testimonio de la verdad (cf. &lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 18,37). Con estas reflexiones deseo recordar un concepto muy querido por los primeros cristianos, pero que también nos afecta a nosotros, cristianos de hoy: el testimonio hasta el don de sí mismos, hasta el martirio, ha sido considerado siempre en la historia de la Iglesia como la cumbre del nuevo culto espiritual: « Presentar vuestros cuerpos » (&lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 12,1). Se puede recordar, por ejemplo, el relato del martirio de san Policarpo de Esmirna, discípulo de san Juan: todo el acontecimiento dramático es descrito como una liturgia, más aún como si el mártir mismo se convirtiera en Eucaristía.&lt;a id="_ftnref235" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn235" name="_ftnref235" title=""&gt;[235]&lt;/a&gt; Pensemos también en la conciencia eucarística que Ignacio de Antioquía expresa ante su martirio: él se considera « trigo de Dios » y desea llegar a ser en el martirio « pan puro de Cristo ».&lt;a id="_ftnref236" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn236" name="_ftnref236" title=""&gt;[236]&lt;/a&gt; El cristiano que ofrece su vida en el martirio entra en plena comunión con la Pascua de Jesucristo y así se convierte con Él en Eucaristía. Tampoco faltan hoy en la Iglesia mártires en los que se manifiesta de modo supremo el amor de Dios. Sin embargo, aun cuando no se requiera la prueba del martirio, sabemos que el culto agradable a Dios implica también interiormente esta disponibilidad,&lt;a id="_ftnref237" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn237" name="_ftnref237" title=""&gt;[237]&lt;/a&gt; y se manifiesta en el testimonio alegre y convencido ante el mundo de una vida cristiana coherente allí donde el Señor nos llama a anunciarlo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Jesucristo, único Salvador&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;86. Subrayar la relación intrínseca entre Eucaristía y misión nos ayuda a redescubrir también el contenido último de nuestro anuncio. Cuanto más vivo sea el amor por la Eucaristía en el corazón del pueblo cristiano, tanto más clara tendrá la tarea de la misión: &lt;em&gt;llevar a Cristo&lt;/em&gt;. No es sólo una idea o una ética inspirada en Él, sino el don de su misma Persona. Quien no comunica la verdad del Amor al hermano no ha dado todavía bastante. La Eucaristía, como sacramento de nuestra salvación, nos lleva a considerar de modo ineludible la unicidad de Cristo y de la salvación realizada por Él a precio de su sangre. Por tanto, la exigencia de educar constantemente a todos al trabajo misionero, cuyo centro es el anuncio de Jesús, único Salvador, surge del Misterio eucarístico, creído y celebrado.&lt;a id="_ftnref238" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn238" name="_ftnref238" title=""&gt;[238]&lt;/a&gt; Así se evitará que se reduzca a una interpretación meramente sociológica la decisiva obra de promoción humana que comporta siempre todo auténtico proceso de evangelización.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Libertad de culto&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;87. En este contexto, deseo hablar de lo que los Padres han afirmado durante la asamblea sinodal sobre las graves dificultades que afectan a la misión de aquellas comunidades cristianas que viven en condiciones de minoría o incluso privadas de la libertad religiosa.&lt;a id="_ftnref239" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn239" name="_ftnref239" title=""&gt;[239]&lt;/a&gt; Realmente debemos dar gracias al Señor por todos los Obispos, sacerdotes, personas consagradas y laicos, que se esfuerzan por anunciar el Evangelio y viven su fe arriesgando la propia vida. En muchas regiones del mundo el mero hecho de ir a la Iglesia es un testimonio heroico que expone a las personas a la marginación y a la violencia. En esta ocasión, deseo confirmar también la solidaridad de toda la Iglesia con los que sufren por la falta de libertad de culto. Allí dónde falta la libertad religiosa, lo sabemos, falta en definitiva la libertad más significativa, ya que en la fe el hombre expresa su íntima convicción sobre el sentido último de su propia vida. Pidamos, pues, que aumenten los espacios de libertad religiosa en todos los Estados, para que los cristianos, así como también los miembros de otras religiones, puedan vivir personal y comunitariamente sus convicciones libremente.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a name="Eucaristía,_misterio_que_se_ha_de_ofrecer_al_mundo"&gt;Eucaristía,&lt;br/&gt;misterio que se ha de ofrecer al mundo&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eucaristía: pan partido para la vida del mundo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;88. « El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 6,51). Con estas palabras el Señor revela el verdadero sentido del don de la propia vida por todos los hombres y nos muestran también la íntima compasión que Él tiene por cada persona. En efecto, los Evangelios nos narran muchas veces los sentimientos de Jesús por los hombres, de modo especial por los que sufren y los pecadores (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 20,34; &lt;em&gt;Mc&lt;/em&gt; 6,54; &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 9,41). Mediante un sentimiento profundamente humano, Él expresa la intención salvadora de Dios para todos los hombres, a fin de que lleguen a la vida verdadera. Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo, en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo, que « consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo ».&lt;a id="_ftnref240" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn240" name="_ftnref240" title=""&gt;[240]&lt;/a&gt; De ese modo, en las personas que encuentro reconozco a hermanos y hermanas por los que el Señor ha dado su vida amándolos « hasta el extremo » (&lt;em&gt;Jn&lt;/em&gt; 13,1). Por consiguiente, nuestras comunidades, cuando celebran la Eucaristía, han de ser cada vez más conscientes de que el sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse « pan partido » para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno. Pensando en la multiplicación de los panes y los peces, hemos de reconocer que Cristo sigue exhortando también hoy a sus discípulos a comprometerse en primera persona: « dadles vosotros de comer » (&lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 14,16). En verdad, la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, &lt;em&gt;pan partido para la vida del mundo&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Implicaciones sociales del Misterio eucarístico&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;89. La unión con Cristo que se realiza en el Sacramento nos capacita también para nuevos tipos de relaciones sociales: « la ''mística'' del Sacramento tiene un carácter social ». En efecto, « la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que Él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán »&lt;a id="_ftnref241" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn241" name="_ftnref241" title=""&gt;[241]&lt;/a&gt; A este respecto, hay que explicitar la relación entre Misterio eucarístico y compromiso social. La Eucaristía es sacramento de comunión entre hermanos y hermanas que aceptan reconciliarse en Cristo, el cual ha hecho de judíos y paganos un pueblo solo, derribando el muro de enemistad que los separaba (cf. &lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 2,14). Sólo esta constante tensión hacia la reconciliación permite comulgar dignamente con el Cuerpo y la Sangre de Cristo (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 5,23- 24).&lt;a id="_ftnref242" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn242" name="_ftnref242" title=""&gt;[242]&lt;/a&gt; Cristo, por el memorial de su sacrificio, refuerza la comunión entre los hermanos y, de modo particular, apremia a los que están enfrentados para que aceleren su reconciliación abriéndose al diálogo y al compromiso por la justicia. No hay duda de que las condiciones para establecer una paz verdadera son la restauración de la justicia, la reconciliación y el perdón.&lt;a id="_ftnref243" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn243" name="_ftnref243" title=""&gt;[243]&lt;/a&gt; De esta toma de conciencia nace la voluntad de transformar también las estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. La Eucaristía, a través de la puesta en práctica de este compromiso, transforma en vida lo que ella significa en la celebración. Como he tenido ocasión de afirmar, la Iglesia no tiene como tarea propia emprender una batalla política para realizar la sociedad más justa posible; sin embargo, tampoco puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia. La Iglesia « debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar ».&lt;a id="_ftnref244" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn244" name="_ftnref244" title=""&gt;[244]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;En la perspectiva de la responsabilidad social de todos los cristianos, los Padres sinodales han recordado que el sacrificio de Cristo es misterio de liberación que nos interpela y provoca continuamente. Dirijo por tanto una llamada a todos los fieles para que sean realmente operadores de paz y de justicia: « En efecto, quien participa en la Eucaristía ha de empeñarse en construir la paz en nuestro mundo marcado por tantas violencias y guerras, y de modo particular hoy, por el terrorismo, la corrupción económica y la explotación sexual ».&lt;a id="_ftnref245" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn245" name="_ftnref245" title=""&gt;[245]&lt;/a&gt; Todos estos problemas, que a su vez engendran otros fenómenos degradantes, son los que despiertan viva preocupación. Sabemos que estas situaciones no se pueden afrontar de un manera superficial. Precisamente, gracias al Misterio que celebramos, deben denunciarse las circunstancias que van contra la dignidad del hombre, por el cual Cristo ha derramado su sangre, afirmando así el valor tan alto de cada persona.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El alimento de la verdad y la indigencia del hombre&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;90. No podemos permanecer pasivos ante ciertos procesos de globalización que con frecuencia hacen crecer desmesuradamente en todo el mundo la diferencia entre ricos y pobres. Debemos denunciar a quien derrocha las riquezas de la tierra, provocando desigualdades que claman al cielo (cf. &lt;em&gt;St&lt;/em&gt; 5,4). Por ejemplo, es imposible permanecer callados ante « las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados -en muchas partes del mundo- acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás? ».&lt;a id="_ftnref246" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn246" name="_ftnref246" title=""&gt;[246]&lt;/a&gt; El Señor Jesús, Pan de vida eterna, nos apremia y nos hace estar atentos a las situaciones de pobreza en que se halla todavía gran parte de la humanidad: son situaciones cuya causa implica a menudo un clara e inquietante responsabilidad por parte de los hombres. En efecto, « se puede afirmar, sobre la base de datos estadísticos disponibles, que menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente a armamento sería más que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ejército de los pobres. Esto interpela a la conciencia humana. Nuestro común compromiso por la verdad puede y tiene que dar nueva esperanza a estas poblaciones que viven bajo el umbral de la pobreza, mucho más a causa de situaciones que dependen de las relaciones internacionales políticas, comerciales y culturales, que por circunstancias incontroladas ».&lt;a id="_ftnref247" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn247" name="_ftnref247" title=""&gt;[247]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;El alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones indignas del hombre, en las que a causa de la injusticia y la explotación se muere por falta de comida, y nos da nueva fuerza y ánimo para trabajar sin descanso en la construcción de la civilización del amor. Los cristianos han procurado desde el principio compartir sus bienes (cf. &lt;em&gt;Hch&lt;/em&gt; 4,32) y ayudar a los pobres (cf. &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 15,26). La colecta en las asambleas litúrgicas no sólo nos lo recuerda expresamente, sino que es también una necesidad muy actual. Las instituciones eclesiales de beneficencia, en particular &lt;em&gt;Caritas&lt;/em&gt; en sus diversos ámbitos, desarrollan el precioso servicio de ayudar a las personas necesitadas, sobre todo a los más pobres. Estas instituciones, inspirándose en la Eucaristía, que es el sacramento de la caridad, se convierten en su expresión concreta; por ello merecen todo encomio y estímulo por su compromiso solidario en el mundo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Doctrina social de la Iglesia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;91. El misterio de la Eucaristía nos capacita e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo para llevarles aquel tipo de relaciones nuevas, que tiene su fuente inagotable en el don de Dios. La oración que repetimos en cada santa Misa: « Danos hoy nuestro pan de cada día », nos obliga a hacer todo lo posible, en colaboración con las instituciones internacionales, estatales o privadas, para que cese o al menos disminuya en el mundo el escándalo del hambre y de la desnutrición que sufren tantos millones de personas, especialmente en los países en vías de desarrollo. El cristiano laico en particular, formado en la escuela de la Eucaristía, está llamado a asumir directamente la propia responsabilidad política y social. Para que pueda desempeñar adecuadamente sus cometidos hay que prepararlo mediante una educación concreta a la caridad y a la justicia. Por eso, como ha pedido el Sínodo, es necesario promover la doctrina social de la Iglesia y darla a conocer en las diócesis y en las comunidades cristianas.&lt;a id="_ftnref248" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn248" name="_ftnref248" title=""&gt;[248]&lt;/a&gt; En este precioso patrimonio, procedente de la más antigua tradición eclesial, encontramos los elementos que orientan con profunda sabiduría el comportamiento de los cristianos ante las cuestiones sociales candentes. Esta doctrina, madurada durante toda la historia de la Iglesia, se caracteriza por el realismo y el equilibrio, ayudando así a evitar compromisos equívocos o utopías ilusorias.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Santificación del mundo y salvaguardia de la creación&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;92. Para desarrollar una profunda espiritualidad eucarística que pueda incidir también de manera significativa en el campo social, se requiere que el pueblo cristiano tenga conciencia de que, al dar gracias por medio de la Eucaristía, lo hace en nombre de toda la creación, aspirando así a la santificación del mundo y trabajando intensamente para tal fin.&lt;a id="_ftnref249" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn249" name="_ftnref249" title=""&gt;[249]&lt;/a&gt; La Eucaristía misma proyecta una luz intensa sobre la historia humana y sobre todo el cosmos. En esta perspectiva sacramental aprendemos, día a día, que todo acontecimiento eclesial tiene carácter de signo, mediante el cual Dios se comunica a sí mismo y nos interpela. De esta manera, la forma eucarística de la vida puede favorecer verdaderamente un auténtico cambio de mentalidad en el modo de ver la historia y el mundo. La liturgia misma nos educa a todo esto cuando, durante la presentación de las ofrendas, el sacerdote dirige a Dios una oración de bendición y de petición sobre el pan y el vino, « fruto de la tierra », « de la vid » y del « trabajo del hombre ». Con estas palabras, además de incluir en la ofrenda a Dios toda la actividad y el esfuerzo humano, el rito nos lleva a considerar la tierra como creación de Dios, que produce todo lo necesario para nuestro sustento. La creación no es una realidad neutral, mera materia que se puede utilizar indiferentemente siguiendo el instinto humano. Más bien forma parte del plan bondadoso de Dios, por el que todos nosotros estamos llamados a ser hijos e hijas en el Unigénito de Dios, Jesucristo (cf. &lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 1,4-12). La fundada preocupación por las condiciones ecológicas en que se encuentra la creación en muchas partes del mundo encuentra motivos de tranquilidad en la perspectiva de la esperanza cristiana, que nos compromete a actuar responsablemente en defensa de la creación.&lt;a id="_ftnref250" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn250" name="_ftnref250" title=""&gt;[250]&lt;/a&gt; En efecto, en la relación entre la Eucaristía y el universo descubrimos la unidad del plan de Dios y se nos invita a descubrir la relación profunda entre la creación y la « nueva creación », inaugurada con la resurrección de Cristo, nuevo Adán. En ella participamos ya desde ahora en virtud del Bautismo (cf. &lt;em&gt;Col&lt;/em&gt; 2,12 s.), y así se le abre a nuestra vida cristiana, alimentada por la Eucaristía, la perspectiva del mundo nuevo, del nuevo cielo y de la nueva tierra, donde la nueva Jerusalén baja del cielo, desde Dios, « ataviada como una novia que se adorna para su esposo » (&lt;em&gt;Ap&lt;/em&gt; 21,2).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Utilidad de un Compendio eucarístico&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;93. Al final de estas reflexiones, en las que he querido fijarme en las orientaciones surgidas en el Sínodo, deseo acoger también una petición que hicieron los Padres para ayudar al pueblo cristiano a creer, celebrar y vivir cada vez mejor el Misterio eucarístico. Preparado por los Dicasterios competentes se publicará un &lt;em&gt;Compendio&lt;/em&gt; que recogerá textos del Catecismo de la Iglesia Católica, oraciones y explicaciones de las Plegarias Eucarísticas del Misal, así como todo lo que pueda ser útil para la correcta comprensión, celebración y adoración del Sacramento del altar.&lt;a id="_ftnref251" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn251" name="_ftnref251" title=""&gt;[251]&lt;/a&gt; Espero que este instrumento ayude a que el memorial de la Pascua del Señor se convierta cada vez más en fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. Esto impulsará a cada fiel a hacer de su propia vida un verdadero culto espiritual.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a id="CONCLUSIÓN" name="CONCLUSIÓN"&gt;CONCLUSIÓN&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;94. Queridos hermanos y hermanas, la Eucaristía es el origen de toda forma de santidad, y todos nosotros estamos llamados a la plenitud de vida en el Espíritu Santo. ¡Cuántos santos han hecho auténtica la propia vida gracias a su piedad eucarística! Desde san Ignacio de Antioquía a san Agustín, de san Antonio Abad a san Benito, de san Francisco de Asís a santo Tomás de Aquino, de santa Clara de Asís a santa Catalina de Siena, de san Pascual Bailón a san Pedro Julián Eymard, de san Alfonso María de Ligorio al beato Carlos de Foucauld, de san Juan María Vianney a santa Teresa de Lisieux, de san Pío de Pietrelcina a la beata Teresa de Calcuta, del beato Piergiorgio Frassati al beato Iván Mertz, sólo por citar algunos de los numerosos nombres. La santidad ha tenido siempre su centro en el sacramento de la Eucaristía.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Por eso, es necesario que en la Iglesia se crea realmente, se celebre con devoción y se viva intensamente este santo Misterio. El don de sí mismo que Jesús hace en el Sacramento memorial de su pasión, nos asegura que el culmen de nuestra vida está en la participación en la vida trinitaria, que en Él se nos ofrece de manera definitiva y eficaz. La celebración y adoración de la Eucaristía nos permiten acercarnos al amor de Dios y adherirnos personalmente a él hasta unirnos con el Señor amado. El ofrecimiento de nuestra vida, la comunión con toda la comunidad de los creyentes y la solidaridad con cada hombre, son aspectos imprescindibles de la &lt;em&gt;logiké latreía&lt;/em&gt;, del culto espiritual, santo y agradable a Dios (cf. &lt;em&gt;Rm&lt;/em&gt; 12,1), en el que toda nuestra realidad humana concreta se transforma para su gloria. Invito, pues, a todos los pastores a poner la máxima atención en la promoción de una espiritualidad cristiana auténticamente eucarística. Que los presbíteros, los diáconos y todos los que desempeñan un ministerio eucarístico, reciban siempre de estos mismos servicios, realizados con esmero y preparación constante, fuerza y estímulo para el propio camino personal y comunitario de santificación. Exhorto a todos los laicos, en particular a las familias, a encontrar continuamente en el Sacramento del amor de Cristo la fuerza para transformar la propia vida en un signo auténtico de la presencia del Señor resucitado. Pido a todos los consagrados y consagradas que manifiesten con su propia vida eucarística el esplendor y la belleza de pertenecer totalmente al Señor.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;95. A principios del s. IV, el culto cristiano estaba todavía prohibido por las autoridades imperiales. Algunos cristianos del Norte de África, que se sentían en la obligación de celebrar el día del Señor, desafiaron la prohibición. Fueron martirizados mientras declaraban que no les era posible vivir sin la Eucaristía, alimento del Señor: &lt;em&gt;sine dominico non possumus&lt;/em&gt;.&lt;a id="_ftnref252" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn252" name="_ftnref252" title=""&gt;[252]&lt;/a&gt; Que estos mártires de Abitinia, junto con muchos santos y beatos que han hecho de la Eucaristía el centro de su vida, intercedan por nosotros y nos enseñen la fidelidad al encuentro con Cristo resucitado. Nosotros tampoco podemos vivir sin participar en el Sacramento de nuestra salvación y deseamos ser &lt;em&gt;iuxta dominicam viventes&lt;/em&gt;, es decir, llevar a la vida lo que celebramos en el día del Señor. En efecto, este es el día de nuestra liberación definitiva. ¿Qué tiene de extraño que deseemos vivir cada día según la novedad introducida por Cristo con el misterio de la Eucaristía?&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;96. Que María Santísima, Virgen inmaculada, arca de la nueva y eterna alianza, nos acompañe en este camino al encuentro del Señor que viene. En Ella encontramos la esencia de la Iglesia realizada del modo más perfecto. La Iglesia ve en María, « Mujer eucarística » -como la ha llamado el Siervo de Dios Juan Pablo II &lt;a id="_ftnref253" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn253" name="_ftnref253" title=""&gt;[253]&lt;/a&gt;-, su icono más logrado, y la contempla como modelo insustituible de vida eucarística. Por eso, en presencia del « &lt;em&gt;verum Corpus natum de Maria Virgine&lt;/em&gt; » sobre el altar, el sacerdote, en nombre de la asamblea litúrgica, afirma con las palabras del canon: « Veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor ».&lt;a id="_ftnref254" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn254" name="_ftnref254" title=""&gt;[254]&lt;/a&gt; Su santo nombre se invoca y venera también en los cánones de las tradiciones cristianas orientales. Los fieles, por su parte, « encomiendan a María, Madre de la Iglesia, su vida y su trabajo. Esforzándose por tener los mismos sentimientos de María, ayudan a toda la comunidad a vivir como ofrenda viva, agradable al Padre ».&lt;a id="_ftnref255" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn255" name="_ftnref255" title=""&gt;[255]&lt;/a&gt; Ella es la &lt;em&gt;Tota pulchra&lt;/em&gt;, Toda hermosa, ya que en Ella brilla el resplandor de la gloria de Dios. La belleza de la liturgia celestial, que debe reflejarse también en nuestras asambleas, tiene un fiel espejo en Ella. De Ella hemos de aprender a convertirnos en personas eucarísticas y eclesiales para poder presentarnos también nosotros, según la expresión de san Pablo, « inmaculados » ante el Señor, tal como Él nos ha querido desde el principio (cf. &lt;em&gt;Col&lt;/em&gt; 1,21; &lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 1,4).&lt;a id="_ftnref256" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftn256" name="_ftnref256" title=""&gt;[256]&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;97. Que el Espíritu Santo, por intercesión de la Santísima Virgen María, encienda en nosotros el mismo ardor que sintieron los discípulos de Emaús (cf. &lt;em&gt;Lc&lt;/em&gt; 24,13-35), y renueve en nuestra vida el asombro eucarístico por el resplandor y la belleza que brillan en el rito litúrgico, signo eficaz de la belleza infinita propia del misterio santo de Dios. Aquellos discípulos se levantaron y volvieron de prisa a Jerusalén para compartir la alegría con los hermanos y hermanas en la fe. En efecto, la verdadera alegría está en reconocer que el Señor se queda entre nosotros, compañero fiel de nuestro camino. La Eucaristía nos hace descubrir que Cristo muerto y resucitado, se hace contemporáneo nuestro en el misterio de la Iglesia, su Cuerpo. Hemos sido hechos testigos de este misterio de amor. Deseemos ir llenos de alegría y admiración al encuentro de la santa Eucaristía, para experimentar y anunciar a los demás la verdad de la palabra con la que Jesús se despidió de sus discípulos: « Yo estoy con vosotros todos los días, hasta al fin del mundo » (&lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 28,20).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;em&gt;En Roma, junto a san Pedro, el 22 de Febrero, fiesta de la Cátedra del Apóstol san Pedro, del año 2007, segundo de mi Pontificado.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;hr/&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;strong&gt;Notas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn1" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref1" name="_ftn1" title=""&gt;[1]&lt;/a&gt; Cf. Sto. Tomás de Aquino, &lt;em&gt;Summa Theologiae&lt;/em&gt;, III, q. 73, a. 3.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn2" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref2" name="_ftn2" title=""&gt;[2]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;In Iohannis Evangelium Tractatus&lt;/em&gt;, 26,5: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 35, 1609.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn3" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref3" name="_ftn3" title=""&gt;[3]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/february/documents/hf_ben-xvi_spe_20060210_doctrine-faith_sp.html"&gt;A los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (10 febrero 2006): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 255.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn4" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref4" name="_ftn4" title=""&gt;[4]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/june/documents/hf_ben-xvi_spe_20060601_sinodo-vescovi_sp.html"&gt;Discurso a los participantes en la III reunión del XI Consejo Ordinario del Sínodo de los Obispos&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (1 junio 2006): &lt;em&gt;L'Osservatore Romano, ed. en lengua española&lt;/em&gt; (9 junio 2006), p. 18.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn5" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref5" name="_ftn5" title=""&gt;[5]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 2.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn6" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref6" name="_ftn6" title=""&gt;[6]&lt;/a&gt; Me refiero a la necesidad de una hermenéutica de la continuidad con referencia también a una correcta lectura del desarrollo litúrgico después del Concilio Vaticano II: cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2005/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20051222_roman-curia_sp.html"&gt;Discurso a la Curia Romana&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (22 diciembre 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 44-45.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn7" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref7" name="_ftn7" title=""&gt;[7]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 97(2005), 337-352.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn8" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref8" name="_ftn8" title=""&gt;[8]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20041014_anno-eucaristia_sp.html"&gt;Año de la Eucaristía. Sugerencias y propuestas&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (14 octubre 2004): &lt;em&gt;L'Osservatore Romano&lt;/em&gt; (15 octubre 2004), Suplemento.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn9" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref9" name="_ftn9" title=""&gt;[9]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95(2003), 433-475. Recuérdese también la Instrucción de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20040423_redemptionis-sacramentum_sp.html"&gt;Redemptionis Sacramentum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 2004): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 96 (2004), 549-601, querida expresamente por Juan Pablo II.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn10" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref10" name="_ftn10" title=""&gt;[10]&lt;/a&gt; Por recordar sólo los principales: Conc. Ecum. de Trento, &lt;em&gt;Doctrina et canones de ss. Missae sacrificio&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;DS&lt;/em&gt; 1738-1759; León XIII, Carta enc. &lt;em&gt;Mirae Caritatis&lt;/em&gt; (28 mayo 1902): &lt;em&gt;ASS&lt;/em&gt; (1903), 115- 136, 115-136; Pío XII, Carta enc. &lt;em&gt;Mediator Dei&lt;/em&gt; (20 noviembre 1947): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 39 (1947), 521-595; Pablo VI, Carta enc. &lt;em&gt;Mysterium Fidei&lt;/em&gt; (3 septiembre 1965): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 57 (1965), 753-774; Juan Pablo II, Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/_INDEX.HTM"&gt;Ecclesia de Eucharistia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (17 abril 2003): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95(2003), 433-475; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. &lt;em&gt;Eucharisticum mysterium&lt;/em&gt; (25 mayo 1967): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 59 (1967), 539-573; Instr. &lt;em&gt;Liturgiam authenticam&lt;/em&gt; (28 marzo 2001): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 93 (2001), 685-726.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn11" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref11" name="_ftn11" title=""&gt;[11]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 1.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn12" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref12" name="_ftn12" title=""&gt;[12]&lt;/a&gt; N. 14: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 229.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn13" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref13" name="_ftn13" title=""&gt;[13]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P3Y.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 1327.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn14" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref14" name="_ftn14" title=""&gt;[14]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 16.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn15" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref15" name="_ftn15" title=""&gt;[15]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20050507_san-giovanni-laterano_sp.html"&gt;Homilía en la Misa de toma de posesión de la Cátedra de Roma&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (7 mayo 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 97 (2005), 752.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn16" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref16" name="_ftn16" title=""&gt;[16]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 4.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn17" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref17" name="_ftn17" title=""&gt;[17]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;De Trinitate,&lt;/em&gt; VIII, 8, 12: &lt;em&gt;CCL&lt;/em&gt; 50, 287.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn18" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref18" name="_ftn18" title=""&gt;[18]&lt;/a&gt; Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html"&gt;Deus caritas est&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 diciembre 2005), 12: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 228.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn19" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref19" name="_ftn19" title=""&gt;[19]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 3.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn20" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref20" name="_ftn20" title=""&gt;[20]&lt;/a&gt; Breviario Romano, &lt;em&gt;Himno en el Oficio de lectura de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn21" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref21" name="_ftn21" title=""&gt;[21]&lt;/a&gt; Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html"&gt;Deus caritas est&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 diciembre 2005), 13: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 228.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn22" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref22" name="_ftn22" title=""&gt;[22]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20050821_20th-world-youth-day_sp.html"&gt;Homilía en la explanada de Marienfeld&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (21 agosto 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 97 (2005), 891-892.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn23" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref23" name="_ftn23" title=""&gt;[23]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 3.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn24" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref24" name="_ftn24" title=""&gt;[24]&lt;/a&gt; Cf. Misal Romano, &lt;em&gt;Plegaria Eucarística IV&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn25" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref25" name="_ftn25" title=""&gt;[25]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Catequesis XXIII&lt;/em&gt;, 7: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 33, 1114s.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn26" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref26" name="_ftn26" title=""&gt;[26]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Sobre el sacerdocio&lt;/em&gt;, VI, 4: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 48, 681.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn27" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref27" name="_ftn27" title=""&gt;[27]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ibíd.&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;III&lt;/em&gt;, 4: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 48, 642.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn28" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref28" name="_ftn28" title=""&gt;[28]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 22.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn29" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref29" name="_ftn29" title=""&gt;[29]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 42: « Este encuentro eucarístico se realiza en el Espíritu Santo que nos transforma y santifica. Él despierta en el discípulo la decidida voluntad de anunciar con audacia a los demás lo que se ha escuchado y vivido, para acompañarlos al mismo encuentro con Cristo. De este modo, el discípulo, enviado por la Iglesia, se abre a una misión sin fronteras ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn30" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref30" name="_ftn30" title=""&gt;[30]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la Iglesia, 3; véase, por ejemplo, S. Juan Crisóstomo, &lt;em&gt;Catequesis&lt;/em&gt; 3,13-19: &lt;em&gt;SC&lt;/em&gt; 50,174-177.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn31" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref31" name="_ftn31" title=""&gt;[31]&lt;/a&gt; Juan Pablo II, Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/__P2.HTM"&gt;Ecclesia de Eucharistia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (17 abril 2003), 1: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95(2003) 433.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn32" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref32" name="_ftn32" title=""&gt;[32]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/__P4.HTM"&gt;Ibíd.&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/__P4.HTM"&gt;, 21&lt;/a&gt;: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95 (2003), 447.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn33" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref33" name="_ftn33" title=""&gt;[33]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0038/__PL.HTM"&gt;Redemptor hominis&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (4 marzo 1979), 20: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 71 (1979), 309-316; Carta ap. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/documents/hf_jp-ii_let_24021980_dominicae-cenae_sp.html"&gt;Dominicae Cenae&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (24 febrero 1980), 4: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 72 (1980), 119-121.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn34" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref34" name="_ftn34" title=""&gt;[34]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 5.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn35" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref35" name="_ftn35" title=""&gt;[35]&lt;/a&gt; Cf. Sto. Tomás de Aquino, &lt;em&gt;Summa Theologiae&lt;/em&gt;, III, q. 80, a. 4.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn36" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref36" name="_ftn36" title=""&gt;[36]&lt;/a&gt; N. 38: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95 (2003), 458.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn37" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref37" name="_ftn37" title=""&gt;[37]&lt;/a&gt; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre la Iglesia, 23.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn38" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref38" name="_ftn38" title=""&gt;[38]&lt;/a&gt; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_28051992_communionis-notio_sp.html"&gt;Communionis notio&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre algunos aspectos de la Iglesia como comunión (28 mayo 1992), 11: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 85 (1993), 844-845.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn39" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref39" name="_ftn39" title=""&gt;[39]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 5: « El término "católico" expresa la universalidad que proviene de la unidad que la Eucaristía, que se celebra en cada Iglesia, favorece y edifica. En la Eucaristía, las Iglesias particulares tienen el papel de hacer visible en la Iglesia universal su propia unidad y su diversidad. Esta relación de amor fraterno deja entrever la comunión trinitaria. Los concilios y los sínodos expresan en la historia este aspecto fraterno de la Iglesia ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn40" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref40" name="_ftn40" title=""&gt;[40]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn41" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref41" name="_ftn41" title=""&gt;[41]&lt;/a&gt; Decr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html"&gt;Presbyterorum Ordinis&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre el ministerio y vida de los presbíteros, 5.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn42" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref42" name="_ftn42" title=""&gt;[42]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 14.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn43" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref43" name="_ftn43" title=""&gt;[43]&lt;/a&gt; Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre la Iglesia, 1.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn44" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref44" name="_ftn44" title=""&gt;[44]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;De Orat. Dom&lt;/em&gt;., 23: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 4, 553.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn45" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref45" name="_ftn45" title=""&gt;[45]&lt;/a&gt; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la Iglesia, 48; cf. también &lt;em&gt;ibíd.&lt;/em&gt;, 9.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn46" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref46" name="_ftn46" title=""&gt;[46]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 13.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn47" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref47" name="_ftn47" title=""&gt;[47]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la Iglesia, 7.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn48" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref48" name="_ftn48" title=""&gt;[48]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd.,&lt;/em&gt; 11; Conc. Ecum. Vat. II, Decr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html"&gt;Ad gentes&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre la actividad misionera de la Iglesia, 9.13.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn49" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref49" name="_ftn49" title=""&gt;[49]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Carta ap. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/documents/hf_jp-ii_let_24021980_dominicae-cenae_sp.html"&gt;Dominicae Cenae&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (24 febrero 1980), 7: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 72 (1980), 124-127; Conc. Ecum. Vat. II, Decr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html"&gt;Presbyterorum Ordinis&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre el ministerio y vida de los presbíteros, 5.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn50" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref50" name="_ftn50" title=""&gt;[50]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Código de los Cánones de las Iglesias Orientales&lt;/em&gt;, can. 710.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn51" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref51" name="_ftn51" title=""&gt;[51]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Rito de la iniciación cristiana de los adultos,&lt;/em&gt; Introd. gen., nn. 34-36.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn52" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref52" name="_ftn52" title=""&gt;[52]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Rito del Bautismo de los niños&lt;/em&gt;, Introd. nn. 18-19.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn53" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref53" name="_ftn53" title=""&gt;[53]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 15.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn54" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref54" name="_ftn54" title=""&gt;[54]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 7. Juan Pablo II, Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/__P6.HTM"&gt;Ecclesia de Eucharistia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (17 abril 2003), 36: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95 (2003), 457-458.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn55" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref55" name="_ftn55" title=""&gt;[55]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia_sp.html"&gt;Reconciliatio et paenitentia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (2 diciembre 1984), 18: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 77 (1985), 224-228.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn56" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref56" name="_ftn56" title=""&gt;[56]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P43.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 1385.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn57" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref57" name="_ftn57" title=""&gt;[57]&lt;/a&gt; A este respecto, se puede pensar en el &lt;em&gt;Confiteor&lt;/em&gt; o en las palabras del sacerdote y de la asamblea antes de acercarse al altar: « &lt;em&gt;Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme&lt;/em&gt; ». La liturgia prevé justamente algunas oraciones muy bellas para el sacerdote, transmitidas por la tradición y que le recuerdan la necesidad de ser perdonado, como, por ejemplo, las que se pronuncian en voz baja antes de invitar a los fieles a la comunión sacramental: « &lt;em&gt;líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti&lt;/em&gt; ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn58" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref58" name="_ftn58" title=""&gt;[58]&lt;/a&gt; Cf. S. Juan Damasceno, &lt;em&gt;Sobre la recta fe&lt;/em&gt;, IV, 9: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 94, 1124C; S. Gregorio Nacianceno, &lt;em&gt;Discurso&lt;/em&gt; 39, 17: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 36, 356A; Conc. Ecum. de Trento, &lt;em&gt;Doctrina de sacramento paenitentiae&lt;/em&gt;, cap. 2: &lt;em&gt;DS&lt;/em&gt; 1672.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn59" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref59" name="_ftn59" title=""&gt;[59]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre la Iglesia, 11; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia_sp.html"&gt;Reconciliatio et paenitentia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (2 diciembre 1984), 30: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 77 (1985), 256-257.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn60" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref60" name="_ftn60" title=""&gt;[60]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 7.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn61" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref61" name="_ftn61" title=""&gt;[61]&lt;/a&gt;Cf. Juan Pablo II, Motu proprio &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_20020502_misericordia-dei_sp.html"&gt;Misericordia Dei&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (7 abril 2002): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 94 (2002), 452-459.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn62" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref62" name="_ftn62" title=""&gt;[62]&lt;/a&gt; Junto con los Padres sinodales, recuerdo que las celebraciones penitenciales no sacramentales, mencionadas en el ritual del sacramento de la Reconciliación, pueden ser útiles para aumentar el espíritu de conversión y de comunión en las comunidades cristianas, preparando así los corazones a la celebración del sacramento: cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 7.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn63" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref63" name="_ftn63" title=""&gt;[63]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0020/__P1R.HTM"&gt;Código de Derecho Canónico&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, can. 508.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn64" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref64" name="_ftn64" title=""&gt;[64]&lt;/a&gt; Pablo VI, Const. ap. &lt;em&gt;Indulgentiarum doctrina&lt;/em&gt; (1 enero 1967), &lt;em&gt;Normae&lt;/em&gt;, n. 1: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 59 (1967), 21.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn65" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref65" name="_ftn65" title=""&gt;[65]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ibíd&lt;/em&gt;., 9: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 59 (1967), 18-19.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn66" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref66" name="_ftn66" title=""&gt;[66]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P4K.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 1499-1531.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn67" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref67" name="_ftn67" title=""&gt;[67]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P4P.HTM"&gt;Ibíd&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P4P.HTM"&gt;., 1524&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn68" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref68" name="_ftn68" title=""&gt;[68]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 44.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn69" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref69" name="_ftn69" title=""&gt;[69]&lt;/a&gt; Cf. Sínodo de los Obispos, II Asamblea General, Documento sobre el sacerdocio ministerial &lt;em&gt;Ultimis temporibus&lt;/em&gt; (30 noviembre 1971): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 63 (1971), 898-942.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn70" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref70" name="_ftn70" title=""&gt;[70]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis_sp.html"&gt;Pastores dabo vobis&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 1992), 42-69: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 84 (1992), 729-778.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn71" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref71" name="_ftn71" title=""&gt;[71]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la Iglesia, 10; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones concernientes al ministro de la Eucaristía &lt;em&gt;Sacerdotium ministeriale&lt;/em&gt; (6 agosto 1983): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 75 (1983), 1001-1009.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn72" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref72" name="_ftn72" title=""&gt;[72]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P4U.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 1548.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn73" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref73" name="_ftn73" title=""&gt;[73]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P4U.HTM"&gt;Ibíd.&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P4U.HTM"&gt;, 1552&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn74" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref74" name="_ftn74" title=""&gt;[74]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;In Iohannis Evangelium Tractatus&lt;/em&gt; 123, 5: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 35, 1967.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn75" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref75" name="_ftn75" title=""&gt;[75]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 11.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn76" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref76" name="_ftn76" title=""&gt;[76]&lt;/a&gt; Cf. Decr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html"&gt;Presbyterorum Ordinis&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre el ministerio y vida de los presbíteros, 16.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn77" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref77" name="_ftn77" title=""&gt;[77]&lt;/a&gt; Cf. Juan XXIII, Carta enc. &lt;em&gt;Sacerdotii nostri primordia&lt;/em&gt; (1 agosto 1959): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 51 (1959), 545-579; Pablo VI, Carta enc. &lt;em&gt;Sacerdotalis coelibatus&lt;/em&gt; (24 junio 1967): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 59 (1967), 657-697; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis_sp.html"&gt;Pastores dabo vobis&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 1992), 29: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 84 (1992), 703-705; Benedicto XVI, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20061222_curia-romana_sp.html"&gt;Discurso a la Curia Romana&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; ( 22 diciembre 2006): &lt;em&gt;L'Osservatore Romano, ed. en lengua española&lt;/em&gt; (29 diciembre 2006), p. 7.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn78" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref78" name="_ftn78" title=""&gt;[78]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 11.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn79" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref79" name="_ftn79" title=""&gt;[79]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651028_optatam-totius_sp.html"&gt;Optatam totius&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre la formación sacerdotal, 6; &lt;em&gt;Código de Derecho Canónico&lt;/em&gt;, can. 241, § 1 y can. 1029; &lt;em&gt;Código de los Cánones de las Iglesias Orientales&lt;/em&gt;, can. 342, § 1 y can. 758; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis_sp.html"&gt;Pastores dabo vobis&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 1992) 11.34.50: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 84 (1992), 673-675; 712-714; 746-748; Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cclergy/documents/rc_con_cclergy_doc_31011994_directory_sp.html"&gt;Dives Ecclesiae&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (31 marzo 1994), 58: &lt;em&gt;LEV&lt;/em&gt;, 1994, pp. 56-58; Congregación para la Educación Católica, &lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/documents/rc_con_ccatheduc_doc_20051104_istruzione_sp.html"&gt;Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional sobre las personas con tendencias homosexuales con vistas a su admisión al Seminario y a las Órdenes sagradas&lt;/a&gt; (4 noviembre 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 97 (2005), 1007-1013.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn80" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref80" name="_ftn80" title=""&gt;[80]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 12; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis_sp.html"&gt;Pastores dabo vobis&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 1992) 41: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 84 (1992), 726-729.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn81" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref81" name="_ftn81" title=""&gt;[81]&lt;/a&gt; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre la Iglesia, 29.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn82" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref82" name="_ftn82" title=""&gt;[82]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 38.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn83" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref83" name="_ftn83" title=""&gt;[83]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio_sp.html"&gt;Familiaris consortio&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (22 noviembre 1981), 57: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 74 (1982), 149-150.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn84" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref84" name="_ftn84" title=""&gt;[84]&lt;/a&gt; Carta ap. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_15081988_mulieris-dignitatem_sp.html"&gt;Mulieris dignitatem&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (15 agosto 1988), 26: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 80 (1988), 1715-1716.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn85" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref85" name="_ftn85" title=""&gt;[85]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P52.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 1617.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn86" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref86" name="_ftn86" title=""&gt;[86]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 8.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn87" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref87" name="_ftn87" title=""&gt;[87]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre la Iglesia, 11.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn88" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref88" name="_ftn88" title=""&gt;[88]&lt;/a&gt;Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 8.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn89" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref89" name="_ftn89" title=""&gt;[89]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Carta ap. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_15081988_mulieris-dignitatem_sp.html"&gt;Mulieris dignitatem&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (15 agosto 1988): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 80 (1988), 1653-1729; Congregación para la Doctrina de la Fe, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20040731_collaboration_sp.html"&gt;Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y de la mujer en la Iglesia y en el mundo&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (31 mayo 2004): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 96 (2004), 671-687.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn90" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref90" name="_ftn90" title=""&gt;[90]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 9.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn91" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref91" name="_ftn91" title=""&gt;[91]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P55.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 1640.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn92" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref92" name="_ftn92" title=""&gt;[92]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio_sp.html"&gt;Familiaris consortio&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (22 noviembre 1981), 84: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 74 (1982), 184-186; Congregación para la Doctrina de la Fe, &lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_14091994_rec-holy-comm-by-divorced_sp.html"&gt;Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar &lt;em&gt;Annus Internationalis Familiae&lt;/em&gt;&lt;/a&gt; (14 septiembre 1994): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 86 (1994), 974-979.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn93" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref93" name="_ftn93" title=""&gt;[93]&lt;/a&gt; Cf. Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, Instrucción sobre las normas que han de observarse en los tribunales eclesiásticos en las causas matrimoniales &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/intrptxt/documents/rc_pc_intrptxt_doc_20050125_dignitas-connubii_sp.html"&gt;Dignitas connubii&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 enero 2005), Ciudad del Vaticano, 2005.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn94" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref94" name="_ftn94" title=""&gt;[94]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 40.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn95" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref95" name="_ftn95" title=""&gt;[95]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/january/documents/hf_ben-xvi_spe_20060128_roman-rota_sp.html"&gt;Discurso al Tribunal de la Rota Romana con ocasión de la inauguración del año judicial&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; &lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/january/documents/hf_ben-xvi_spe_20060128_roman-rota_sp.html"&gt;(28 enero 2006): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 138.&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn96" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref96" name="_ftn96" title=""&gt;[96]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 40.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn97" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref97" name="_ftn97" title=""&gt;[97]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn98" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref98" name="_ftn98" title=""&gt;[98]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn99" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref99" name="_ftn99" title=""&gt;[99]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la Iglesia, 48.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn100" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref100" name="_ftn100" title=""&gt;[100]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 3.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn101" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref101" name="_ftn101" title=""&gt;[101]&lt;/a&gt; A este propósito, quisiera recordar las palabras llenas de esperanza y de consuelo de la &lt;em&gt;Plegaria eucarística II&lt;/em&gt;: « Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn102" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref102" name="_ftn102" title=""&gt;[102]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20051208_anniv-vat-council_sp.html"&gt;Homilía&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (8 diciembre 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 15-16.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn103" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref103" name="_ftn103" title=""&gt;[103]&lt;/a&gt; Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la Iglesia, 58.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn104" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref104" name="_ftn104" title=""&gt;[104]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 4.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn105" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref105" name="_ftn105" title=""&gt;[105]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Relatio post disceptationem,&lt;/em&gt; 4: &lt;em&gt;L'Osservatore Romano&lt;/em&gt; (14 octubre 2005), p. 5.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn106" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref106" name="_ftn106" title=""&gt;[106]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Serm.&lt;/em&gt; 1, 7; 11, 10; 22, 7; 29, 76: &lt;em&gt;Sermones dominicales ad fidem codicum nunc denuo editi,&lt;/em&gt; Grottaferrata, 1977, pp.135, 209 s., 292 s., 337; Benedicto XVI, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/pont-messages/2006/documents/hf_ben-xvi_mes_20060522_ecclesial-movements_sp.html"&gt;Mensaje a los Movimientos Eclesiales y a las Nuevas Comunidades&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (22 mayo 2006): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 463.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn107" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref107" name="_ftn107" title=""&gt;[107]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html"&gt;Gaudium et spes&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn108" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref108" name="_ftn108" title=""&gt;[108]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html"&gt;Dei Verbum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la divina revelación, 2.4.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn109" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref109" name="_ftn109" title=""&gt;[109]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 33.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn110" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref110" name="_ftn110" title=""&gt;[110]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Sermo&lt;/em&gt; 227, 1: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 38, 1099.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn111" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref111" name="_ftn111" title=""&gt;[111]&lt;/a&gt; S. Agustín, &lt;em&gt;In Iohannis Evangelium Tractatus&lt;/em&gt;, 21, 8: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 35, 1568.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn112" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref112" name="_ftn112" title=""&gt;[112]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ibíd.&lt;/em&gt;, 28,1: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 35, 1622.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn113" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref113" name="_ftn113" title=""&gt;[113]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 30. La santa Misa que la Iglesia celebra durante la semana, y a la que se invita a los fieles a participar, tiene también su paradigma en el día del Señor, el día de la resurrección de Cristo; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 43.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn114" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref114" name="_ftn114" title=""&gt;[114]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 2.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn115" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref115" name="_ftn115" title=""&gt;[115]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 25.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn116" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref116" name="_ftn116" title=""&gt;[116]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 19. La &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 25 especifica: « Una auténtica acción litúrgica expresa la sacralidad del Misterio eucarístico. Ésta debería reflejarse en las palabras y las acciones del sacerdote celebrante mientras intercede ante Dios, tanto con los fieles como por ellos ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn117" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref117" name="_ftn117" title=""&gt;[117]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 22; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 41; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20040423_redemptionis-sacramentum_sp.html"&gt;Redemptionis Sacramentum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 2004), 19-25: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 96 (2004), 555-557.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn118" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref118" name="_ftn118" title=""&gt;[118]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html"&gt;Christus Dominus&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la función pastoral de los obispos, 14; Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 41.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn119" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref119" name="_ftn119" title=""&gt;[119]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 22.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn120" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref120" name="_ftn120" title=""&gt;[120]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn121" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref121" name="_ftn121" title=""&gt;[121]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 25.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn122" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref122" name="_ftn122" title=""&gt;[122]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 112-130.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn123" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref123" name="_ftn123" title=""&gt;[123]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 27.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn124" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref124" name="_ftn124" title=""&gt;[124]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn125" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref125" name="_ftn125" title=""&gt;[125]&lt;/a&gt; Con referencia a estos aspectos, es necesario atenerse fielmente a lo establecido en la &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 319-351.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn126" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref126" name="_ftn126" title=""&gt;[126]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 39-41; Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 112-118.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn127" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref127" name="_ftn127" title=""&gt;[127]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Sermo&lt;/em&gt; 34, 1: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 38, 210.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn128" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref128" name="_ftn128" title=""&gt;[128]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 25: « Como todas las expresiones artísticas, también el canto debe armonizarse íntimamente con la liturgia y contribuir eficazmente a su finalidad, es decir, ha de expresar la fe, la oración, la admiración y el amor a Jesús presente en la Eucaristía ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn129" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref129" name="_ftn129" title=""&gt;[129]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 29.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn130" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref130" name="_ftn130" title=""&gt;[130]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 36.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn131" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref131" name="_ftn131" title=""&gt;[131]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 116; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 41.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn132" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref132" name="_ftn132" title=""&gt;[132]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 28; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 56; Sagrada Congregación de Ritos, Instr. &lt;em&gt;Eucharisticum Mysterium&lt;/em&gt; (25 mayo 1967), 3: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 57 (1967), 540-543.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn133" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref133" name="_ftn133" title=""&gt;[133]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 18.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn134" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref134" name="_ftn134" title=""&gt;[134]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ibíd&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn135" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref135" name="_ftn135" title=""&gt;[135]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 29.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn136" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref136" name="_ftn136" title=""&gt;[136]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Carta. enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0036/__P4.HTM"&gt;Fides et ratio&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (14 septiembre 1998), 13: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 91 (1999), 15-16.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn137" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref137" name="_ftn137" title=""&gt;[137]&lt;/a&gt; S. Jerónimo, &lt;em&gt;Comm. in Is.&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Prol&lt;/em&gt;.: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 24, 17; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html"&gt;Dei Verbum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la divina revelación, 25.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn138" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref138" name="_ftn138" title=""&gt;[138]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 31.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn139" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref139" name="_ftn139" title=""&gt;[139]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 29; Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 7.33.52.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn140" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref140" name="_ftn140" title=""&gt;[140]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 19.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn141" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref141" name="_ftn141" title=""&gt;[141]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 52.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn142" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref142" name="_ftn142" title=""&gt;[142]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html"&gt;Dei Verbum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la divina revelación, 21.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn143" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref143" name="_ftn143" title=""&gt;[143]&lt;/a&gt; Para este fin, el Sínodo ha exhortado a elaborar elementos pastorales basados en el leccionario trienal, que ayuden a unir intrínsecamente la proclamación de las lecturas previstas con la doctrina de la fe: cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 19.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn144" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref144" name="_ftn144" title=""&gt;[144]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 20.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn145" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref145" name="_ftn145" title=""&gt;[145]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 78.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn146" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref146" name="_ftn146" title=""&gt;[146]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd.&lt;/em&gt; 78-79.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn147" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref147" name="_ftn147" title=""&gt;[147]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 22.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn148" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref148" name="_ftn148" title=""&gt;[148]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 79d.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn149" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref149" name="_ftn149" title=""&gt;[149]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ibíd.&lt;/em&gt; 79c.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn150" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref150" name="_ftn150" title=""&gt;[150]&lt;/a&gt; Teniendo en cuenta costumbres antiguas y venerables, así como los deseos manifestados por los Padres sinodales, he pedido a los Dicasterios competentes que estudien la posibilidad de colocar el rito de la paz en otro momento, por ejemplo, antes de la presentación de las ofrendas en el altar. Por lo demás, dicha opción recordaría de manera significativa la amonestación del Señor sobre la necesidad de reconciliarse antes de presentar cualquier ofrenda a Dios (cf. &lt;em&gt;Mt&lt;/em&gt; 5,23 s.): cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 23.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn151" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref151" name="_ftn151" title=""&gt;[151]&lt;/a&gt; Cf. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20040423_redemptionis-sacramentum_sp.html"&gt;Redemptionis Sacramentum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 2004), 80-96: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 96 (2004), 574-577.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn152" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref152" name="_ftn152" title=""&gt;[152]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 34.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn153" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref153" name="_ftn153" title=""&gt;[153]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 35.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn154" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref154" name="_ftn154" title=""&gt;[154]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 24.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn155" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref155" name="_ftn155" title=""&gt;[155]&lt;/a&gt; Cf. Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 14-20; 30 s.; 48 s.; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20040423_redemptionis-sacramentum_sp.html"&gt;Redemptionis Sacramentum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 2004), 36-42: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 96 (2004), 561-564.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn156" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref156" name="_ftn156" title=""&gt;[156]&lt;/a&gt; N. 48.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn157" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref157" name="_ftn157" title=""&gt;[157]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ibíd.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn158" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref158" name="_ftn158" title=""&gt;[158]&lt;/a&gt; Cf. Congregación para el Clero y otros Dicasterios de la Curia Romana, Instr. Sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes, &lt;em&gt;Ecclesiae de mysterio&lt;/em&gt; (15 agosto 1997): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 89 (1997), 852-877.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn159" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref159" name="_ftn159" title=""&gt;[159]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 33.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn160" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref160" name="_ftn160" title=""&gt;[160]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, 92.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn161" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref161" name="_ftn161" title=""&gt;[161]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd.&lt;/em&gt;, 94.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn162" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref162" name="_ftn162" title=""&gt;[162]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html"&gt;Apostolicam actuositatem&lt;/a&gt;,&lt;/em&gt; sobre el apostolado de los laicos, 24; &lt;em&gt;Ordenación General del Misal Romano&lt;/em&gt;, nn. 95-111; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20040423_redemptionis-sacramentum_sp.html"&gt;Redemptionis Sacramentum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 2004), 43-47: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 96 (2004), 564-566; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 33: « Se han de introducir estos ministerios de acuerdo con un mandato específico y las exigencias reales de la comunidad que celebra. Las personas encargadas de estos servicios litúrgicos laicales han de ser elegidas con mucha atención, bien preparadas y acompañadas con una formación permanente. Su nombramiento ha de ser temporal. Dichas personas deben ser conocidas por la comunidad y recibir de ella el debido reconocimiento ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn163" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref163" name="_ftn163" title=""&gt;[163]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 37-42.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn164" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref164" name="_ftn164" title=""&gt;[164]&lt;/a&gt; Cf. nn. 386-399.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn165" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref165" name="_ftn165" title=""&gt;[165]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 87 (1995), 288-314.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn166" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref166" name="_ftn166" title=""&gt;[166]&lt;/a&gt; Cf. Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;Ecclesia in Africa&lt;/em&gt; (14 septiembre 1995), 55-71; Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;Ecclesia in America&lt;/em&gt; (22 enero 1999), 16.40.64.70-72: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 91 (1999), 752-753; 775-776; 799; 805-809; Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;Ecclesia in Asia&lt;/em&gt; (6 noviembre 1999), 21s.: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 92 (2000), 482-487; Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;Ecclesia in Oceania&lt;/em&gt; (22 noviembre 2001), 16: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 94 (2002), 382- 384; Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;Ecclesia in Europa&lt;/em&gt; (28 junio 2003), 58- 60: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95 (2003), 685-686.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn167" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref167" name="_ftn167" title=""&gt;[167]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 26.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn168" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref168" name="_ftn168" title=""&gt;[168]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 35; Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 11.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn169" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref169" name="_ftn169" title=""&gt;[169]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P43.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 1388; Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 55.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn170" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref170" name="_ftn170" title=""&gt;[170]&lt;/a&gt; Cf. Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/__P6.HTM"&gt;Ecclesia de Eucharistia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (17 abril 2003), 34: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95 (2003), 456.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn171" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref171" name="_ftn171" title=""&gt;[171]&lt;/a&gt; Así, por ejemplo, Sto. Tomás de Aquino, &lt;em&gt;Summa Theologiae&lt;/em&gt;, III, q. 80, a. 1,2; Sta. Teresa de Jesús, &lt;em&gt;Camino de perfección&lt;/em&gt;, cap. 35. La doctrina ha sido confirmada con autoridad por el Concilio de Trento, sess. XIII, c. VIII.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn172" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref172" name="_ftn172" title=""&gt;[172]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0043/__P3.HTM"&gt;Ut unum sint&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 mayo 1995), 8: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 87 (1995), 925-926.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn173" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref173" name="_ftn173" title=""&gt;[173]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 41; Conc. Ecum. Vat. II, Decr. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html"&gt;Unitatis redintegratio&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre el ecumenismo, 8,15; Juan Pablo II, Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0043/__PE.HTM"&gt;Ut unum sint&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 mayo 1995), 46: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 87 (1995), 948; Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/__P6.HTM"&gt;Ecclesia de Eucharistia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (17 abril 2003), 45-46: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95 (2003), 463- 464; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0020/__P2R.HTM"&gt;Código de Derecho Canónico&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, can. 844 §§ 3-4; &lt;em&gt;Código de los Cánones de las Iglesias Orientales&lt;/em&gt;, can. 671 §§ 3-4; Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, &lt;em&gt;Directoire pour l'application des principes et des normes sur l'œcuménisme&lt;/em&gt; (25 marzo 1993), 125, 129-131: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 85 (1993), 1087, 1088-1089.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn174" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref174" name="_ftn174" title=""&gt;[174]&lt;/a&gt; Cf. nn. 1398-1401.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn175" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref175" name="_ftn175" title=""&gt;[175]&lt;/a&gt; Cf. n. 293.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn176" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref176" name="_ftn176" title=""&gt;[176]&lt;/a&gt;Cf. Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, Instr. past. sobre las Comunicaciones Sociales en el 20º aniversario de la « Communio et progressio », &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_22021992_aetatis_sp.html"&gt;Aetatis novae&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (22 febrero 1992): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 84 (1992), 447-468.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn177" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref177" name="_ftn177" title=""&gt;[177]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 29.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn178" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref178" name="_ftn178" title=""&gt;[178]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 44.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn179" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref179" name="_ftn179" title=""&gt;[179]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 48.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn180" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref180" name="_ftn180" title=""&gt;[180]&lt;/a&gt; Este conocimiento se puede adquirir también en los años de formación de los candidatos al sacerdocio en el seminario mediante iniciativas apropiadas: cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 45.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn181" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref181" name="_ftn181" title=""&gt;[181]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 37.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn182" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref182" name="_ftn182" title=""&gt;[182]&lt;/a&gt; Cf. Const. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html"&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, sobre la sagrada liturgia, 36 y 54.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn183" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref183" name="_ftn183" title=""&gt;[183]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 36.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn184" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref184" name="_ftn184" title=""&gt;[184]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn185" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref185" name="_ftn185" title=""&gt;[185]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 32.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn186" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref186" name="_ftn186" title=""&gt;[186]&lt;/a&gt;Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 14.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn187" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref187" name="_ftn187" title=""&gt;[187]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 19.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn188" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref188" name="_ftn188" title=""&gt;[188]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 14.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn189" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref189" name="_ftn189" title=""&gt;[180]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2006/documents/hf_ben-xvi_hom_20060603_veglia-pentecoste_sp.html"&gt;Homilía en las primeras Vísperas de Pentecostés&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (3 junio 2006): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 509.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn190" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref190" name="_ftn190" title=""&gt;[190]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 34.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn191" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref191" name="_ftn191" title=""&gt;[191]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Enarrationes in Psalmos&lt;/em&gt; 98,9 &lt;em&gt;CCL&lt;/em&gt; XXXIX 1385; cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2005/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20051222_roman-curia_sp.html"&gt;Discurso a la Curia Romana&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (22 diciembre 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 44-45.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn192" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref192" name="_ftn192" title=""&gt;[192]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 6.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn193" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref193" name="_ftn193" title=""&gt;[193]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2005/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20051222_roman-curia_sp.html"&gt;Discurso a la Curia Romana&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (22 diciembre 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 45.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn194" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref194" name="_ftn194" title=""&gt;[194]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 6; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20020513_vers-direttorio_sp.html"&gt;Directorio sobre la piedad popular y liturgia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (17 diciembre 2001), nn. 164-165, Ciudad del Vaticano 2002; Sagrada Congregación de Ritos, Instr. &lt;em&gt;Eucharisticum Mysterium&lt;/em&gt; (25 mayo 1967): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 57 (1967), 539-573.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn195" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref195" name="_ftn195" title=""&gt;[195]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Relatio post disceptationem&lt;/em&gt;, 11: &lt;em&gt;L'Osservatore Romano&lt;/em&gt; (14 octubre 2005), p. 5.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn196" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref196" name="_ftn196" title=""&gt;[196]&lt;/a&gt;Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 28.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn197" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref197" name="_ftn197" title=""&gt;[197]&lt;/a&gt; Cf. n. 314.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn198" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref198" name="_ftn198" title=""&gt;[198]&lt;/a&gt; VII, 10, 16: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 32, 742.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn199" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref199" name="_ftn199" title=""&gt;[199]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20050821_20th-world-youth-day_sp.html"&gt;Homilía en la Explanada de Marienfeld&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, (21 agosto 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 97 (2005), 892; cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2006/documents/hf_ben-xvi_hom_20060603_veglia-pentecoste_sp.html"&gt;Homilía en la Vigilia de Pentecostés&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (3 junio 2006): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 505.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn200" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref200" name="_ftn200" title=""&gt;[200]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Relatio post disceptationem&lt;/em&gt;, 6,47: &lt;em&gt;L'Osservatore Romano&lt;/em&gt; (14 octubre 2005), pp. 5. 6; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 43.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn201" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref201" name="_ftn201" title=""&gt;[201]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;De civitate Dei,&lt;/em&gt; X, 6: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 41, 284.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn202" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref202" name="_ftn202" title=""&gt;[202]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P42.HTM"&gt;Catecismo de la Iglesia Católica&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 1368.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn203" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref203" name="_ftn203" title=""&gt;[203]&lt;/a&gt; Cf. S. Ireneo, &lt;em&gt;Contra las herejías&lt;/em&gt; IV, 20, 7: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 7, 1037.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn204" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref204" name="_ftn204" title=""&gt;[204]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;A los Magnesios,&lt;/em&gt; 9,1-2: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 5, 670.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn205" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref205" name="_ftn205" title=""&gt;[205]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;I Apología&lt;/em&gt; 67, 1-6; 66: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 6, 430 s. 427. 430.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn206" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref206" name="_ftn206" title=""&gt;[206]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 30.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn207" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref207" name="_ftn207" title=""&gt;[207]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 90 (1998), 713-766.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn208" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref208" name="_ftn208" title=""&gt;[208]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 30.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn209" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref209" name="_ftn209" title=""&gt;[209]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2006/documents/hf_ben-xvi_hom_20060319_lavoratori_sp.html"&gt;Homilía&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (19 marzo 2006): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 324.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn210" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref210" name="_ftn210" title=""&gt;[210]&lt;/a&gt; Señala a este respecto el &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html"&gt;Compendio de la doctrina social de la Iglesia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, 258: « El descanso abre al hombre, sujeto a la necesidad del trabajo, la perspectiva de una libertad más plena, la del Sábado eterno (cf. &lt;em&gt;Hb&lt;/em&gt; 4,9-10). El descanso permite a los hombres recordar y revivir las obras de Dios, desde la Creación hasta la Redención, reconocerse a sí mismos como obra suya (cf. &lt;em&gt;Ef&lt;/em&gt; 2,10), y dar gracias por su vida y su subsistencia a Él, que de ellas es el Autor ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn211" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref211" name="_ftn211" title=""&gt;[211]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 10.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn212" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref212" name="_ftn212" title=""&gt;[212]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd.&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn213" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref213" name="_ftn213" title=""&gt;[213]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/may/documents/hf_ben-xvi_spe_20060511_ad-limina-quebec_sp.html"&gt;Discurso a los obispos de la conferencia episcopal de Canadá - Quebec en visita ad limina Apostolorum&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (11 mayo 2006): &lt;em&gt;L'Osservatore Romano&lt;/em&gt; (12 mayo 2006), p. 5.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn214" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref214" name="_ftn214" title=""&gt;[214]&lt;/a&gt; N. 10: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 71(1979), 414-415.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn215" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref215" name="_ftn215" title=""&gt;[215]&lt;/a&gt; &lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2006/documents/hf_ben-xvi_aud_20060329_sp.html"&gt;Audiencia general del 29 marzo 2006&lt;/a&gt;: &lt;em&gt;L'Osservatore Romano, ed. en lengua española&lt;/em&gt; (31 marzo 2006), p. 16.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn216" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref216" name="_ftn216" title=""&gt;[216]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 39.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn217" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref217" name="_ftn217" title=""&gt;[217]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Relatio post disceptationem&lt;/em&gt;, 30: &lt;em&gt;L'Osservatore Romano&lt;/em&gt; (14 octubre 2005), p. 6.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn218" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref218" name="_ftn218" title=""&gt;[218]&lt;/a&gt; Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; sobre la Iglesia, 39-42.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn219" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref219" name="_ftn219" title=""&gt;[219]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici_sp.html"&gt;Christifideles laici&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (30 diciembre 1988), 14.16: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 81 (1989), 409-413; 416-418.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn220" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref220" name="_ftn220" title=""&gt;[220]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 39.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn221" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref221" name="_ftn221" title=""&gt;[221]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;ibíd.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn222" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref222" name="_ftn222" title=""&gt;[222]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Pontifical Romano&lt;/em&gt;. &lt;em&gt;Ordenación del Obispo, de Presbíteros y de Diáconos&lt;/em&gt;, Rito de la ordenación del presbítero, n. 150.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn223" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref223" name="_ftn223" title=""&gt;[223]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis_sp.html"&gt;Pastores dabo vobis&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 1992),19-33; 70-81: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 84 (1992), 686-712; 778-800.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn224" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref224" name="_ftn224" title=""&gt;[224]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 38.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn225" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref225" name="_ftn225" title=""&gt;[225]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 39. Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_25031996_vita-consecrata_sp.html"&gt;Vita consecrata&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 1996), 95: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 88 (1996), 470-471.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn226" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref226" name="_ftn226" title=""&gt;[226]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/ESL0020/__P27.HTM"&gt;Código de Derecho Canónico&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;, can. 663, § 1.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn227" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref227" name="_ftn227" title=""&gt;[227]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_25031996_vita-consecrata_sp.html"&gt;Vita consecrata&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 1996), 34: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 88 (1996), 407-408.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn228" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref228" name="_ftn228" title=""&gt;[228]&lt;/a&gt; Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0044/__P10.HTM"&gt;Veritatis splendor&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (6 agosto 1993), 107: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 85 (1993), 1216-1217.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn229" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref229" name="_ftn229" title=""&gt;[229]&lt;/a&gt; Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html"&gt;Deus caritas est&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 diciembre 2005), 14: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 229.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn230" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref230" name="_ftn230" title=""&gt;[230]&lt;/a&gt; Cf. Juan Pablo II, Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0080/_INDEX.HTM"&gt;Evangelium vitae&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 marzo 1995): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 87 (1995), 401-522; Benedicto XVI, &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/february/documents/hf_ben-xvi_spe_20060227_embrione-umano_sp.html"&gt;Discurso a un congreso organizado por la Academia Pontificia para la vida&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (27 febrero 2006): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 264-265.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn231" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref231" name="_ftn231" title=""&gt;[231]&lt;/a&gt; Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, &lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20021124_politica_sp.html"&gt;Nota doctrinal acerca de algunas cuestiones con respecto al comportamiento de los católicos en la vida polític&lt;/a&gt;a (24 noviembre 2002): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95 (2004), 359-370.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn232" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref232" name="_ftn232" title=""&gt;[232]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 46.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn233" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref233" name="_ftn233" title=""&gt;[233]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; (2005), 711.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn234" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref234" name="_ftn234" title=""&gt;[234]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 42.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn235" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref235" name="_ftn235" title=""&gt;[235]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Martirio de Policarpo&lt;/em&gt;, XV, 1: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 5, 1039. 1042.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn236" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref236" name="_ftn236" title=""&gt;[236]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;A los Romanos&lt;/em&gt;, IV,1: &lt;em&gt;PG&lt;/em&gt; 5, 690.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn237" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref237" name="_ftn237" title=""&gt;[237]&lt;/a&gt;Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"&gt;Lumen gentium&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; sobre la Iglesia, 42.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn238" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref238" name="_ftn238" title=""&gt;[238]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 42; Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000806_dominus-iesus_sp.html"&gt;Dominus Iesus&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (6 agosto 2000), 13-15: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 92 (2000), 754-755.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn239" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref239" name="_ftn239" title=""&gt;[239]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 42.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn240" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref240" name="_ftn240" title=""&gt;[240]&lt;/a&gt;Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html"&gt;Deus caritas est&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 diciembre 2005), 18: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 232.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn241" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref241" name="_ftn241" title=""&gt;[241]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ibíd.&lt;/em&gt;, n. 14.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn242" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref242" name="_ftn242" title=""&gt;[242]&lt;/a&gt; Durante la asamblea sinodal hemos escuchado conmovidos testimonios muy significativos acerca de la eficacia del sacramento en la obra de pacificación. Se afirma al respecto en la &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 49: « Gracias a las celebraciones eucarísticas, pueblos en conflicto se han podido reunir alrededor de la Palabra de Dios, escuchar su anuncio profético de reconciliación a través del perdón gratuito, recibir la gracia de la conversión que permite la comunión en el mismo pan y en el mismo cáliz ».&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn243" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref243" name="_ftn243" title=""&gt;[243]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 48.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn244" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref244" name="_ftn244" title=""&gt;[244]&lt;/a&gt; Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html"&gt;Deus caritas est&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (25 diciembre 2005), 28: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 239.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn245" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref245" name="_ftn245" title=""&gt;[245]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 48.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn246" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref246" name="_ftn246" title=""&gt;[246]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/january/documents/hf_ben-xvi_spe_20060109_diplomatic-corps_sp.html"&gt;Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (9 enero 2006), 28: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 127.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn247" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref247" name="_ftn247" title=""&gt;[247]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ibíd&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn248" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref248" name="_ftn248" title=""&gt;[248]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 48. A este respecto es muy útil el &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html"&gt;Compendio de la doctrina social de la Iglesia&lt;/a&gt;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn249" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref249" name="_ftn249" title=""&gt;[249]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 43.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn250" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref250" name="_ftn250" title=""&gt;[250]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 47.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn251" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref251" name="_ftn251" title=""&gt;[251]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 17.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn252" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref252" name="_ftn252" title=""&gt;[252]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Acta SS. Saturnini, Dativi et aliorum plurimorum martyrum in Africa,&lt;/em&gt; 7. 9. 10: &lt;em&gt;PL&lt;/em&gt; 8, 707.709-710.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn253" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref253" name="_ftn253" title=""&gt;[253]&lt;/a&gt; Cf. Carta enc. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/edocs/ESL0327/__P8.HTM"&gt;Ecclesia de Eucharistia&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (17 abril 2003), 53: &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 95 (2003), 469.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn254" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref254" name="_ftn254" title=""&gt;[254]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Plegaria Eucarística I&lt;/em&gt; (Canon Romano).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn255" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref255" name="_ftn255" title=""&gt;[255]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Propositio&lt;/em&gt; 50.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;&lt;a id="_ftn256" href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html#_ftnref256" name="_ftn256" title=""&gt;[256]&lt;/a&gt; Cf. &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20051208_anniv-vat-council_sp.html"&gt;Homilía&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; (8 diciembre 2005): &lt;em&gt;AAS&lt;/em&gt; 98 (2006), 15.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br/&gt;&lt;p class="poweredbyzoundry"&gt;Powered by &lt;a href="http://www.zoundry.com" class="poweredbyzoundry_link" rel="nofollow"&gt;Zoundry&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/679823323331276060-6161617760912551328?l=bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/feeds/6161617760912551328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=679823323331276060&amp;postID=6161617760912551328' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default/6161617760912551328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default/6161617760912551328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/2007/03/sacramentum-caritatis.html' title='Sacramentum Caritatis'/><author><name>David Alvarez Martin</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09472354451105844285</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_Q_ij3dJ_P8Q/RezGDOqNG4I/AAAAAAAAAAM/cZtT6bSJZns/s320/David+Asturias+2005+(46).jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-679823323331276060.post-8367658183674925187</id><published>2007-03-11T07:35:00.000-07:00</published><updated>2007-03-11T07:36:30.797-07:00</updated><title type='text'>Alberto Buela</title><content type='html'>Movimientos nacionales en iberoamérica del siglo XX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alberto Buela&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando hablamos de movimientos nacionales en Iberoamérica y no en Latinoamérica como gusta denominarnos tanto la izquierda progresista, el mundo liberal y el socialcristiano, nos estamos refiriendo a aquellos movimientos que han pensado "lo nacional" en el marco de nuestra ecúmene cultural y no simplemente limitado al ámbito estrecho de nuestra veintenea de Estados-nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos referimos a esos movimientos que han pensado en algún momento el "nacionalismo continental" al decir del chileno Joaquín Edwards Bello. La nación con mayúsculas. La Patria Grande de hombres de acción como Artigas, Bolivar, San Martín, Morazán, Santa Cruz, O´Higgins, del Valle, Haya de la Torre, Perón, Vargas, Cárdenas, Barrios, Torrijos, Arévalo, Sandino, Albizu Campos, y en nuestros días Castro, Chávez o Morales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa gran nación indoibérica pensada por hombres como Rufino Blanco Fombona, José Vasconcelos, Rubén Dario, Julio Ycaza Tigerino, Vicente Sáenz, Joaquín García Monge, Santos Chocano, Víctor Belaunde, Francisco García Calderón, Alejo Carpentier, Eduardo Caballero Calderón, Arturo Ardao, Arturo Jauretche, Jorge Aberardo Ramos, Carlos Montenegro, Natalicio González, Gonzalo Zaldumbide, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Enrique Zorrilla, Juan Pablo Viscardo, Augusto Salazar Bondy, Mariano Picón Salas, Alberto Zum Felde, Alberto Masferrer, Carlos Arturo Torres, Darcy Ribeiro, Juan José Hernández Arregui, José Luis Torres, Manuel Ugarte, José María Vargas Vila, Enrique Gómez Carrilo, José Martí y tantos otros. Que en nuestros días, y sólo para mencionar diez, un ejemplo por cada uno de nuestros países de la América del Sur podemos mencionar a:  Helio Jaguaribe, Pedro Godoy, Horacio Cagni, Alberto Methol Ferré, Luis Corsi Otálora, Jorge Báez Roa, Andrés Soliz Rada, Edgardo Lander, Catón Villacreces, Fernando Fuenzalida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun cuando nos limitemos al estudio telegráfico de los movimientos nacionales en Iberoamérica durante el siglo XX  creemos encontrar su raíz y fuente en la conmoción que produjo la Guerra hispano-norteamericana de 1898 en la conciencia del hombre de la América indoibérica, tal como lo ha demostrado acabadamente Horacio Cagni en su magnífico libro La guerra hispanoamericano y el inicio de la globalización que naciera como un artículo en la revista de metapolítica Disenso allá por el año 1997. Y no porque consideremos que estos movimientos nacionales nacen como una respuesta a la guerra interimperialista tal como intenta demostrar J.A.Ramos en Historia de la nación latinoamericana, quien no sólo deja de lado y no menciona en ningún momento la única guerra que conmovió a toda Nuestra América en su conjunto, sino que además ignora por un prejuicio o tara marxista, todos aquellos movimientos nacionales de estricto y neto corte nacionalista hispanoamericano como los de Albizu Campos en Puerto Rico, Juan José Arévalo en Guatemala, Arnulfo Arias en Panamá, José Figueres en Costa Rica, y los de Velazco Ibarra en Ecuador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin desmerecer a nadie sostenemos que pretender entender estos movimientos nacionales como "movimiento nacional burgués", como un "nuevo bonapartismo", "como reformismo industrial burgués" porque no coinciden con la pureza racial del marxismo leninismo y sostener que la revolución cubana es el ejemplo para toda Nuestra América, es, en definitiva, no comprender qué es América y quienes somos nosotros los americanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es dar al traste un esfuerzo encomiable, de uno de los más lúcidos pensadores nacionales de la izquierda americana, por un prejuicio teórico, ignorando que, si bien la relación de oposición siempre ha sido entre pueblo y oligarquía, entre clase trabajadora y satisfechos del sistema demoliberal burgués, son en realidad, como denuncia Getulio Vargas en su testamento político, "los poderes indirectos de los grupos económicos y financieros internacionales los que han sometido a nuestro continente a la expoliación durante estos últimos dos siglos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El enemigo principal es el imperialismo en su forma más encarnizada y oculta, la sinarquía de que hablaba Perón, y los enemigos secundarios las oligarquías cipayas. Si hablamos de las oligarquías vernáculas y no hablamos de los poderes ocultos que las instrumentaron y las instrumentan, si nos agotamos en unas y no vemos a los otros, estamos poniendo el carro delante del caballo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es mutatis mutandi lo que hace Noam Chomsky hoy día para explicar los desatinos de George Bush con los bombardeos a Afganistán e Iraq, responsabilizándolo a él,  sin hacer mención al lobby neoconservador que elabora sus decisiones, y que no es, casualmente, norteamericano. O como el analista internacional Marcelo Diament quien sostiene que Israel bombardea y masacra a Palestina y Líbano en medio Oriente como un apéndice de los Estados Unidos, ignorando o silenciando que, en realidad, son los norteamericanos quienes están al servicio de Israel y sus intereses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos movimientos nacionales iberoamericanos nacen desde nosotros mismos y son la quinta esencia de lo que somos, con todos los rasgos de menor valía politológica e ideológica que la intelligensia nos quiera achacar. Y eso lo observó sagazmente el lúcido pensador nacional boliviano Carlos Montenegro cuando afirmó: " La masa popular se orienta con acierto asombroso en el proceso laberíntico del conflicto. Participa de ordinario en el motín y lleva a este o a otro caudillo al poder...La extraordinaria proliferación del motín se alimenta de un antagonismo incurable y fundamental no resuelto por la guerra de la Independencia. Un antagonismo que ha quedado en el subsuelo de la República a manera se simiente apenas recubierta por la capa de tierra del orden republicano. Sus brotes múltiples y reiterados evidencian que se trata de una vegetación propia de la tierra y el clima, del medio constitutivo que la hace viable en vez de extirparla. El motín (como expresión del movimiento nacional) es una de las formas de expresión que toma la lucha de las dos tendencias- la colonial y la nacional- desde la las guerras de la Independencia".[1]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que ponen en cuestión estos movimientos nacionales americanos es el régimen de representatividad política que extrañó ab ovo, desde el comienzo mismo de nuestra Independencia, la voluntad de nuestros pueblos. Fue la imitación de las élites dirigentes (hablando en criollo las oligarquías regionales con sus intereses irreductibles una a otras) las que no sólo colaboraron en la quiebra de la gran nación hispanoamericana sino que además imitaron, copiaron el régimen político parlamentario liberal y burgués de los Estados Unidos o de Francia. Que quisieron ser independientes no por una vocación política sino para lograr la libertad de comercio para sus productos. Libertad que sólo podía estar asegurada si cada una de ellas tenía su propio "paisito" con su propia aduana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta es la contradicción principal que está en la base de toda la Independencia americana: Los patriotas, los nacionales lucharon por convicciones políticas bajo el ideal de una Patria Grande y las élites (urbanas sobre todo) por la libertad de comercio bajo el ideal de Patria Chica. Unos pusieron el cuero y dejaron sus vidas  los otros, en todo caso, pusieron dinero para ganar más dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- México&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El movimiento nacional en México no se produce de un día para otro sino que se va incubando y luego desarrollando por etapas. Se incuba como reacción al profirato, el régimen de Porfirio Díaz quien gobernó por espacio de 35 años de 1876 a 1911, contra él se alzan Madero, Emiliano Zapata en el sur y Pancho Villa en el norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madero asume el 6 de noviembre de 1911 y es asesinado el 22 de febrero de 1913, pero su ministro de educación el filósofo José Vasconcelos realizó la mayor y fundamental reforma educativa de la historia de México&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su parte Emiliano Zapata presentó el Plan de Ayala exigiendo tierras para los campesinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carranza, el matador de Maderos hizo promulgar la nueva Constitución de 1917, de carácter anticristiana pero  con un alto contenido social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reforma religiosa durante el gobierno de Calles, anticatólico declarado, amparado en la Constitución del 17, provocó la guerra de los Cristeros desde 1927 a 1929, con la sublevación del pueblo llano de los Estados de Michoacán, Colima y Jalisco que peleó hasta su aniquilación y exterminio contra los incalificables crímenes del "callismo" y el silencio cómplice de la jerarquía católica.  Así, sobre los asesinatos masivos a mansalva y sobre la prevaricaciones en nombre de la Ilustración que realizó el régimen del "turco" Plutarco Elías Calles, la interpretación marxista de la revolución mejicana guarda respetuoso silencio. Primero porque es injustificable y segundo porque pelear como lo hicieron los cristeros bajo el grito de "Viva Cristo Rey" es un sin sentido, pues para ellos la religión es el opio de los pueblos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estado de zozobra duró 15 años hasta que en 1934 es electo Lázaro Cárdenas que impulsó la reforma agraria y así repartió veinte millones de hectáreas entre 800.000 familias. Creó organismos de protección industrial y bancos de crédito populares. Los rasgos populares del gobierno de Cárdenas se hicieron sentir en todos los órdenes de la vida pública sobre todo en la segunda parte de su gobierno cuando logra despegar de la influencia masónica de Calles y produce un cambio radical en su política religiosa. "Cárdenas, hombre bondadoso,  pone término al conflicto del gobierno revolucionario y el catolicismo nacional" [2]. A esta medida ejemplar hay que sumarle el decreto de 18 de marzo de 1938 de nacionalización del petróleo.  Para los marxistas ha sido un gobierno "pequeño burgués y bonapartista" para nosotros, el gobierno más popular que tuvo México en toda su historia. La diferencia con la revolución Francesa y la revolución Rusa, donde se habían anticipado teorías políticas sobre ellas,  es que en México se dio primero la lucha armada y después el ideario político que la justificara. Y a lucha armada la encabezó Francisco Madero: "En toda la historia de México nunca hubo un gobierno más autónomo, más respetuoso de la libertad, más ajeno a toda influencia extraña, que el gobierno de Madero" [3], pero el ideario político mezcla de socialismo y liberalismo, masonería y anticatolicismo, lo fijó su asesino Carranza en la constitución de 1917.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Guatemala&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contra la dictadura de Ubico(1935 a 1944) se lanza el movimiento nacional revolucionario encabezado por un triunvirato formado por los militares Jacobo Arbenz, Francisco Arana y el civil Jorge Toriello que patrocinó la candidatura del pensador y pedagogo Juan José Arévalo por un período de seis años de 1945 a 1951.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gobierno de Arévalo creó el nuevo código de trabajo y el Instituto de seguro social. La difusión de la enseñanza hasta los últimos rincones fue su máximo logro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo sucedió Jacobo Arbenz quien tuvo como canciller a Guillermo Toriello, seguramente el ministro de relaciones exteriores más nacionalista en la historia de Iberoamérica [4]. El carácter socializante de las medidas de Arbenz, que venían a profundizar las de Arévalo y su independencia de criterios en política exterior hizo que con la asistencia de los Estados Unidos, un golpe militar lo derrocara el 26 de julio de 1954.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan José Arévalo estudió en la Universidad Nacional de La Plata y se destacó como profundo ensayista, entre sus trabajos se destacan: Istmania o la unidad revolucionaria de Centroamérica (1954); Guatemala: La democracia y el imperio(1955) y  Fábula del tiburón y las sardinas(1956) todos editados en Buenos Aires. Además la Universidad Nacional de Tres de Febrero acaba de editarle Escritos y Discursos políticos 1935-1951.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Nicaragua&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el fin de restablecer la paz después de la destitución de Emiliano Chamorro (1926) se convocan a elecciones vigiladas por los Estados Unidos y en ellas triunfó José María Moncada(1929-1933). Ante una nueva intervención armada por parte de los marines norteamericanos un general de Moncada, Augusto Cesar Sandino se sublevó y comenzó una guerra de guerrillas desde las montañas al norte de Nicaragua que duró siete años. Al retirarse las tropas norteamericanas queda en su lugar el cuerpo de la Guardia Nacional cuyo jefe era Anastasio Somoza. Se descomprime la situación política y Sandino es invitado bajar de las montañas, dejar las armas y a parlamentar en el  Palacio presidencial, el salir del mismo la noche del 21 de febrero de 1934 es asesinado por los hombres de Somoza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El principal escrito de Sandino lleva el significativo título de: Plan de realización del sueño de Bolivar( 1929). En donde propone la reconstrucción de la nacionalidad latinoamericana dirigida a los veintiún Estados latinoamericanos que la integran, incluido Haití.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Propone la creación de una corte de justicia, unas fuerzas armadas(aire, mar y tierra), un parlamento y un banco latinoamericano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En julio de 1979  Daniel Ortega toma el poder en Nicaragua y bajo la advocación de Sandino comienza una revolución denominada "sandinista". Amplias campañas de alfabetización y nacionalización de empresas y la creación de cooperativas de trabajadores se destacan entre la medidas, pero graves errores en la administración económica del país y la inconducta de sus más altos dirigentes sumada a la oposición permanente de "los contras", terminaron en la derrota electoral de 1990.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Costa Rica&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al anularse los comicios de 1948 estalla la guerra civil cuyo vencedor es José Figueres  quien funda el partido de la Liberación nacional. En el 53 llega al poder y nacionaliza la banca y pone en marcha la Constitución de 1949, fundadora de la denominada segunda república. Regresó al poder nuevamente en 1970 siendo el gran elector de Costa Rica durante medio siglo. Al final de su carrera política decreta la abolición del ejercito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Su movimiento de liberación nacional de corte socialdemócrata construyó, a través de sus tres presidencias y la de sus sucesores, una sociedad democrática basada en el desarrollo social, la equidad y la solidaridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su lucha histórica contra el imperialismo una mención merece el hecho que haya sido el costarricense Juan Rafael Mora quien derrotó la invasión filibustera comandada por William Walker, procedente de los Estados Unidos, quien  había tomado el poder en Nicaragua en 1855 y buscaba extender sus dominios sobre Centroamérica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Panamá&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1931 Arnulfo Arias (1901-1988) fundó la Coalición Nacional Revolucionaria. Fue electo presidente en el 41 y promulgó la nueva Constitución de país, implantó una serie de reformas significatrivas pero a los nueve meses fue derrocado por un golpe de Estado. En el 48 es elegido por segunda vez pero es derrocado en el 51.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En enero de 1964 se produjo un grave incidente con los Estados Unidos en la zona del canal que costó numerosos muertos, motivo por el cual Panamá rompió relaciones con Washington al no querer negociar un nuevo acuerdo sobre el Canal. El líder nacionalista Arnulfo Arias encabezó esa revuelta. En el 68 fue electo por tercera vez pero a los once días fue derrocado, pero esta vez por el coronel Omar Torrijos al frente de una Junta Militar. Con una nueva Constitución se desarrolló un régimen militar y nacionalista, dominado por Torrijos que asumió simultáneamente la presidencia del Gobierno y la jefatura de la Guardia Nacional, única fuerza armada del país, con funciones de ejército y policía. Partidario de la vía militar hacia el socialismo, estableció relaciones con Cuba pero el fracaso del régimen peruano de Velasco Alvarado le hizo rectificar y buscar la alianza de México, Venezuela y Colombia. En 1973 consiguió una resolución favorable de las Naciones Unidas para la recuperación de la Zona del Canal y más tarde firmó dos tratados (1977 y 1978) con Estados Unidos para su devolución en 1999. En 1978 abandonó la presidencia del Gobierno pero, como general jefe de la Guardia Nacional, controló los resortes del poder hasta morir en un accidente aéreo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Puerto Rico&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es sabido aunque no conocido que la guerra hispano-norteamericana de 1898 es, en términos polítilógicos, el comienzo de la globalización. Y como consecuencia de la misma, los Estados Unidos tomaron el control de Filipinas, Hawai, Guam, Guantánamo y Puerto Rico, además de pretender inveteradamente la Perla del Caribe. El movimiento nacional en Puerto Rico gira en torno a la figura legendaria de Pedro Albizu Campos (1891-1965), líder nacionalista e independentista. Desde su lejana incorporación al partido nacionalista allá por 1924 hasta su muerte en una lucha de 40 años buscó por todos los medios la liberación de su país. Así, se negó a ir a elecciones coloniales, hacer el servicio militar. En el 36 fue acusado de querer derrocar al gobierno de los Estados Unidos y luego de las masacres de Ponce fue detenido en Atlanta hasta 1947. En el 50 es aprisionado  nuevamente por un atentado contra Truman. En el 53 indultado pero un atentado a la Cámara de representantes en los Estados Unidos lo lleva de nuevo a prisión, donde muere en 1965.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los más significativos pensadores de este movimiento nacional es el periodista y ensayista Antonio S. Pedreira con su trabajo Insularismo, ensayo de interpretación portorriqueña (1934).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.- Cuba&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La famosa Enmienda Platt consecuencia del Tratado de París del 10/12/1898 es impuesta por los Estados Unidos a la convención constituyente cubana de 1900-1901 que convirtió a la naciente república en un Estado semi soberano y así durante casi sesenta años fue gobernada Cuba hasta que el Movimiento 26 de julio derroca a la dictadura de Fulgencio Batista en 1959.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fidel Castro al frente de la revolución cubana de definido corte marxista produjo un cambio total en todo el sistema político, social, cultural y económico de la isla. Y si bien comenzó con un enfeudamiento soviético, lentamente adquirió rasgos propios y una relativa autonomía a través de lo que se conoce como "castrismo", esto es una adaptación a las circunstancias especiales de la América Indoibérica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8.- Ecuador&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1895 se produce uno de esos hechos emblemáticos que sublevan a los pueblos, el gobierno de Ecuador le presta su bandera a Chile, quien le había vendido al Japón, que estaba en guerra con China, el crucero Esmeralda para que pudiera cruzar el Pacífico sin problemas. La revuelta que estalló por ese motivo llevó al poder a Eloy Alfaro(1842-1912), quien hace sancionar una nueva constitución y gobierna el país por dos veces hasta 1911, sembrando la semilla de una clara conciencia nacional, a pesar de su fuerte impronta liberal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La continuación del movimiento nacional del Ecuador la realizará José María Velasco Ibarra cinco veces presidente, por primera vez en 1934 y por última en 1970, y cinco veces derrocado por golpes de estado. El "velasquismo" como movimiento político de corte nacional se destacó por las reformas públicas y sociales que realizó, tales como descanso semanal del trabajador, mejora las condiciones del ejercito, obras de regadío, construcción de escuelas técnicas, carreteras, campos de aviación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9.- Perú&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El APRA movimiento  político y cultural fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre tiene su desarrollo ideológico entre 1924 y 1930. Tiene la rara cualidad de que su líder y fundador jamás llegó a ejercer el poder en su país. Tal como le sucedió a José Antonio Primo de Rivera con el falangismo y a Corneliu Zelea Codreanu con la Guardia de Hierro rumana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El APRA recién llega al poder en 1983 con el desastroso gobierno de Alan García, que llevó como vicepresidente el viejo historiador aprista Luis Alberto Sánchez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ideario del Apra expuesto por Haya de la Torre en su mejor libro: El antiimperialismo y el Apra (1929), se apoya en dos principios: a)romper con la colonización cultural y b) crear un Frente de trabajadores intelectuales y manuales, cuyo objetivo es luchar por una Confederación Indoamericana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haya de la Torre sufre la influencia de dos pensadores nacionales iberoamericanos de renombre: el socialista hispanoamericano Manuel Ugarte y el nacionalista también hispano americano José Vasconcelos. De este último toma la noción de Indoamérica, pero no por indigenista como el término equivocadamente nos puede inducir, sino para reflejar nuestro carácter de hijos de América como indianos o criollos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tesis de Haya en contraposición al marxismo-leninismo es que el imperialismo como última etapa del capitalismo rige para Europa, en tanto que acá en Indoamérica, el imperialismo es la primera etapa del capitalismo, que transforma el régimen feudal-comercial, agro exportador y minero en otro ya tecnificado de dirección industrialista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mención merece el general Juan Velasco Alvarado quien con gran apoyo popular tomó el poder en 1968 siendo depuesto por otro golpe militar en agosto de 1975. Bajo su mandato, se promulgaron leyes de reforma agraria y educativa, se nacionalizaron los recursos económicos básicos del país, asumió el control de las petroleras y se logró el control directo del Estado sobre las telecomunicaciones y se intentó frenar la influencia económica de los Estados Unidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10.- Bolivia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminada la Guerra del Chaco(1932-35) entre Bolivia y Paraguay e instrumentada por la Stanadard Oil (Estados Unidos) y Royal Dutch (Inglaterra-Holanda) en su guerra por el petróleo, se hace cargo del gobierno boliviano el joven coronel Busch que ordena a la gran minería devolver las divisas obtenidas por la venta internacional mal  habida de minerales. Hay que recordar que Bolivia era en la época  una gran mina a cielo abierto manejada por "la rosca minera" integrada por Simón Patiño, el rey del estaño, Mauricio Hoschschild y Carlos Víctor Aramayo, que ponían y quitaban gobiernos a su antojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busch se termina suicidando en 1939. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 20 de diciembre de 1943 se produce la alianza entre el ejercito y los nacionalistas entre los que se destacan intelectuales como Augusto Céspedes, Carlos Montenegro y Víctor Paz Estensoro, que lleva al poder al mayor Gualberto Villarroel quien logra organizar por primera vez la Federación de trabajadores mineros, pero "la rosca" lo terminó colgando de un farol en la Plaza Murillo el 21 de julio de 1946.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el 46 al 52, fecha en que toma el poder el Movimiento nacionalista revolucionario (MNR) extendió su influencia sobre el pueblo boliviano y así el 9 de abril de 1952 ese pueblo combate en las calle de La Paz contra el ejercito de la rosca y lo desarma y lo vence. Víctor Paz Estensoro llega al poder y permanece por doce años. Las reformas son de todo tipo y clase, pero el MNR se agota tanto por sus múltiples divisiones internas como por la corrupción de sus dirigentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 22 de enero del 2006 llega al poder Evo Morales a través de su Movimiento al Socialismo (MAS) y se declara expresamente a favor de una política de integración suramericana estableciendo una relación directa y franca con la Cuba de Castro y la Venezuela de Hugo Chávez. El control sobre los hidrocarburos (gas y petróleo) fueron sus primeras medidas deteniendo la expoliación histórica que ha sufrido Bolivia sobre sus riquezas del suelo y del subsuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11.- Brasil&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia del movimiento nacional en Brasil comienza emblemáticamente con la "columna Prestes" que es uno de los capitanes del general Isidoro Días López que intenta un golpe militar en 1924 expresando el descontento de todas la clases sociales y fracasa. Prestes inició durante dos años una larga marcha de 36.000 km. por todo el país librando algunos combates. Reclamaban entre otras cosas, la modernización de los procedimientos políticos y el voto universal y secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crisis del 30, en Brasil vivida como la crisis del café (pasó de 22,5 centavos a 8 centavos de dólar) lanza a Getulio Vargas como candidato a la presidencia, quien levanta el nombre del ahora general Prestes como bandera. Pero Vargas es derrotado en forma fraudulenta por los "señores del café".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién en el 37 Vargas toma el poder y establece el "Estado Novo" como un intento de remodelación de todo el viejo Estado. Política social para los trabajadores, división de los latifundios, producción de carbón para sustituir importaciones así como el desarrollo de todo el aparato industrial brasileño, fue lo más característico de su gobierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas sometido a una tensión constante entre los intereses del Ejercito y los señores del café, la incomprensión de la izquierda y la vieja oligarquía casi no tocada, se da muerte en agosto de 1954.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero por sobre todas estas presiones estuvieron, los grupos económicos y financieros internacionales a quienes él responsabiliza de su muerte en su testamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12.- Argentina&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crisis de 1930 conmovió las estructuras políticas y económicas de toda Iberoamérica de la que la Argentina forma parte. Cayó el gobierno de Yrigoyen y se instauró una larga "década infame" bautizada por José Luis Torres (nuestro maestro en política) que terminó con la revolución de los coroneles del GOU el 4 de junio de 1943. Su consecuencia fue la elección del Juan Perón como presidente en 1946 que se extendió hasta el golpe de estado de 1955.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las medidas tomadas por este gobierno pueden resumirse en un desarrollo de la industria nacional liviana, el campo de la investigación nuclear,  así como un avance en la conciencia de la libertad del pueblo trabajador a través de su múltiples organizaciones sociales (sindicatos, asociaciones, uniones de todo tipo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su política internacional de integración suramericana y tercera posición le ganaron la oposición norteamericana desde el comienzo, oposición que termina derrocándolo en 1955.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sucesivos gobierno peronistas o pseudo peronistas ha mantenido, al menos formalmente, esta estrategia internacional inaugurada por Perón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bibliografía sobre el peronismo es casi infinita, nosotros por aquello de "cada maestro con su librito", aconsejamos leer nuestro libro Notas sobre el peronismo (2006) (está en internet: http://www.pensamientonacional.com.ar/ ) que es, salvo mejor opinión, el único estudio sobre el peronismo en tanto teoría política.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13.- Venezuela&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atenazada, la sociedad venezolana, desde la caída de Pérez Jiménez en 1959 por la nefasta alternancia en el poder, producto del pacto de Punto Fijo(1960), alternancia  pseudo democrática entre los demócratas cristianos y socialdemócratas, explotó ésta en "el caracazo" del 27 de febrero de 1989. La consecuencia es un golpe de estado en 1992 que da a conocer al comandante Hugo Chávez quien es detenido y luego liberado. En 1998 gana las elecciones presidenciales y asumiendo el poder proclama las tres leyes fundamentales: de tierra, de pesca y de hidrocarburos y crea una nueva constitución que recoge los ideales de Simón Bolivar en política internacional, esto es, la realización de la unidad continental del mundo iberoamericano. Un frustrado golpe pro norteamericano lo intenta desalojar del poder en 2002, pero la reacción de las fuerzas armadas y del pueblo venezolano lo reponen de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus programas sociales denominados "misiones bolivarianas"  consisten en organizar a través de militantes de la causa bolivariana, los servicios del Estado más allá de la burocracia estatal. Estas misiones se desarrollan en distintos campos: educación, salud, vivienda. Su intención es construir un socialismo bolivariano, de carácter suramericano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su teoría en geopolítica es el original planteo de "Venezuela como engranaje" limitando al norte no con el Atlántico sino con Francia (por Martinica), Holanda (por Aruba), con Estados Unidos e Inglaterra (por los varios "Estados juguete" caribeños). El eje suramericano pasa por la línea Caracas, Brasilia, Buenos Aires al que hay que agregar La Paz luego de la asunción de Evo Morales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conclusión&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vimos como el origen del proceso que desata a los movimientos nacionales en Nuestra América en el siglo XX es la conmoción que produce en la "inteligencia americana", como la denominó Alfonso Reyes, la guerra hispano-norteamericana, por la cual Estados Unidos bajo un subterfugio (hundió el Maine un navío de su propia flota anclado en el puerto de Cuba) y declaró la guerra a España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creó motivos para una guerra que sabía de antemano ganada y la grandeza de España mostró su último gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La guerra hispano-americana, breve pero de enorme importancia, significó el reemplazo definitivo del Viejo mundo por el Nuevo en América y fue el primer tañido fúnebre que señalaba la defunción de cuatro siglos de hegemonía cultural, de derecho internacional y cosmovisión europea. Fue la antesala inmediata del derrumbe definitivo que significó la Gran Guerra" [5]. De modo tal que no colocamos nosotros el origen en un hecho institucional al modo liberal, ni como consecuencia de la guerra interimperialista como hace el marxismo, sino que lo fundamos en el sacudimiento que sufre la conciencia iberoamericana por la agresión que padece nuestra ecúmene. No se puede describir adecuadamente un fenómeno sin saber cómo comenzó o cuál es su causa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto viene a explicar el surgimiento de lo que se ha dado en llamar la generación del centenario que en México se nucleo en torno al Ateneo de la Juventud (Henríquez Ureña, Reyes, Vasconcelos) y en Buenos Aires alrededor de Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, Manuel Ugarte), Alberto Masferrer(1868-1930) en El Salvador, Fernando Ortíz (1881-1969) en Cuba, Víctor Andrés Belaunde (1883-1966), José Santos Chocano (1875-1934) y Francisco García Calderón (1883-1953) en Perú, Joaquín García Monje(1881-1958) en Costa Rica y en el resto de los países de Iberoamérica florecieron otros tantos y tantos pensadores nacionales, que ya enumeramos al comienzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como puede observase a través de la lectura de este breve resumen son trece los países de nuestra ecúmene cultural iberoamericana que han intentado en algún momento del siglo XX consolidar un movimiento nacional de raigambre continental. Son muy pocos los países que no lo han intentado: Chile, Colombia, Paraguay, Uruguay, Honduras, El Salvador y República Dominicana. Es explicable y vamos caso por caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desarrollo histórico de Chile desde su época colonial como capitanía general, ha sido el de un aislamiento permanente respecto de Nuestra América. Y a pesar de haber tenido grandes pensadores nacionales americanos como Edwards Bello, Enrique Zorrilla o Pedro Godoy no se ha podido crear un movimiento nacional de integración con posibilidades de gestión política. La disposición integracionista de Salvador Allende lo fue por su marxismo y no por su vocación iberoamericana, que no la tuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso de Colombia se explica por la quiebra del país en dos a partir del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán en 1948, que lo dividió entre conservadores-liberales por un lado y la guerrilla marxista de las FARC por otro. Guerrilla funcional a ese orden constituido que permite la injerencia directa de los Estados Unidos en la región con la excusa del narcotráfico. Desde hace casi medio siglo conviven allí, el régimen liberal más pro norteamericano de Suramérica y la guerrilla marxista más antigua del continente. Extraña es esta guerrilla que no tiene adeptos ni en los países vecinos ni el régimen&lt;br /&gt;marxista de Castro en Cuba, siendo que los dos forman parte de la misma familia de ideas. Extraña también esa adhesión incondicional a los Estados Unidos, de un liberalismo a ultranza que no tiene ningún aliado en la región. ¿qué habrá detrás de los bastidores?.[6]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los casos de Uruguay y Paraguay tienen connotaciones similares, pues se manejan con el criterio del oportunismo político con relación a Brasil y Argentina, tomando o quitando, apoyando o no, según la mezquindad propia de los pequeños países. Así durante todo el siglo XX, Paraguay fue simplemente una dictadura comercial con la sola excepción del presidente Natalicio González que tuvo que huir para refugiarse en Argentina. En el caso uruguayo, éste puede sintetizarse como "ponsombilandia"(por el embajador inglés Lord Ponsomby) en opinión de su máximo historiador Washington Reyes Abadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto al caso de Honduras y El Salvador se resume en sus propias contradicciones internas que no le han permitido en el siglo XX llegar a tener una política de Estado y para colmo estas contradicciones se buscaron resolver durante años a través de la guerra de guerrillas entre los bandos en pugna ocasionando una pérdida cuantiosa en vidas y bienes. Con Santo Domingo pasa otro tanto, con la diferencia que no quisieron salvar la distancias a los tiros. También una sociedad con contradicciones no resueltas que osciló durante el último siglo entre dos personajes Joaquín Balaguer y Juan Bosch, uno conservador y el otro socialista. Imposible plasmar un proyecto de movimiento nacional dominicano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como vemos los movimiento nacionales en Nuestra América se han gestado al aliento y movilización de nuestros pueblos en la medida en que, estos mismo pueblos, encontraron unidad en la acción. Es propio del imperialismo, como hacía Zeus en el Olimpo, dividir para reinar. Y así vemos que de los pocos países de la América Surcéntrica que no han tenido su movimiento nacional es por el hecho de estar divididos o haber sido divididos. Es por ello que no hay que dejar de denunciar  al bipartidismo como uno de los instrumentos de dominación del imperialismo y los poderes indirectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía General para el siglo XX:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ycaza Tigerino, Julio: Una sociología hispanoamericana, Managua-Madrid, E.C.H., 1958&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramos, Jorge A: Historia de la nación latinoamericana, Bs.As, Peña Lillo, 1973&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corsi Otálora, Luis: Bolivar: Impacto del desarraigo, Bogotá, Tercer Mundo, 1983.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sáenz, Vicente: Rompiendo cadenas,(las del imperialismo norteamericano en Centroamérica),  México-Bs.As., Ed. Ciade/Palestra, 1933/1961.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chong Marín, Moisés: Historia de la cultura en América latina(siglo XX), Panamá, Ed.Chong-Ramar, 1967.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pereyra, Carlos: Breve historia de América, Madrid, Aguilar, 1930 (hay múltiples reediciones)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;México:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vasconcelos, José: Breve historia de México, México, Ed.Continental, 1959.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guatemala:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toriello, Guillermo: La batalla de Guatemala, Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1955.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arévalo; Juan José: Escritos y discursos políticos, Bs.As, Univ. Nac. Tres de febrero, 2003&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Costa Rica:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carazo Odio, Rodrigo: Sentido metapolítico del Itsmo, Bs.As., revista Disenso N° 14, agosto 1998&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;García Monje, Joaquín: Repertorio americano (1919-1958), San José.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nicaragua:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ycaza Tigerino; Julio: Perfil cultural y político de Nicaragua, Managua-Madrid, ECH., 1971.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puerto Rico:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fernós Isern, Antonio: Estadolibrismo puertorriqueño, Hato Rey, Univ.Interamericano de Puerto Rico, 1996.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maldonado Denis, Manuel: Puerto Rico, una interpretación histórico-social, México, Siglo XXI, 1969.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;República Dominicana:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López, José Ramón: El gran pesimismo dominicano, Santiago, UCMM, 1975&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Panamá:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ricaurte Soler: Clase y nación, problemática panameña, Panamá, Ed. Tareas, 1995.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colombia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;López Michelsen, Alfonso: El Estado fuerte, Bogotá, Ed.Populibro, 1966.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bolivia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Baptista Gumucio, Mariano: Historia contemporánea de Bolivia (1930-1975), La Paz, 1976.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venezuela:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salcedo Bastardo, José Luis: Historia fundamental de Venezuela, Caracas, 1972.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brasil:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Freyre, Gilberto: Interpretación del Brasil, México, FCE, 1945&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas, Getulio: Brasil en armas, Bs.As., Ed. Mundo Atlántico, 1944&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uruguay:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Herrera, Luis Alberto: La formación histórica rioplatense, Bs.As, Coyoacan, 1961&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reyes Abadie, Washington: Crónica general del Uruguay, Montevideo, Ed. Banda oriental, 1979&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chile&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martínez H., Cástulo: Por la razón o la fuerza, La Paz, Ed. Weinberg,2002&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Godoy P., Pedro: Ensayos suramericanos, Santiago, Ed. Nuestramérica, 2000&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ecuador:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zaldumbide, Gonzalo: Significado de España en América, Inst. hispano de Estados Unidos, New York, 1933&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cevallos García, Gabriel: Reflexiones sobre la historia del Ecuador, Quito, Corporación Editora nacional, 1987&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paraguay:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;González, Natalicio: Textos escogidos(el pluralismo americano), Asunción, Ed. El Lector, 1996&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benítez, Justo Pastor: Formación social del pueblo paraguayo, Asunción, Ed. El lector, 1996&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perú:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;García Calderón, Francisco: La creación de un continente, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1960&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Notas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1] Montenegro, Carlos: Nacionalismo y coloniaje, Bs.As., Pleamar, 1967, p.73-74.&lt;br /&gt;[2] Vasconcelos, José: Breve historia de México, México, Ed.Continental, 1959, p. 519&lt;br /&gt;[3] Vasconcelos, José: op.cit. p. 432&lt;br /&gt;[4] Autor del formidable libro La batalla de Guatemala, Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1955.-&lt;br /&gt;[5] Cagni, Horacio: La guerra hispanoamericana y el inicio de la globalización, Bs.As, Olcese editores, 1999, p.7&lt;br /&gt;[6] Cómo no nos va a doler la frustrada Colombia llena de heroicidad. La tierra de Blas de Lesso que con 3000 hombres derrotara en 1741 en Cartagena de Indias al almirante inglés Edward Vernon con 28.000: "Un regimiento norteamericano formaba parte de las fuerzas invasoras de Vernón; se estrelló contra el castillo de San Felipe y en él venía el capitán Lawrence Washington, medio hermano del que fue libertador de los Estados Unidos de América, Jorge Washington ". Por anticipado se habían preparado en Inglaterra medallas conmemorativas de su triunfo, pero después de un asedio que duró dos meses se vio precisado a abandonar la lucha con la formidable pérdida del 65 por ciento de sus efectivos.&lt;br /&gt;(*) CEES (Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos) Escuela Superior de Gobierno de la Pcia. de Buenos Aires&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/679823323331276060-8367658183674925187?l=bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/feeds/8367658183674925187/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=679823323331276060&amp;postID=8367658183674925187' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default/8367658183674925187'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default/8367658183674925187'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/2007/03/alberto-buela.html' title='Alberto Buela'/><author><name>David Alvarez Martin</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09472354451105844285</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_Q_ij3dJ_P8Q/RezGDOqNG4I/AAAAAAAAAAM/cZtT6bSJZns/s320/David+Asturias+2005+(46).jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-679823323331276060.post-2124714299610312325</id><published>2007-03-07T18:18:00.000-08:00</published><updated>2007-03-07T18:20:17.517-08:00</updated><title type='text'>Conversaciones con Jean Baudrillard</title><content type='html'>Conversaciones con Jean Baudrillard&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1994, el pensador francés Jean Baudrillard fue a Venezuela para dictar tres conferencias en la Sala Mendoza de Caracas. Estas conferencias llevaron por título «La ilusión y la desilusión estéticas», «La simulación en el arte» y «La escritura automática del mundo», y han sido recogidas en un libro que próximamente publicará Monte Ávila, conjuntamente con la Sala Mendoza y la Embajada de Francia en Venezuela. A continuación reproducimos algunos fragmentos de una serie de conversaciones que María Elena Ramos, presidenta del Museo de Bellas Artes de Caracas, sostuvo con Baudrillard a raíz de su visita, las cuales han sido incluidas, como apéndice, en el mencionado volumen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Baudrillard es autor de una extensa obra de importancia capital para comprender nuestra época actual. Entre sus títulos fundamentales se encuentran La economía política del signo, De la seducción y El intercambio simbólico y la muerte, este último disponible en el fondo editorial de Monte Ávila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA ELENA RAMOS: [...] En el libro La Sparizione dell’Arte, usted considera que no se debería poder practicar el arte, que no se debería poder pasar del lado encantado de la forma y la apariencia, sino después de haber resuelto todos los problemas. Se entendería aquí que se refiere a los problemas del hombre, la salud, la política, la economía, el amor. Usted asegura allí además que el arte supone resueltos ya todos los problemas, que no es la solución a los problemas reales y llega a decir que el arte en su definición ideal es sólo la solución a problemas que no existen. Mi pregunta es ¿cuáles son en el fondo y en síntesis los problemas por los que usted opta? Y esos problemas ¿son en verdad ajenos al arte?&lt;br /&gt;JEAN BAUDRILLARD: Es cierto, no logro plantearlo como una actividad separada. De todos modos, donde está el discurso, el discurso se ocupa de los problemas discursivos, de lo racional, de todos los problemas que exigen y que esperan una solución. Pero lo que me interesa es lo que no debe tener y encontrar solución, lo que es enigmático, lo que es insoluble. Y el arte, y el pensamiento también, es una manera de mantener las cosas en su carácter insoluble, de resistir a la explicación y a la solución precisamente. Pero en cambio, y aquí hay un juego de palabras, no es una solución: es una resolución. Resolución es otra cosa, no da una clave. Las formas se resuelven unas dentro de las otras. Es la resolución de una forma por otra, eso es el arte. Digamos, no es la solución de un problema por una ecuación, por ejemplo. Yo estoy a favor de la idea de que la tarea del arte y del pensamiento radical es la de hacer el mundo todavía más ininteligible. Hay que devolver las cosas centuplicadas: eso es el intercambio simbólico. Hay que devolver más de lo que hemos recibido. Hemos recibido un mundo ininteligible, tenemos que volverlo más ininteligible todavía.&lt;br /&gt;MER: A pesar de todo el entusiasmo con que habla de la seducción, no quiere sucumbir a la seducción específica del arte, al menos eso lo dice en La Sparizione dell’Arte. ¿Es que le tiene miedo?&lt;br /&gt;JB: No... eso es verdad. Bueno, quizás... Tal vez porque soy demasiado sensible a la seducción del arte, es por lo que me creo a mí mismo esta autodefensa.&lt;br /&gt;MER: Una autodefensa parecida a la de los cristianos.&lt;br /&gt;JB: Es iconoclastia. Soy iconoclasta pero también agnóstico, estoico, hasta quizás moralista.&lt;br /&gt;MER: Ya que usted confiesa ser un iconoclasta y moralista, quisiera recordar aquí cómo la experiencia artística ha tenido mala reputación, ha sido entendida como peligrosa por una tradición filosófica que ha puesto el énfasis en la cara negativa del arte, entre ellos Platón, San Agustín, Rousseau, Kierkegaard, Nietzsche, que han sido llamados, incluso, los grandes puritanos de la historia de la filosofía. Recordemos por ejemplo la frase de Platón: «Los poetas mienten». Sin embargo, Platón es quizás el más poeta de todos los filósofos. Pero usted no podría ser considerado como un gran puritano precisamente. Sus textos no lo indican. Usted es un amante de lo bello, del lenguaje de la seducción, etc. En cuanto al arte, usted confiesa que sus influencias son las de Baudelaire, Walter Benjamin, Warhol, influencias que de una manera u otra marcan un respeto por lo artístico, la misma seducción que antes confesaba temer. ¿Cómo se ve usted dentro de esa tradición en donde hay un amor y un temor, una ambigüedad ante lo bello y ante el fenómeno artístico, donde hay pánico y a la vez fascinación? Fascinación de lo bello y pánico a lo bello, eso que llama el filósofo contemporáneo Jauss «la ambigüedad y rebeldía ante lo bello».&lt;br /&gt;JB: No es rebelión. Bueno, sí puede haber un aspecto un poco puritano, estoy de acuerdo, es posible que haya una defensa contra... A mí me parece pertenecer a una cultura noble, esto ya se parece a Bourdieu, una cultura de segundo nivel. No es realmente puritanismo moral, es más bien la exigencia de una cultura que sería más radical, más total que el arte, donde no cabría esa separación arte-filosofía, por ejemplo. En el fondo es la nostalgia de una cultura no primitiva, sino radical. El arte no aparecería como arte, no habría especificación del arte todavía y entonces esto nos lleva de nuevo a lo sagrado y a cosas así. Pero para mí, la obsesión inicial es el objeto, mi punto de partida. Y para mí, el objeto no es estético. Por eso la ambigüedad, la ambivalencia, tal vez incluso una forma de rechazo, proviene de esta exigencia más radical. Hay un tipo de objeto puro, o acontecimiento puro, que es, en sí, pura seducción y que no pasa por la forma estética... Sí, creo que sería eso.&lt;br /&gt;MER: Ya en este punto, a mí me gustaría sobre todo conocer la diferencia, si es que hay alguna diferencia, entre ese no querer sucumbir a la seducción del arte y ese amor por la otra seducción, la que está en el resto de las cosas y a la que usted parece dar la bienvenida como una manera de soportar estos tiempos que usted llama de sobrevivencia indefinida.&lt;br /&gt;JB: Es como decir que la otra seducción es sobre todo como un reto: yo empleo siempre los términos reto, reversibilidad, antagonismo. Lo que está en juego con la seducción es, en última instancia, la pérdida de la identidad. No sólo en el campo amoroso y sexual, en otros campos también. Esto es verdad también para el arte, pero hay en el arte (al menos en el arte tal como se constituye en un algo que se da como casi definitivo) algo que ya no está abierto a la relación dual. Ahí ya no hay reto: dentro de una cierta institución del arte sólo queda una especie de éxtasis o contemplación. Mientras que la seducción no es un éxtasis. Es, cómo diría, de la identidad, hay algo que no se puede poner en tela de juicio. Es una forma soberana de la ilusión, pero definitiva. Entonces, yo tengo ganas de hacer estallar esta ilusión demasiado bella.&lt;br /&gt;MER: Hay una frase que quiero retomar y que supongo que es parte de esas cosas que usted dice sólo por provocar, por estimular, por sugerir. Dice «forzar la realidad, forzar las apariencias a través de la propia desaparición, el arte no ha hecho nunca más que eso». Me interesa la palabra nunca.&lt;br /&gt;JB: Yo tomo el arte según la definición que le ha sido dada desde el Renacimiento. «Jamais», nunca, no se refiere a siglos... es más bien cuando empieza a haber una conciencia reflexiva del arte y una especie de legitimidad, si se quiere. A partir del momento en que se afirma como actitud legítima, yo lo interpreto así. Entonces, evidentemente, «nunca» no se refiere a las sociedades donde no hay arte propiamente dicho, donde la actividad artística no existe. Pero, a partir del momento que existe, es verdad que es la tentativa de desafío de lo real, de negación de lo real, de inventar otro mundo, otra escena. Tal vez ya no lo hace ahora.&lt;br /&gt;Por eso digo que a lo mejor ya no estamos en el arte tal como era cuando había la obra. Hoy no es sino una manipulación de lo real, en fin, de los vestigios de lo real.&lt;br /&gt;MER: A mí, claro, me interesaba confrontar la palabra «nunca» con, por ejemplo, la escultura griega clásica, o con una catedral gótica, o con todo el buen arte del Renacimiento. Y claro, era ahí donde pensaba que la palabra «jamás» es apenas otra de las palabras-estímulo y no necesariamente un concepto que se puede defender hasta el final.&lt;br /&gt;JB: Ahí hay una forma retórica. Es parte, para mí, del análisis de esta forma, de esta formulación paradójica de las cosas, que tal vez no corresponde a una exposición lógica, racional.&lt;br /&gt;MER: El arte fue pasando desde un enfrentamiento directo, ontológico, con el objeto del mundo y con la naturaleza, a una torsión gnoseológica, a una intentio segunda, reflexiva, y, más aún, autorreflexiva. Al llegar a una radicalización de esas fuerzas autorreflexivas, el arte empieza a romperse a sí mismo, se rompe físicamente, se hace inmaterial, se rompe con la ironía, se rompe con el distanciamiento frío, analítico, etcétera. Pero muchos sentimos que a partir de esa ruptura, y dentro de la misma ruptura, hay un nuevo constituirse que requiere de nosotros actitudes distintas. Por ejemplo, requiere una absoluta capacidad de movilización de nuestra visión (visión sensible y visión interior) así como usted sugiere con su propio lenguaje: una movilización permanente de los puntos de vista. Requiere de nosotros una aceptación de la ruptura del límite entre un lenguaje artístico y otro lenguaje artístico. Requiere una cierta disponibilidad al peligro, eso que Walter Benjamin tanto trabajó: el peligro necesario para el cual encontraba que en la ciudad y en el cine el ser humano del siglo xx tenía una especie de entrenamiento. Era como un temor y a la vez una necesidad de adaptación. Pero, también implicaba un sacar algo después y desde el peligro. ¿No cree que aquí, más que de este vanishing point del arte al que usted se refiere con frecuencia, se trata más bien de un movimiento permanente y desconcertante de los puntos de vista?&lt;br /&gt;JB: Yo prefiero la perspectiva del vanishing point, es decir, de mi punto de vista, en última instancia, donde las reglas del juego del arte —el arte como juego con una regla, incluyendo su propia reflexividad— en un momento dado se deshacen, y más allá ya no se sabe lo que pasa. Yo prefiero esta perspectiva, la de un vanishing point más allá del cual ya nada es bello ni feo, es decir, ya no se responde a un juicio estético.&lt;br /&gt;MER: Es una preferencia personal en todo caso.&lt;br /&gt;JB: Es una preferencia casi lógica, diría hiperlógica en cierto modo. Es más bien una especie de exigencia de ir a ver hasta la catástrofe, no conformarse con una especie de crisis, de fase crítica del arte. Porque eso, la fase crítica, el arte lo ha soportado, lo ha vivido y en cierta forma lo ha absorbido, ha absorbido la crítica. Pero yo prefiero ver qué ocurre con la catástrofe, no en el sentido apocalíptico sino en el sentido de una forma catastrófica: reversibilidad, turbulencia, recurrencia, en fin, qué ocurre a partir del momento en que el astro A explota y ya no quedan sino asteroides que dan vueltas. Para eso hay una buena parábola, a lo mejor ya la leyó en otros libros, yo ya la utilicé. Es una frase de Canetti sobre el fin de la historia. Dice: es posible que en cierto momento todo el género humano sea pasado más allá de alguna línea, más allá de la cual ya nada es verdadero o falso. Sin darnos cuenta, pasamos más allá de la historia, y entramos a un campo donde ya no conocemos las reglas del juego. Y dice: a menos de volver atrás y encontrar de nuevo ese punto de determinación, habrá que continuar en la destrucción actual. Yo pienso que, si bien él lo dice para la historia, eso se aplica también al arte.&lt;br /&gt;MER: Sí, en este sentido usted iría en una línea más adelante y más radical que Benjamin, mucho más allá que la necesaria adaptación de Benjamin al peligro...&lt;br /&gt;JB: Aquí sí es cierto que es una forma de prejuicio. Es una apuesta decir: yo trazo una línea, una línea de vanishing y por curiosidad quiero ver qué pasa más allá. Yo quiero pasar a ese más allá.&lt;br /&gt;MER: Usted cierra el libro La Sparizione dell’Arte con la idea de que el arte tal vez llegue a ser un paréntesis en la historia de la humanidad. ¿Cómo serían las características de antes del paréntesis, pero sobre todo, me interesan más, las características después del paréntesis?&lt;br /&gt;JB: Bueno, no lo sé. Yo sólo puedo abrir y cerrar el paréntesis. Por ejemplo, antes del paréntesis estaría lo que podríamos llamar las culturas fuertes, simbólicas, primitivas, arcaicas. Ahora bien, nunca sabremos la verdad sobre ellas, no se podrá decir porque ya se acabó, no las tendremos. El paréntesis borra de cierta forma... es un problema de lógica temporal, es decir, mientras estamos en una lógica lineal, la de la historia del arte por ejemplo, existe antes, mientras y después. Pero en esta nueva configuración ya no existe más esta linealidad del tiempo, por lo cual ya no se puede hablar de antes, después, etcétera. El después es totalmente imprevisible, y eso es verdad para la historia toda, para otras cosas además del arte.&lt;br /&gt;MER: Usted no solamente se ha mostrado sorprendido por el interés que despierta su pensamiento en el medio artístico, sino que ha reconocido que tiene muy pocos vínculos directos con artistas y reconoce a Warhol muy particularmente, y a pocos más, Hooper entre ellos. Pero uno siente que le haría falta mucho más análisis de otros artistas del siglo para llegar a conclusiones tan radicales en relación con la desaparición del arte.&lt;br /&gt;JB: Eso es verdad, totalmente.&lt;br /&gt;MER: Porque, por ejemplo, ¿qué pasa con Picasso, que también es del siglo xx, o con Chagall, Matisse, Dubufett? Pero sobre todo, ¿qué pasa con un Kiefer, por ejemplo? ¿Se podría reconocer en Kiefer también un vanishing point del arte, se podría decir que esa obra «fabrica una profusión donde no hay nada que ver»? ¿Podría hablarse allí de una «genial banalidad de un arte que ya no existe», como decía Warhol? ¿O hay una creación artística que recupera las dos situaciones clave del arte: por una parte la seducción de lo sensible; por otra, el sentido?&lt;br /&gt;JB: Sí, quizás es posible que haya dos trayectorias, yo estaría totalmente de acuerdo en decir que hay dos trayectorias: una que lleva hasta sus últimas consecuencias la lógica de la desaparición, y otra que no voy a decir que reconstruye el arte, pero es muy posible que haya una división del trabajo en el universo artístico en general y que haya una línea de presencia y una línea de ausencia. No sé, no sé si son realmente contemporáneas. Por ejemplo, hay una línea que yo veo: la del trompe-l’œil a través de la historia del arte. Bueno, es una línea relativamente independiente de la historia del arte, está siempre ahí, hay como un trabajo mágico sobre la realidad y la apariencia y el trompe-l’œil es ahistórico, parece atemporal. Entonces, hay tal vez en el fondo algo así, es decir, una historia del arte que continúa a lo mejor continúa a lo mejor con su propia evolución orgánica, y luego una línea que la niega totalmente, que es la denegación de esto, y que sería la línea de la desaparición. Y a partir de ese momento habría que ver si incluso en el arte clásico no hay ya antecedentes de esta ausencia, de esta desaparición. Esto me interesa bastante, ver más en esta línea. Y estarían dos trayectorias que no tienen exactamente la misma curvatura, que reaccionan una a la otra. Porque pienso que incluso en las vidas individuales, en nuestras vidas, hay dos cosas: una línea fatal, según la cual la misma situación se reproduce fatalmente, y luego una línea en donde hay una historia, con causas, antecedentes, una línea sicológica si se quiere. Hay así una línea en la cual tenemos una historia, y una línea en la cual tenemos un destino. Y pienso que las dos líneas a veces se cruzan y entonces se producen efectos muy violentos, pero que la mayoría del tiempo, estoy seguro, se combinan así. Así es que estoy de acuerdo en decir que hay dos trayectorias. Es una solución, ¿no?&lt;br /&gt;MER: Eso es muy importante, llegar a algo parecido a... no al optimismo, pero por lo menos a una zona de permanente presencia del arte, sí.&lt;br /&gt;Yo quisiera profundizar ahora en esa idea suya acerca de que hoy en día el mercado del arte es en sí mismo una obra de arte. Habría dos tipos de mercado, aquí. Uno basado en la tasación tradicional, aunque siempre sea especulativo, y el otro totalmente incontrolable, en una órbita bancaria de los grandes capitales sin ninguna justificación que lo sustente con base en la calidad de las obras, los símbolos, la historia del arte. ¿Hasta dónde cree que puede llegar esta hiperinflación pura, esa especulación pura?... Porque estamos hablando de dinero y, si bien otras cosas no tienen límite, el dinero sí tiene límites, hay que suponer qué circunstancias tendrían que darse para que llegue el límite de esa hiperinflación. ¿Acaso solamente una depresión económica?&lt;br /&gt;JB: Bueno, el límite sólo podría ser el crack... a partir del momento en que la especulación es una forma de destrucción del valor: aquí también, por hipermanipulación, por hipercirculación, se da el hecho de que en cierto momento ya no corresponde a nada, quiero decir, ya no hay ningún tipo de equivalencia, y ya no veo sino una forma catastrófica, es decir, un efecto caótico. Por cierto es un poco lo que se produjo en el mercado del arte estos últimos años, una forma caótica. Aunque no sé si se podría decir, pero es lo que yo digo: aquí también hay dos líneas. Hay un mercado clásico del arte, las cosas se venden y se compran, pero dentro de un valor, una cuota, un mercado verdadero, esto es el concepto de mercado, incluso en economía, mientras que la especulación ya deja de ser un mercado. Ya no es un mercado para nada. Es otra cosa. Es un juego, es un póquer, y en este sentido es apasionante, por eso digo que en cierto momento esta especulación se vuelve algo que ya no tiene nada que ver con el valor, es una forma de destrucción del valor, un gran juego de destrucción del valor como el póquer, y es la misma cosa para la economía, en la especulación financiera esto pone fin a la regularidad del mercado. Pero es también un fenómeno extremo que de todas formas es sintomático, un límite absoluto. Entonces, ¿será que en algún momento todo puede pasar de este lado? No lo creo. ¿Podríamos entrar en la especulación pura, total? Aparentemente no.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/679823323331276060-2124714299610312325?l=bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/feeds/2124714299610312325/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=679823323331276060&amp;postID=2124714299610312325' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default/2124714299610312325'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/679823323331276060/posts/default/2124714299610312325'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bibliotecadejorgedeburgos.blogspot.com/2007/03/conversaciones-con-jean-baudrillard.html' title='Conversaciones con Jean Baudrillard'/><author><name>David Alvarez Martin</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09472354451105844285</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_Q_ij3dJ_P8Q/RezGDOqNG4I/AAAAAAAAAAM/cZtT6bSJZns/s320/David+Asturias+2005+(46).jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-679823323331276060.post-2073263793882240585</id><published>2007-03-07T18:14:00.000-08:00</published><updated>2007-03-07T18:16:12.846-08:00</updated><title type='text'>Jean Baudrillard - La ilusión y la desilusión estéticas</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La ilusión y la desilusión estéticas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Jean Baudrillard &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viernes, 27 de octubre de 2000&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Da la impresión de que la mayor parte del arte actual se aboca a una labor de disuasión, de duelo por la imagen y el imaginario, a una labor de duelo estético, las más de las veces fallido. Esto acarrea una especie de melancolía general en el ambiente artístico, el cual parece sobrevivir en el reciclaje de su historia y de sus vestigios. Pareciera que estamos dedicados a una retrospectiva infinita de lo que nos precedió, pero esto es cierto para la política, es cierto para la moral, para la historia, y para el arte también, que no detenta ningún privilegio. Todo el movimiento de la pintura, por ejemplo, se ha retirado del futuro y desplazado hacia el pasado: con la cita, la simulación, la apropiación, al arte actual le ha dado por retomar, de una manera más o menos lúdica, más o menos kitsch, todas las formas, todas las obras del pasado, próximo o lejano, y hasta las formas contemporáneas, eso que Raysel Knorr, un pintor norteamericano, llama "el rapto del arte moderno".&lt;br /&gt;Por supuesto, este remake, este reciclaje, pretende ser irónico, pero esa ironía es como la urdimbre gastada de una tela: no es más que el resultado de la desilusión de las cosas, una desilusión de cierta manera. El guiño cómplice que consiste en yuxtaponer el desnudo de Le Déjeuner sur Merbe de Manet con Lesjoueurs de Cartes de Cézanne no es más que un chiste publicitario: el humor, la ironía, la crítica, el trompe-l'oeil (efecto engañoso) que hoy caracterizan a la publicidad y que inundan también toda la esfera artística. Es la ironía del arrepentimiento y del resentimiento respecto a su propia cultura. Quizá el arrepentimiento y el resentimiento constituyen ambos la forma última, el estadio supremo de la historia del arte moderno, así como constituyen, según Nietzsche, el estadio último de la genealogía de la moral. Es una parodia y a un tiempo una palinodia del arte y de la historia del arte; una parodia de la cultura por sí misma, con forma de venganza, característica de una desilusión radical. Es como si el arte igual que la historia, por cierto hurgara en sus propios basureros buscando su redención en sus desechos.&lt;br /&gt;Tomemos el cine como ejemplo para ilustrar este asunto de la ilusión: en el curso de su evolución, en el curso del progreso técnico del cine, al pasar del cine mudo al parlante, al color, a la alta tecnicidad de los efectos especiales, la ilusión (en el sentido fuerte del término) se retiró, se desvaneció. En la medida en que la técnica y la eficiencia cinematográficas dominan, la ilusión se va. El cine actual ya no conoce (digamos en general) ni la ilusión ni la alusión; se entrega a un modo hipertécnico, hipersofisticado, hipereficaz, hipervisible; ya no hay vacío, no hay elipse, no hay silencio (como tampoco en la televisión, hoy, con la que el cine se confunde más y más).&lt;br /&gt;Nos acercamos cada vez más a eso que llaman la «alta definición» de la imagen, es decir, a la perfección inútil de la imagen. A fuerza de ser real, a fuerza de producirse en tiempo real, mientras más lograda la definición absoluta, la perfección realista de la imagen, más se pierde el poder de la ilusión.&lt;br /&gt;Basta pensar en un teatro como la ópera de Pekín, antes. Cómo en una escena de barcas en un río, con el solo movimiento de los cuerpos se adivina el río, se adivina el movimiento del río; o cómo en una escena de un duelo, los dos cuerpos, sin siquiera tocarse, simplemente rozándose, dan la idea, la visión escénica de la oscuridad en la que se desenvuelve el duelo. En estos casos la ilusión es total e intensa, y es más que estética: es una especie de éxtasis físico, justamente porque se ha obviado la presencia realista del río o de la noche, y sólo los cuerpos se encargan de la ilusión natural. Hoy, esto se representaría con toneladas de agua en el escenario, o bien se filmaría el duelo en infrarrojo, etcétera.&lt;br /&gt;Es decir que hay una especie de obscenidad de la imagen de tres o cuatro dimensiones, una obscenidad de la música de tres o cuatro o veinticuatro bandas, etcétera. Siempre al añadir a lo real, al añadir real a lo real, con el propósito de una ilusión perfecta -la del estereotipo realista, perfecto-, se termina matando la ilusión de fondo.&lt;br /&gt;La pornografía, por ejemplo, al añadir una dimensión a la imagen del sexo, le quita una dimensión al deseo y descalifica toda seducción. Y el apogeo de esta desimaginación de la imagen, de la pérdida de imaginación de la imagen, para hacer que una imagen no sea ya una imagen, es hoy la imagen de síntesis, o sea, todo lo que tiene que ver con la imagen numérica, la realidad virtual, etcétera.&lt;br /&gt;Ahora bien, una imagen es justamente una abstracción del mundo, en dos dimensiones; es lo que le quita una dimensión al mundo real y, por eso mismo, inaugura el poder de la ilusión. La virtualidad, por el contrario, al hacernos «entrar» en la imagen, al recrear una imagen realista de tres dimensiones, o al añadir una cuarta dimensión que vuelve a lo real hiperreal, destruye esta ilusión. La virtualidad tiende a la ilusión perfecta, pero ya no se trata en absoluto de la misma ilusión creadora y artística de la imagen; se trata de una ilusión realista, mimética, hologramática que acaba con el juego de la ilusión mediante el juego de la reproducción, de la reedición de lo real; no apunta más que a la exterminación de lo real por su doble.&lt;br /&gt;A la inversa, el trompe-l'oeil, por ejemplo, que le quita una dimensión a los objetos reales, vuelve mágica la presencia de éstos y encuentra el sueño la irrealidad misma en la exactitud minuciosa de la imagen. El trompe-l'oeil es el éxtasis del objeto real en su forma inmanente, y añade al encanto formal de la pintura el encanto espiritual del señuelo, de la ilusión, del engaño de las formas.&lt;br /&gt;Pero, con la modernidad también perdimos la idea de que la fuerza está en la ausencia, que de la ausencia nace el poder. Ahora, por el contrario, queremos acumular, acrecentar, agregar cada vez más, y ya somos incapaces de enfrentar el dominio simbólico de la ausencia. Por eso mismo estamos hoy sumergidos en una especie de ilusión inversa, una ilusión desencantada: la ilusión material de la producción, de la profusión, la ilusión moderna de la proliferación de las imágenes y de las pantallas.&lt;br /&gt;Pero regresemos al arte o a la pintura; hoy es muy difícil hablar de la pintura porque cuesta mucho verla. Sucede que las más de las veces el arte, la pintura, no quiere ya exactamente que se la mire, quiere más bien que se la absorba virtualmente para así circular sin dejar huellas; de ese modo vendría a ser entonces la forma simplificada del intercambio imposible. El discurso que mejor daría cuenta de este arte sería un discurso en el que no hay nada que decir, equivalente precisamente a una pintura en la que no hay nada que ver, equivalente a un objeto que ya no es un objeto. Pero un objeto que ya no es un objeto (y me parece que es el caso de la mayoría de las obras que hoy llamamos «obras de arte») no por ello es nada: es un objeto que no deja de obsesionarnos por su inmanencia, por su presencia vacía e inmaterial. El problema está en materializar, en los confines de esa nada, esa misma nada, y, en los confines de la indiferencia general, regirse por las reglas misteriosas de la indiferencia.&lt;br /&gt;El arte nunca es un reflejo mecánico de las condiciones positivas o negativas del mundo, sino más bien la ilusión exacerbada, el espejo hiperbólico de éstas. En un mundo condenado a la indiferencia, lo único que puede hacer el arte es «añadir» a esa indiferencia, girar en torno al vacío de la imagen, del objeto que ya no es un objeto.&lt;br /&gt;Así, también en el cine, directores como Wenders, Jamusz, Antonioni, Altman, Godard, Warhol, exploran la insignificancia del mundo con la imagen y añaden algo a su ilusión real o hiperreal; contribuyen a la insignificancia del mundo con la imagen misma. Mientras otro cine (la mayoría) no hace más que «rellenar» la imagen; en efecto, no hace más que añadir una agitación frenética, ecléctica, al mundo de la imagen y, por ello, aumenta nuestra desilusión cinematográfica. Hoy, también el cine es causa de una gran desilusión.&lt;br /&gt;En muchos casos (por mi parte pienso, aunque no son más que algunos ejemplos, en la new painting, en la new new painting, en las instalaciones, los performances y todo eso) la pintura reniega de sí misma, se parodia a sí misma; es como una gestión de sus propios desechos, una inmortalización de desechos. No hay ya allí posibilidades de ver, ni siquiera suscita ya una mirada porque, en todos los sentidos de la expresión, ya no tiene que ver con uno; ya uno no la puede ver porque ya no tiene que ver con uno, ya no le concierne, lo deja a uno indiferente, Y sin duda, esa pintura, en efecto, se ha vuelto indiferente a sí misma en tanto arte, en tanto ilusión más poderosa que lo real. Esa pintura ya no cree en su propia ilusión y cae así en la simulación de sí misma y en la irrisión. Así, el abstraccionismo, por ejemplo, que fue una gran aventura del arte moderno en su fase inaugural, en su fase primitiva, original (ya sea expresionista o geométrico, no es ese el asunto), sigue formando parte de una historia heroica de la pintura, de una desconstrucción de la representación y un estallido del objeto -al volatilizar al objeto, el propio sujeto de la pintura se encamina hacia su desaparición. Pero todas las múltiples formas de la abstracción actual, incluida la nueva figuración, están más allá de esa peripecia revolucionaria; esa se acabó. Los abstraccionismos actuales están más allá de esa desaparición en acto, ya no tienen las huellas del acting out de esa banalización violenta, de esa desintensificación violenta de la vida cotidiana, de la banalidad de las imágenes que se ha impuesto en nuestras costumbres. En verdad son de cierta manera el calco de una «desencarnación» del mundo ya no es más que un arte de la desencarnación. El abstraccionismo en nuestro mundo es ya algo dado desde hace mucho, y todas las formas de arte de un mundo indiferente están marcadas con el mismo estigma de la indiferencia. Sin embargo, esto no es ni una condena ni una denegación sino simplemente el estado actual de las cosas. Una pintura que de alguna manera sea auténtica tiene que ser indiferente a sí misma para poder reflejar un mundo indiferente. Entonces, el arte en general vendría a ser el metalenguaje de la banalidad.&lt;br /&gt;¿Puede sostenerse infinitamente esta simulación? Allí está el asunto. Pero ciertamente nos hemos metido para rato en una especie de sicodrama de la desaparición y de la transparencia. No hay que dejarse engañar por una historia del arte, cierta historia del arte; también al respecto estemos quizá más allá de esa historia y en otro dominio.&lt;br /&gt;Pero tomemos la expresión de Benjamín sobre aura, de la que mucho habló: hay un «aura del objeto original». Hay (hubo) quizá un aura del simulacro, es decir, hubo en un momento dado una simulación auténtica, valga la expresión, y hay una simulación inauténtica. Esto parece un poco paradójico, pero es cierto: hay una simulación verdadera y una simulación falsa, en arte y en todo lo demás. Por ejemplo, cuando Warhol pinta las sopas Campbell en la década de los sesenta es un lance imprevisto, un brillo sorprendente de la simulación, y para todo el arte moderno, de un solo golpe, el objeto-mercancía, el signo-mercancía, queda irónicamente sacralizado; y es este justamente el único ritual que nos queda el ritual de la transparencia, de cierto modo. Pero cuando Warhol pinta las mismas sopas Campbell en 1986, es decir, veinte o veinticinco años más tarde, ya no está en absoluto en el brillo de la simulación, está en el estereotipo de la simulación. En el primer momento, Warhol atacaba el concepto de originalidad de una manera original, pero en 1986 por el contrario reproduce lo no original de una manera también no original.&lt;br /&gt;Entonces todo cambia, porque esa especie de traumatismo, de irrupción de la mercancía en el arte, tratada de una manera a la vez ascética e irónica y que de un solo golpe simplifica la práctica artística, se acabó. El genio de la mercancía, el genio maligno de la mercancía suscita en el fondo cierto genio maligno de la simulación. Pero de eso ya nada queda en la segunda generación o simplemente, en ese momento, el genio maligno de la mercancía sustituye al arte y se cae en eso que Baudelaire llama «la estetización general de la mercancía», y hasta Warhol se convierte entonces en lo que Baudelaire estigmatiza. Podría creerse que es una ironía aún superior eso de volver a hacer lo mismo veinte años después, pero no lo creo. Creo en el genio maligno de la simulación, pero no creo en su fantasma.&lt;br /&gt;Entonces el dilema es ese: o bien no hay más allá de la simulación y en ese segundo momento, por tanto, ya no es siquiera un acontecimiento sino más bien la banalidad de nuestro mundo, nuestra obscenidad de todos los días y estamos entonces en el nihilismo definitivo y nos preparamos para la repetición insensata de todas las formas de nuestra cultura a la espera de otro acontecimiento, pero ¿de dónde va a salir ese acontecimiento?; o bien hay después de todo un arte de la simulación, una cualidad irónica que resucita las apariencias del mundo, pero para destruirlas. De otra manera podría pensarse que lo que se hace no es más que ensañarse con el propio cadáver. Lo que quiero decir es que no hay que añadir lo mismo a lo mismo y seguir en eso; eso es la simulación pobre. Hay que arrancar lo mismo de lo mismo; es necesario que cada imagen le quite a la realidad del mundo, le arranque a la realidad del mundo, y es necesario que en cada imagen algo desaparezca, pero también es necesario que esta desaparición siga viva: ahí está justamente el secreto del arte y de la seducción.&lt;br /&gt;Hay en el arte una doble postulación, una estrategia doble, valga la expresión: hay una pulsión de anonadamiento, una pulsión de borrar todos los rastros del mundo y de la realidad, y una resistencia contraria a esta pulsión. Como lo expresa Michaux, el poeta francés: «el artista es aquel que resiste con todas sus fuerzas a la pulsión fundamental de no dejar rastros».&lt;br /&gt;El arte se ha vuelto iconoclasta, pero esta postura iconoclasta moderna ya no consiste en destruir las imágenes, como la de la historia; más bien consiste en fabricar imágenes, hasta en fabricar una profusión de imágenes en las que no hay nada que ver. Son literalmente imágenes que no dejan rastros, no tienen consecuencias estéticas, propiamente hablando, pero detrás de cada una de ellas algo ha desaparecido. Este es el secreto, si es que hay uno, de su simulación. Entonces son simulación: no sólo ha desaparecido el mundo real, tampoco puede plantearse siquiera la pregunta por su existencia. Si se piensa detenidamente, uno repara en que este ya era el problema de la postura iconoclasta en Bizancio. Los iconólatras (los que adoraban las imágenes) eran gente muy sutil que pretendía representar a Dios para mayor gloria suya, pero que en realidad, al simular a Dios en las imágenes, disimulaban con ello el problema de su existencia. Cada imagen era un pretexto para no plantear el problema de la existencia de Dios. Detrás de cada imagen, de hecho, Dios había desaparecido, es decir, el problema de su existencia ya no se planteaba. Este problema queda resuelto por la simulación. Pero podría pensarse que esta también es la estrategia de Dios mismo, la de desaparecer, y desaparecer justamente detrás de las imágenes. Dios aprovecha las imágenes para desaparecer, obedeciendo también a la pulsión de no dejar rastros, y así queda realizada la profecía: vivimos en un mundo de simulación, en un mundo en el que la más alta función del signo es hacer que desaparezca la realidad y a la vez esconder esta desaparición. Eso es lo único que hace hoy el arte y lo único que hacen los medios de comunicación: por ello están condenados a un mismo destino.&lt;br /&gt;Detrás de la orgía de imágenes, algo se esconde. El mundo, al escamotearse detrás de la profusión de las imágenes, es otra forma de la ilusión, quizá una forma irónica que despunta. Pero la ilusión que provenía del poder de arrancarse de lo real -la ilusión del arte que era la de inventar otra escena, la de oponerse a lo real, la ilusión que inventa otro juego y otras reglas para el juego, ya no es posible porque las imágenes han pasado a formar parte de las cosas; las imágenes ya no son el espejo de la realidad sino que más bien están en su centro y la han transformado. Entonces la imagen no tiene otro destino que la propia imagen, y por tanto la imagen ya no puede imaginar lo real porque se ha vuelto ella misma real. Ya no puede transfigurarlo, ya no puede soñarlo, porque la imagen se ha convertido en la realidad virtual, y en la realidad virtual pareciera que las cosas se han tragado sus espejos, de alguna manera, y al tragarse sus espejos, las cosas se han vuelto transparentes a sí mismas: ya no tienen secretos y ya no pueden crear la ilusión. Ya no hay sino transparencia, y todas las cosas son convertidas entonces en visibilidad total, o virtualidad o transcripción inmisericorde; las cosas se inscriben en las pantallas -el arte mismo, de cierta manera, se ha convertido en pantalla de las que la imagen ha desaparecido.&lt;br /&gt;Todas las utopías del siglo xix y del siglo xx, en cuanto se realizaban, ahuyentaban la realidad de la realidad; nos han dejado en una hiperrealidad vaciada de sentido ya que toda perspectiva final ha sido como absorbida, digerida, dejando una especie de residuo en la superficie, sin profundidad.&lt;br /&gt;Fin por tanto de la representación, del sistema de la representación; fin de la estética, fin de la imagen misma en la virtualidad superficial de las pantallas. Sin embargo (es sólo una hipótesis) hay en esto un efecto perverso, paradójico: parecería que en cuanto se expulsa la ilusión, en cuanto la utopía es ahuyentada de lo real por la fuerza de todas las tecnologías, de nuestras ciencias, etcétera, en virtud de esas mismas tecnologías, la ironía, por su parte, se ha pasado a las cosas. Habría así entonces una contrapartida a la pérdida de la ilusión del mundo: la aparición de la ironía objetiva del mundo, la ironía como forma espiritual, universal, de la desilusión del mundo, una forma espiritual que surge esta vez del meollo mismo de la banalidad de los objetos y de las imágenes. Podría decirse entonces que la ilusión está ligada a la utopía, y la desilusión a la ironía. Quizá esa chispita de ironía es ya nuestra única forma espiritual, nuestra única pasión. Para nosotros que somos paganos, agnósticos, quizá la ironía sea todo lo que queda de lo sagrado, aunque en una forma, por supuesto, atenuada.&lt;br /&gt;Ahora bien, esa ironía no es ya la ironía subjetiva de los románticos. Es una ironía objetiva, se ha pasado a las cosas, se ha convertido en objeto; ya no es una función del sujeto un espejo crítico donde se refleja la incertidumbre del mundo sino el propio espejo del mundo, del mundo artificial que nos rodea. La función crítica del sujeto ha sido suplantada por la función irónica del objeto. A partir del momento en que todos los productos son fabricados, ya no tenemos sino artefactos, signos, mercancías. Las cosas mismas ejercen una función espiritual e irónica por su existencia misma.&lt;br /&gt;Ya no hay necesidad de proyectar la ironía en el mundo, ya no se necesitan espejos externos que ofrezcan al mundo la imagen de su doble. Nuestro universo, por su parte, se ha vuelto de cierto modo espectral, ha perdido su sombra, y la ironía de ese doble incorporado se manifiesta en cada momento, en cada fragmento de nuestros signos, de nuestros objetos, de nuestras imágenes y de nuestros modelos. Ya ni siquiera hay necesidad, como lo hacían los surrealistas por ejemplo, de exagerar la funcionalidad de los objetos, de confrontar los objetos a su función y sacar de ello una irrealidad poética. Ya no estamos en un mundo surrealista, estamos en un mundo hiperrealista donde las cosas se iluminan ellas mismas, irónicamente, ellas solas. Ya no hay necesidad de subrayar el artificio o el sinsentido de las cosas, pues todo eso forma parte de su representación misma, forma parte de su encadenamiento visible (demasiado visible, por cierto), forma parte de su súper fluidez que crea por sí sola, por exageración, un efecto de parodia.&lt;br /&gt;Así pues, después de la física y la metafísica, hemos llegado a una patafísica de los objetos y de la mercancía, a una patafisica de los signos. Todas las cosas están desprovistas de secretos y de ilusión, pero han sido condenadas a la existencia visible, condenadas a la publicidad, y todos nosotros también estamos condenados al hacer-creer, al hacer-valer, al hacer-ver. Desde luego nuestro mundo es en su esencia publicitaria, y tal como es se diría que sólo fue inventado para hacerse su propia publicidad en otro mundo. No se piense que la publicidad, que es un medio como cualquier otro, vino después de la mercancía. Hay en el meollo mismo de la mercancía un genio maligno publicitario, una especie de bufonería de la mercancía y de su escenificación. Entonces ¿quién es el director de escena? ¿Quién escenifica todo esto? ¿El capital en su forma económica? No lo sé. Pero en todo caso, algo nos ha arrastrado a una especie de fantasmagoría de la cual todos somos víctimas, y víctimas fascinadas, por cierto.&lt;br /&gt;Hoy todo quiere manifestarse y no sólo los individuos sino también, podría decirse, las propias cosas. Los objetos técnicos, industriales, mediáticos, los artefactos de todo tipo quieren significar; quieren ser vistos, quieren que se les lea, que se les registre, que se les fotografíe. Uno cree fotografiar tal o cual cosa por placer, pero en verdad es ella la que quiere que se le fotografíe; uno no es más que el extra de la escenificación publicitaria del mundo circundante. Allí justamente está la ironía de la situación.&lt;br /&gt;Ya no es el sujeto el que representa al mundo, es el objeto el que refracta al sujeto y sutilmente, a través de los medios, a través de la tecnología, le impone su presencia, su forma aleatoria. Ya no es entonces el sujeto el que dirige el juego pues parece que ha habido un vuelco en la relación. Esto es verdad para el arte, para la política, ciertamente, a través de las masas y, parecidamente, para la ciencia y las microciencias de hoy también. El poder del objeto entonces se abre camino a través de la simulación, a través de los simulacros, a través del artificio que le hemos impuesto. Allí está la ironía, desde luego; es una especie de revancha del objeto, el cual se convierte en una suerte de "extraño atraedor" como se dice en física.&lt;br /&gt;Si analizo todo esto es, al fin y al cabo, para regresar al arte, para decir que allí está el límite de la estética, el límite de la aventura estética, del dominio estético del mundo por el sujeto. Es el fin de la aventura de la representación, o del dominio del mundo por la voluntad de la representación, como dice Schopenhauer; ya que el objeto vuelto atraedor extraño (puede tratarse de un objeto, un acontecimiento, un individuo, lo que sea) ya no es un objeto estético, es un objeto transestético. Despojado por la técnica de toda ilusión, despojado de su origen, ya que es producido a partir de modelos, despojado de su sentido y su valor, ya no es el objeto de un juicio estético: está desprendido, a la vez, de la órbita del sujeto así como de su visión. Es entonces cuando el objeto se convierte de cierto modo en un objeto puro, que vuelve a encontrar quizá algo de la inmediatez, de la fuerza, de esas formas anteriores a la estética, las formas de antes de la estetización general de nuestra cultura.&lt;br /&gt;Todos esos artefactos con los que tenemos que vérnoslas, todos esos objetos artificiales, ejercen sobre nosotros una especie de irradiación artificial. Los simulacros en el fondo dejan de ser simulacros, se convierten en una evidencia material y quizá se convierten de nuevo en fetiches. Es decir que, como los fetiches, están completamente despersonalizados, completamente desimbolizados, y, no obstante, tienen una objetividad, valga la expresión, de una intensidad máxima y están investidos directamente sin significación. Esto es el objeto-fetiche, que ya no entra en el juego de la mediación estética. Y quizá por esto mismo nuestros objetos más superficiales, los más estereotipados, encuentran un poder de exorcismo como el de las máscaras sacrificiales de las culturas antiguas. Porque justamente las máscaras eran lo mismo, las máscaras absorbían la identidad de los actores; las máscaras absorben la identidad del actor, del bailarín, de los espectadores, y su función es provocar una especie de vértigo y esto no es una función estética, es una función taumatúrgica o traumatúrgica, no lo sé.&lt;br /&gt;Ahora bien, quizá todos estos artefactos modernos, de los publicitarios a los electrónicos, de lo inmediático a lo virtual, todos esos objetos, imágenes, modelos, redes, tienen de hecho una función de vértigo simplemente, mucho más que una función de comunicación, de información, de arte o de estética. De alguna manera, quizá se trate más bien de una función de rechazo, de expulsión, de eyección, de exorcismo. Entonces estos objetos se acogerían a la definición de Roger Caillois de cuatro tipos de juego: el juego de la representación, el juego de competencia, el juego del azar y el juego del vértigo. Empero, toda nuestra cultura estética se funda en los juegos de la representación y de la competencia, aunque es posible que estemos pasando a otra cultura en la que se ha regresado al juego del vértigo y al juego aleatorio, al juego del azar. Esto simplemente es una hipótesis, pero quizá la de una realidad nuestra realidad que ha absorbido su propio doble hasta el vértigo y que busca expulsarlo en todas sus formas.&lt;br /&gt;Entonces estos objetos banales, estos objetos técnicos, estos objetos virtuales, vendrían a ser los nuevos atraedores extraños, los nuevos objetos de más allá de la estética, transestéticos, objetos-fetiches, sin ilusión, sin aura, sin valor, algo así como el espejo de nuestra desilusión radical -objetos puros, objetos irónicos, como lo son las imágenes de Warhol, por ejemplo.&lt;br /&gt;Tomemos, muy rápidamente, el ejemplo de Andy Warhol; se ve que habla de cualquier imagen, pero sólo para eliminarle lo imaginario y hacer de ella un producto visual puro. Se trata de una especie de simulacro incondicional. Muchos artistas hacen exactamente lo contrario: toman una imagen en bruto y rehacen con ella algo estético, usan la máquina para rehacer arte, mientras Warhol hace la verdadera metamorfosis maquinista. Warhol es la máquina. Dijo una vez: «Quiero ser una máquina». Warhol no hace simulación maquinista, es la máquina; no emplea la técnica para fabricar una ilusión sino que nos da la ilusión pura de la técnica, es decir, la técnica como ilusión radical. Y esta ilusión radical de la técnica es hoy muy superior a la de la pintura y a la del arte. En este sentido, una máquina puede hacerse célebre, y el propio Warhol nunca aspiró a otra celebridad que la maquinal celebridad maquinal sin consecuencias y que no deja rastros, celebridad que depende también ella de la exigencia de todas las cosas, de que se les vea, se les admire, se les dé publicidad. Como es bien sabido, Andy Warhol dijo: «Cada cual tendrá derecho a su cuarto de hora de gloria. Pues bien, también cualquier objeto, cualquier imagen, tiene derecho a ese cuarto de hora, pero entonces, en ese momento no es más que el médium de esa especie gloriosa aunque efímera aparición irónica, de todas las cosas a través de una gigantesca publicidad. Por consiguiente, vendría a ser el mundo el que se hace su propia publicidad a través de nuestras imágenes, obligando a nuestra imaginación a que se borre, a nuestras pasiones a extrovertirse, y rompiendo el espejo que ponemos ante él (hipócritamente, por cierto).&lt;br /&gt;Entonces, en los artefactos modernos y quizá en los nuevos objetos artísticos (lo que podríamos llamar los nuevos objetos artísticos cuyo arquetipo moderno son las imágenes de Warhol), ya el sujeto no impone su visión del mundo sino, por el contrario, el mundo impone su discontinuidad, su fragmentación, su estereofonía, su instantaneidad artificial. Las imágenes de Warhol no son en absoluto banales porque reflejen un mundo banal, sino justamente porque son el resultado de la ausencia de toda pretensión del sujeto de interpretar el mundo; son el resultado de la elevación de la imagen a la figuración pura sin la más mínima transfiguración. Ya no se trata entonces de una trascendencia, sino de la subida al poder del signo, que al perder toda significación natural, resplandece en el vacío de su luz artificial. Warhol es entonces el primero que introduce en ese fetichismo moderno (eso que podríamos llamar fetichismo moderno), en esa ilusión transestética, una imagen sin cualidad, sin presencia, sin deseo.&lt;br /&gt;Nombro a Warhol, pero si uno se detiene a pensarlo ¿qué hacen todos los artistas modernos, de todas maneras? Los artistas del Renacimiento, por ejemplo, creían que estaban haciendo pintura religiosa y en realidad estaban produciendo obras de arte.&lt;br /&gt;Los artistas modernos que creen que están produciendo obras de arte ¿no estarán haciendo algo muy diferente? Los objetos que producen ¿no son algo muy diferente del arte?, por ejemplo, puros objetos-fetiches, pero fetiches desencantados; objetos puramente decorativos de uso temporal (Roger Caillois hablaba de «los ornamentos hiperbólicos»; objetos literalmente supersticiosos, en el sentido en que ya no tienen que ver con una naturaleza sublime del arte aunque perpetúan de todos modos su superstición, la creencia en el arte, en la idea del arte en todas sus formas. Por consiguiente, fetiches de la misma índole que los fetiches sexuales, ellos también, por cierto, sexualmente indiferentes y que niegan tanto la realidad del sexo como la del placer sexual el fetichismo sexual no cree en el sexo, sólo cree en la idea del sexo, la cual, desde luego, no es sexuada sino asexuada. De la misma forma ya no creemos en el arte, sólo creemos en la idea del arte, la cual obviamente no es en absoluto estética.&lt;br /&gt;Si se retorna un poco su historia se nota que el arte moderno, al ya no ser más que idea, se dedica a trabajar con ideas: el Portebouteilles de Duchamp, por ejemplo, es una idea, las latas de sopa Campbell de Warhol son una idea; cuando Yves Klein vende un poco de aire por un cheque en blanco, eso también es una idea. Todo esto son ideas, signos, conceptos y ya no significan nada en absoluto, aunque significan de todas maneras. Lo que hoy llamamos «arte» parece dar fe de ese vacío irremediable. La idea disfraza al arte y el arte disfraza a la idea. Es una forma de arte, diría yo, de cierta manera transexual; una forma de disfraz extendido a todo el dominio del arte y de la cultura. Transexual a su manera es el arte atravesado por la idea, atravesado por los signos del arte, por los signos de su desaparición.&lt;br /&gt;Todo el arte moderno es abstracto (la abstracción no es en absoluto lo opuesto a la figuración) debido a que está atravesado por la idea más que por la imaginación de las formas o de las sustancias. Todo el arte moderno es conceptual porque fetichiza en la obra el concepto, el estereotipo de una modalidad cerebral del arte, exactamente como lo que está fetichizado en la mercancía. Como dice Marx: "No es el valor real sino el estereotipo abstracto del valor".&lt;br /&gt;El arte, condenado a esta ideología fetichista y decorativa, deja de tener existencia propia. Desde esta perspectiva se podría decir que nos encaminamos hacia la desaparición total del arte como actividad específica. Esto quizá conduzca o bien a una reversión de¡ arte hacia la técnica o la artesanía pura transferida hoy a la electrónica, las computadoras, etcétera, como se ve en todas partes, o bien se regresará a una especie de ritualismo primario en el que cualquier cosa servirá de gadget estético, con lo cual el arte desembocaría en una especie de kitsch universal, equivalente por cierto al kitsch religioso en que desembocó el arte religioso. La estetización extremadamente banal de todos los objetos del mundo cotidiano forma parte, por supuesto, de este ritualismo primario. Así, en efecto, el arte en tanto tal quizá no haya sido más que un paréntesis sublime de la época moderna, una especie de lujo efímero que una cultura se dio en un momento dado.&lt;br /&gt;El problema es que esta crisis del arte amenaza con hacerse interminable. La diferencia entre Warhol y los otros que continúan en esta crisis interminable es que con Warhol la crisis había terminado en sustancia; éste había llevado algo a su fin. Entonces, lo que se produce más allá, lo que está más allá de su propio fin, resulta ahora interminable, pero ya no es más que la gestión del cadáver, diría yo.&lt;br /&gt;¿Habrá todavía una ilusión estética? Y si no la hay ¿habrá una vía hacia una ilusión transestética? ¿Habrá todavía una vía radical hacia el secreto de la seducción, de la magia? ¿Habrá todavía, en el confín de la hipervisibilidad de las cosas, de su transparencia, de su virtualidad, lugar para una imagen, lugar para un enigma, lugar para acontecimientos de la percepción acontecimientos nuevos de la percepción, lugar para una fuerza efectiva de la ilusión, para una verdadera estrategia de las formas y de las apariencias? Hago las preguntas aunque evidentemente no las puedo responder. Podría decirse, en todo caso, que no se trata de la «liberación» de las imágenes; eso es justamente lo absurdo moderno, modernista, del arte. Se nota muy bien por todas partes que la liberación de las imágenes ha consistido en su proliferación y, a la vez, en su anulación en tanto tales. No hay que entregarse (no lo digo como artista) a la superstición moderna de la liberación; a las formas, a las figuras, no se les libera, por el contrario, se les encadena. La única manera de liberar las formas, las figuras, las imágenes, es encadenándolas, es decir, encontrando su encadenamiento, encontrando el hilo conductor de una metamorfosis que las engendre, que las vincule, claro, y ello sin violencia. Además, ellas se encadenan solas; el asunto está en encontrar la forma sutil del encadenamiento, en adentrarse en la intimidad de ese proceso.&lt;br /&gt;Hay una frase muy hermosa de Omar Khayyam que dice: «Más te vale haber sometido a la esclavitud a un solo hombre mediante la dulzura que haber liberado a mil esclavos». En verdad, debe haber dos maneras de escapar de la trampa de la representación -porque la representación es para la estética una trampa: hay la de la desconstrucción de la representación, esa desconstrucción interminable que ya ha durado al menos un siglo, y en la que la pintura no deja de mirarse, de morir en los trozos de espejo roto, de manosear siempre los restos, los residuos, teniendo siempre como contrapartida la dependencia del objeto perdido, la dependencia de su propia muerte, siempre en busca de una historia, en busca de un reflejo. Y hay la de salirse entonces totalmente de la representación, olvidar toda preocupación de «lectura», de interpretación, de desciframiento, olvidar toda la violencia crítica del sentido para alcanzar la modalidad de aparición y desaparición de las cosas, esa en la que simplemente declinan su presencia, pero no las formas multiplicadas, plurales, según el espectro de las metamorfosis. Es decir, hacer de nuevo del arte una estrategia de las formas y no, como hoy, una táctica de los valores estéticos -valores estéticos que por cierto terminan a menudo por ser valores económicos y comerciales. Hay que entrar en el espectro del objeto, el espectro de disuasión del objeto, el cual es justamente la forma de la ilusión, o sea, en el sentido literal, hay que «iluderar», entrar en el juego, entrar en el juego del objeto.&lt;br /&gt;Cuando se dice que se supera una idea, ello quiere decir que se la niega. Superar una forma no es lo mismo en absoluto; superar una forma es pasar de una forma a otra. Lo primero, la superación de la ideas, define la posición intelectual, crítica, que hoy suele ser también la del arte y la pintura modernos; lo segundo, por el contrario, es el principio mismo de la ilusión para el cual la forma no tiene otro destino que la forma. En este sentido se necesitan nuevos «ilusionistas» que sepan que el arte, la pintura y muchas otras cosas son ilusión (en el sentido fuerte del término), es decir, tan alejadas de la crítica intelectual del mundo como de la estética propiamente dicha. Porque la estética propiamente dicha ya es un asunto de lo bello, lo feo, etcétera, ya hay allí un juicio de valor, pero por supuesto el valor es diferente de la forma. Por tanto, se necesita gente que sepa que el arte todo es antes que nada, en su forma antropológica diría yo, un trompe-'loil, un efecto engañoso (así como el pensamiento, la teoría, es un trompe-te-sens, un efecto engañoso de sentido), y sepa que toda la pintura, en lugar de ser una versión expresiva o más o menos verídica del mundo, consiste en inventar señuelos, en inventar objetos-señuelo donde la real¡~ dad del mundo sea lo bastante ingenua como para dejarse coger, así como la teoría no consiste en tener ideas (todo el mundo tiene ideas y hasta hay demasiadas) y por tanto en coquetear con la verdad, La teoría, el pensamiento, consiste en armar trampas donde el sentido sea lo bastante ingenuo para dejarse atrapar; entonces hay que encontrar mediante la ilusión una forma de seducción fundamental, que yo llamaría antropológica a falta de otro término, para designar esa función genérica de las formas, función de aparición y desaparición donde las formas están allí mucho antes de haber cobrado sentido y donde hay que hallar su desenvolvimiento antes de que cobren sentido -sorprender las formas, por supuesto, antes de que se hagan reales, pues entonces allí todo termina. No entonces la ilusión negativa de otro mundo, desde luego, sino la ilusión positiva, radical de este mundo, de esta escena de operaciones, de la operación simbólica del mundo, de este mundo, de esa ilusión vital de las apariencias de que habla Nietzsche; la ilusión como escena primitiva, muy anterior y mucho más fundamental que la escena estética.&lt;br /&gt;Nosotros, las culturas modernas, ya no creemos en esa ilusión del mundo, sino en su realidad, porque, desde luego, esa es la última ilusión. Y hemos optado por reparar los estragos de esa ilusión con la forma cultivada, dócil, del simulacro, la simulación, que es la forma estética. Esta forma estética tiene una historia, pero la ilusión radical no tiene historia. Y la forma estética, por tener una historia, tiene también un solo tiempo, y sin duda presenciamos ahora el desvanecimiento de esa forma histórica, estética, del simulacro, en aras quizá de una escena primitiva de la ilusión, donde tal vez hallemos algo del ritual, de la fantasmagoría inhumana de las culturas anteriores a la muestra.&lt;br /&gt;PREGUNTASP: Tengo muchas preguntas, pero voy a tratar de reducirlas. Creo que he caído en la trampa de su pensamiento, un pensamiento radical, terrorista, como usted mismo lo llama. Algo me preocupa cuando lo leo y quiero tratar de reducirlo porque es un asunto bastante complejo. Usted habla de una especie de liberación de energía. Pero primero voy a decir que usted habla de arte precisamente porque le da pie para tratar los fenómenos extremos de la sociedad, y yo quiero retomar un poco su pensamiento global. Usted dice que toda la energía que libera esta sociedad produce en este momento una sociedad que llama de «lo fractal», una sociedad intrascendente, una sociedad del vacío. Habla también del hecho de que hemos pasado de la metamorfosis a la metáfora y, luego, de la metáfora a la metástasis. Por consiguiente la sociedad se vació completamente de fenómenos físicos (a fuerza de liberar energía se llega al vacío total). Pero a la vez, usted plantea un asunto que encuentro muy interesante, el del genio maligno, y no sé si es el mismo asunto que usted llama también los teoremas del mal», «la parte maldita». Esto me parece muy interesante porque usted señala que toda una energía, toda una ironía, una seducción, toda la escena, todos los espejos, toda la alteridad, se ha ido finalmente a depositar en las cosas, y para usted, según ese «caer en la trampa» como dije antes, esa parte maldita, ese mal, es a la vez un principio de lo que es irreductible, de lo que es irreconciliable. Entonces, justamente al analizar la liberación de esa energía, al analizar el vacío (en mi opinión según la trampa en la que quizá he caído), usted llega a postular, quizá con cierto viso optimista, el hecho de que en esa fuerza maldita, en ese principio de lo irreconciliable, lo mejor de todo es que la seducción es lo masculino y lo femenino, los cuales no pueden fundarse uno en el otro porque son complementos irreductibles y precisamente por eso el asunto seduce.&lt;br /&gt;Entonces me atrevo a hacerle la pregunta de si en ese pensamiento terrorista suyo, en ese análisis de los fenómenos extremos, esa parte maldita no será a la vez una posibilidad de salvación, como usted dice, de si esa fatalidad del destino no podría permitirnos encontrar de nuevo la escena, encontrar de nuevo la alteridad y, sobre todo, encontrar de nuevo al otro, ese otro que hemos perdido.&lt;br /&gt;Cuando uno se relaciona con la pantalla, por ejemplo, con la informática, con la inteligencia artificial, el asunto carece de artificio porque, justamente, el artificio es la seducción del cuerpo, es la elipse, es el chiste. En esto encuentro que es usted muy poético, además, y quiero decir que estoy muy emocionada de verlo aquí; nunca soñé con verlo cara a cara... Por eso aprovecho para dar rienda suelta...Jean Baudrillard: Pero yo no soy el genio maligno del mal ¿verdad?&lt;br /&gt;P: Pero está en usted, en todo caso. Está allí.&lt;br /&gt;JB: Bueno, entonces, voy a responder, aunque de todas maneras no hay respuesta. Yo soy la respuesta... Pero podemos retomarlo luego.&lt;br /&gt;Lo interesante, a mi parecer, es esa perspectiva que hace que ya no haya sentido, en el sentido de que ya no es posible oponer las formas clásicas: el bien y el mal, lo masculino y lo femenino, etcétera. Yo diría, por ejemplo, en lo que se refiere a lo masculino y lo femenino, que no son dos términos opuestos. En efecto, lo femenino no se opone a lo masculino, lo femenino se opone a la oposición de lo masculino y lo femenino, es decir, a la diferencia sexual con todos los problemas que plantea. Quiero decir que, a mi parecer, lo masculino y lo femenino son dos cosas no opuestas sino incomparables, incompatibles, y en eso está la seducción en efecto. Y se puede hacer lo mismo con el bien y el mal, se puede decir que no hay bien opuesto al mal sino más bien que el bien es la oposición del bien y del mal, es decir, el valor clásico, moral, ético. Cuando el bien se opone al mal se está en el bien, y el mal es la incompatibilidad del bien y del mal, el hecho de que no se les puede reconciliar, que no se les puede dialectizar.&lt;br /&gt;Por consiguiente tenemos aquí algo parecido a una situación irreductible de un genio maligno, en efecto, y una alteridad. Pero aquí sólo trato con los términos, según pienso. Quiero decir que no se trata de volver a hallar la alteridad, de volver a encontrar algo como objeto perdido, porque ese objeto perdido, de cierta manera, está definitivamente perdido; la pérdida del objeto no es capaz de procurar energía. Desafortunadamente las cosas, hoy, se presentan un poco de esta manera: toda nuestra sicología, nuestra filosofía se organizan en torno a la falta, en torno a la pérdida, en torno a lo negativo. Esto es algo distinto: la energía se engendra de la alteridad radical, es decir, de la imposibilidad aun de oponer las cosas por pares como lo hacemos en todos los juicios de valor que tenemos, sean políticos, morales, filosóficos y, desde luego, artísticos también. Por consiguiente, la energía sólo puede surgir de esa disociación, sin esperanzas de salvación. La salvación no está allí o quizá sea que la palabra quiere decir otra cosa.&lt;br /&gt;P: Empleé la palabra adrede, pero como usted dice «superar una forma» se podría pensar en superar la forma social, virtual, fractal, vacía intrascendente. De esta manera se podría encadenar, una forma con otra. JB: Sí. Se puede encadenar. justamente, ejemplo muy elemental, en la filosofía antigua los elementos (el agua, la tierra, el fuego, el, aire) son, si se quiere, formas; no están opuestos unos a otros; son irreductibles unos a otros, pero se seducen unos a otros; el agua seduce al fuego, el fuego seduce al agua, etcétera, y hay un encadenamiento metabólico o más bien, si se quiere, metamórfico, de los elementos entre sí. No hay oposición, pues somos nosotros quienes la hemos creado. Es algo muy diferente; el verano no se opone al invierno, el verano y el invierno son formas que se siguen una a la otra, formas que se encadenan, no que se oponen, y en esto está el encanto y la energía,&lt;br /&gt;Entonces allí está el asunto: en superar toda nuestra problemática de la diferencia, para vérnoslas de nuevo con la alteridad radical y ya no con la diferencia.&lt;br /&gt;P: Oyéndolo a usted, me da la impresión de que está hablando de un mundo que no es nuestro. Usted habla de un mundo vacío, donde la codificación ha llegado al límite, donde no hay más ilusiones y donde se debería regresar a lo que aparece y desaparece sencillamente. Nosotros, que vivimos en el mundo donde las cosas aparecen y desaparecen, como el banco que acaba de desaparecer con todos sus directivos, o el dinero que teníamos allí y que el Estado nos lo hace aparecer mágicamente para pagar a estos ladrones que se han ido, quisiéramos ir hacia ese mundo un poco más racional donde podamos comprender lo que aparece y lo que desaparece. Sin embargo, ese mundo racional nos lleva a un mundo cínico, y ustedes quieren regresar a nuestro mundo, donde las cosas aparecen y desaparecen sin razón. Entonces, yo quisiera saber si eso es parte de la totalidad o si se está buscando una salida. JB: No puedo creer que usted no considere la desaparición de un banco como efecto magistral de simulación, porque ciertamente el banco no ha desaparecido, el dinero no ha desaparecido, eso es seguro. Se trata, efectivamente de una magnífica escenificación de la simulación. Pero usted tiene razón en decir que ese efecto es cínico, como lo es también la simulación. La simulación no es el trompe-l'oeil, y no porque sea falso, porque nos engañan y nos roban el dinero, sino porque la simulación hace que nada de esto sea falso o verdadero, que no se sepa en realidad si el dinero desapareció o no. Todo eso está mediatizado de tal forma que no hay acontecimientos reales. Insisto en lo siguiente: lo que digo no vale sólo para los países desarrollados, es igual para todos: nunca se sabrá si ese acontecimiento es real o no, y de alguna manera no lo es, ese acontecimiento es perfectamente simulado, en el sentido hiperreal del término.&lt;br /&gt;Pese a todo es cínico, ciertamente, y es aquí donde opongo la ironía al cinismo, dos cosas muy diferentes.&lt;br /&gt;El que los propios acontecimientos se vuelvan irónicos es muy diferente de la estrategia de los que producen una especie de seudoacontecimientos como táctica general. Esto último es el cinismo. La ironía objetiva no es asunto de unos cuantos banqueros y ni siquiera del sistema financiero internacional. La ironía está en el hecho de que este estadio transeconómico está casi más allá del valor, porque ya no hay valor, no se sabe ya dónde está el valor económico, no hay ya juego de equivalencias, ni equilibrio. Hoy, todo el juego de la banca y las finanzas, todo ese tipo de desapariciones, forma parte de una especulación total que es simulada, que está en la simulación precisamente por el hecho de que ya no hay un real, una realidad del valor, todo esto se juega en otro mundo hiperreal una hiperrealidad del valor. Nada podemos hacer ya en ese sentido, pero yo agregaría que aun los que creen manipular el dinero y las finanzas internacionales tampoco. Éstos ciertamente son espectadores, pero todo el dinero disponible circula hoy en una esfera de la que en verdad nadie es responsable. Por cierto esto se manifiesta, de vez en cuando, por fortuna: cuando hay crack electrónico o informático, las propias máquinas llegan a producir un fenómeno extremo con algo que quizá fue la táctica de tal o cual financista, pero que puede llegar rápidamente a la catástrofe. Nadie ya es realmente responsable del valor, y esto lleva a un proceso que llamo irónico, porque nadie puede hacer nada al respecto, y hay trastocamiento de las cosas que va mucho más allá de la táctica cínica del poder o de la manipulación. Allí ocurre otra cosa. Hasta dónde puede llegar, no lo sé, pero no hay que hacerlo adrede ni ver en ello una esperanza revolucionaria, pues no es ese el asunto. Los virus no son revolucionarios, aunque a veces ocasionan acontecimientos extraños. Es muy interesante observar este vuelco de las cosas.&lt;br /&gt;Otro ejemplo de ironía es el desmoronamiento del comunismo, cuando todo el mundo esperaba el desmoronamiento del capitalismo, ocurrió exactamente lo contrario. Pero ¿siguen teniendo sentido las palabras capitalismo y comunismo? Se oponían uno al otro en una verdadera oposición histórica, pero ya no. Ya ni siquiera puede definirse qué será el nuevo liberalismo, que ya no es un capitalismo tradicional con contradicciones, esas contradicciones que dejaban un lugar para la utopía de la caída del capitalismo. Ya no estamos en absoluto en un sistema contradictorio, estamos en un sistema liberal en todos sus aspectos, completamente homogéneo y así el comunismo pierde su sentido y se desmorona por sí solo. A eso lo llamo irónico, aunque no da ganas de reír, pues puede ser violento, se trata de una ironía objetiva. Podría creerse que es una victoria cínica del capitalismo internacional, pero no es cierto, se ve a las claras que este acontecimiento se produce por sí solo, es un acontecimiento de desaparición, de desmoronamiento, y no es contradictorio, ni histórico en el sentido tradicional. Es algo que nadie entiende, que nadie previó, y a eso lo llamo irónico, cosa que al menos sirve de consuelo.&lt;br /&gt;P: Hay algo en buena parte de su obra, como una especie de ironía paradojal que la recorre, pues uno observa cómo para ser tan íntimamente crítico se requiere de algún modo haber tenido algún tipo de íntima convivencia con alguna de esas cosas criticadas. Por ejemplo, usted frente al proceso de la comunicación, usted frente al problema del arte, usted frente al problema de lo femenino. Esas tres zonas de las cuales usted es crítico parece que es usted también especialmente amante. Usted quisiera estar afuera, pero yo siento que la mayor parte de las veces está demasiado adentro. También se siente eso cuando usted es considerado como un gran pesimista: usted lo refuerza en muchos momentos. Pero quiero recordar aquí su insistencia en aquella idea de «después de la orgía», que aparece en alguno de sus libros. Estamos después de la orgía, cuando sólo quedaría desencanto, decadencia, indiferencia, laxitud, pero usted tiene el buen tino de decirnos en algún momento, de darnos un pedazo del secreto, que esa es apenas una parte de una frase más completa, la que le dice un caballero a una dama mientras dura la acción de la orgía, la frase al oído es: «¿Qué planes tienes para después de la orgía?», con lo cual no sólo se demuestra que la orgía no es suficientemente interesante, que el máximo de pasión puede no llenar un vacío, sino que también, visto de otro 
